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Descalifica Peña enojo social por “irracional”

Fue durante la inauguración de un hospital del Seguro Social en Nogales.

Martes 13 de febrero

En la ceremonia de inauguración del Hospital General de Zona número 5, decidió entrar en el terreno de las confesiones y contó que este lunes en el vuelo de su visita a Nogales, Sonora, hizo un pedido a su gabinete.

“Yo les preguntaba, y cómo poder comunicar, cómo poder compartir ante la sociedad, estos avances, cómo hacer posible que se asimilen los logros y podamos desterrar lo que algunos llaman este irracional enojo social”, señaló el presidente Peña.

“Hay que pensar bien las cosas, hay que tener memoria, de en dónde nos encontrábamos hace seis años, y cuánto hemos avanzado hasta ahora, sin dejar de ser autocríticos, sin dejar de reconocer en dónde todavía tenemos rezagos”, abundó.

Un remedo de su campaña “Porque lo bueno cuenta y queremos que siga contando”, en la que invirtió millones de pesos para destacar sus supuestos logros, una medida completamente estéril para acabar con el justo descontento social que existe y se hizo notorio desde 2014, con la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Peña, campeón de la represión, de la entrega y la corrupción, se atreve a descalificar el descontento social, a tacharlo de “irracional”. ¿Qué significa? Este adjetivo, de connotación negativa, se refiere a seres vivos “que carecen o que no están dotado de la facultad o la capacidad del pensamiento, intelecto o la razón”. Es decir, deshumaniza a las mayorías. Otra acepción señala que “es opuesto o contrario a la razón, pensamiento o ajeno a ella” y otra, “que no obedece a la razón, comprensión y considerado como absurdo y sin sentido”.

Resulta indignante que Peña Nieto pretenda invalidar el descontento social. El actual presidente encarna el desgaste del PRI: fue la masacre de Iguala, escándalos de corrupción como la posesión de la casa blanca de su esposa Angélica Rivera, las fugas y detenciones de algunos de sus gobernadores favoritos hoy fuera del cargo, como Javier Duarte (Veracruz) y Roberto Borge (Quintana Roo). Y algo que aún no se olvida: que en sus días de gobernador del Estado de México, ordenó la brutal represión contra el pueblo de San Salvador Atenco porque se oponía a la construcción del nuevo aeropuerto en sus terrenos.

Es el presidente que mantiene la subordinación política y económica a los dictados de Donald Trump, que tanto ha ofendido al pueblo mexicano. El que hizo aprobar las reformas estructurales, entre ellas la educativa –que degrada las condiciones de trabajo de los maestros y los planes de educación– y la energética –que garantiza la entrega de los hidrocarburos a las trasnacionales y el remate de Pemex.

Él no tiene derecho a descalificar el descontento que ha generado con sus propias acciones, muchas de las que podrían juzgarse como irracionales, pero que en realidad son decisiones políticas conscientes, para entregar el país al capital extranjero y llevar a la miseria a los trabajadores.

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