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Desastre ambiental: siguen los incendios en las islas del río Paraná

A pesar de que el gobierno nacional declaró emergencia ambiental a la zona, el sábado y domingo encendió con más fuerza el fuego.

Domingo 14 de junio | 22:11

El pasado viernes se firmó un convenio que prohibía por 180 días la quema incesante de pastizales en las islas, tras semanas de permanecer prendidas fuego inundando de humo toda la ciudad. El gobierno nacional declaró la emergencia ambiental y zona crítica de protección ambiental a la zona del delta del río Paraná. El humedal sufrió un ataque de la actividad ganadera cada vez más grave, durante los primeros 5 meses del año se duplicaron los focos ígneos de todo 2019, entre Santa Fe y Campana fueron 2300 incendios, según datos del Museo de Ciencias Naturales de San Nicolás. Los incendios continuaron, son 9 los empresarios dueños de los territorios acusados de responsabilidad de los mismos.

Desde la agrupación El Paraná No Se Toca remarcaron que quienes inician los incendios que se suceden año tras año son los empresarios ganaderos de las islas, con el objetivo de renovar los pastizales. Se movilizaron este viernes y denunciaron que “las quemas no son una práctica compatible con los humedales, en éstos, la regulación de la vegetación se produce por el agua durante las crecientes; y la vegetación y la fauna están adaptados a ello. Los incendios en las islas son intencionales - con fines productivistas - y generan un efecto devastador en las especies que ahí habitan.”

Las denuncias por esa acción ilegal no arrojan resultados. Desde la Justicia de Entre Ríos (con jurisdicción sobre las islas frente a la región) afirmaron que es difícil reconocer a los propietarios de campos responsables, algo que se contradice con la tecnología satelital disponible y los nombres que hicieron públicos las autoridades municipales de Rosario, en conjunto con investigaciones que lleva a cabo un observatorio de la UNR. No hay justificativo para semejante desastre natural, durante estos días se revelaron los nombres y apellidos de los productores en cuyos campos se detectaron quemas: Pablo Rufino Baggio; César Perpecto Aguiar; Hipólito, Juan y José Luis Maceratesi; Alberto, Daniel y Graciela Chiartano; y Luis Carlos Pérez.

Estos hechos son una muestra más de la impunidad empresarial, Pablo Rufino Baggio es el dueño de la empresa de jugo envasado, denunciado en febrero por una estafa de 7 millones de dólares donde lo acusan de vaciamiento, lavado de dinero y evasión tributaria, entre otros delitos, donde más de 2000 puestos de trabajo se pusieron en juego. Es exportador de productos a 72 paises y factura 300 millones de dólares por año. O Cesar Perpecto Aguiar que fue investigado en el 2018 por el incendio de dos territorios en la isla, de los cuales es dueño, en el 2011 fue candidato a senador por el Partido Autonomista en San Lorenzo. La deforestación ligada al agro-negocio no es casual. Esta ha cumplido un rol crucial con las “quemas controladas” que muchas veces quedan fuera de control, las cuales se han realizado bajo prácticas que utilizan los agricultores con el incendio provocado para limpiar terrenos con el objetivo de cultivar soja.

Las afecciones a las vías respiratorias en medio de que una sociedad que enfrenta una pandemia, las cenizas que contaminan la cuenca de uno de los ríos pulmones del planeta y la destrucción del ecosistema de los humedales son consecuencia de estas prácticas que para acumulación de ganancias de unos pocos, afectan la vida de millones. Dueños de territorios dedicados a la ganadería, la explotación de cerealeras y la actividad agrícola de conjunto actúan como dueños de todo.

Por estos días, el nombre Vicentin se puso en boca de todos ante la propuesta gubernamental de intervención y salvataje de un grupo empresarial multimillonario. Se vieron públicamente manifestaciones del sector agro en defensa de Vicentin, que claramente no están dispuestos a que sus intereses económicos sean tocados. Muchos de los empresarios investigados por la quema de las islas tienen vinculaciones directas con este sector y mientras, el poder judicial y ejecutivo siguen dando vía libre a su accionar.

Los incendios de las selvas amazónicas, el año pasado, convulsionaron a toda la sociedad por lograr un pico alarmante, donde Bolsonaro era el blanco de denuncias de quienes pregonan por cuidar el medio ambiente y la vida de la humanidad. Estos incendios ocurren en temporadas de sequía, donde la tala y quema de árboles busca la obtención de recursos naturales para la industria maderera, además del despeje del bosque para dar paso a actividades de ganadería, agricultura y explotación minera. La remoción del bosque para dar paso a la ganadería fue la principal causa de deforestación en la Amazonia Brasileña desde mediados de la década de 1960. Los fines y consecuencias de la quema del delta del río Paraná no están lejos de lo que sucede en el Amazonas. Una realidad que a los ojos de todos se repite día a día, sin que nadie los frene.







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