Géneros y Sexualidades

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“Desahogo sexual”: la repudiable calificación del fiscal Rivarola a una violación en grupo

El funcionario judicial de Chubut lo dijo en el marco de la causa que se inició contra seis hombres por una violación ocurrida en 2012, a quienes pretende beneficiar con un cambio de carátula. Indignación popular en las redes sociales.

Sol Bajar

Editora de Géneros y sexualidades | @Sol_Bajar

Jueves 4 de junio | 12:13

El hecho estalló en Chubut y a raíz de la denuncia pública de la víctima, el caso se comenzó a investigar en agosto del año pasado. Ayer fue noticia por la escandalosa decisión del fiscal Fernando Rivarola.

La causa

Primero se caratuló como “abuso sexual con acceso carnal agravado”, por la participación de 6 personas, pero este 3 de junio, en plena jornada por Ni Una Menos, trascendió que por decisión del fiscal a cargo, Fernando Rivarola, el caso pasaría a ser caratulado como un “abuso simple” porque a su juicio se trató de un "desahogo sexual" por parte de los victimarios, que "oportunamente" asumieron haber cometido la violación grupal.

También a juicio del fiscal, el cambio se justifica porque la víctima estaba “en un estado de semi-inconciencia”, cuando todo lo que hay en la causa, como indicó en su momento su defensa, muestra que se encontraba inconsciente e inmovilizada ante la agresión que sufrió.

Con la nueva clasificación propuesta por Rivarola, que ya absolvió a tres de los responsables del hecho, los otros tres hombres que continúan imputados tendrían una pena de tres años de prisión "en suspenso", es decir, sin aplicación efectiva. Sera el juez, Marcelo Nieto di Biase, a cargo de la causa, quien deba ratificar o no la decisión.

Las maniobras

La violación que está a punto de quedar impune o considerada como "hecho menor", en el Código Penal, puede llegar a penas de hasta 20 años de prisión. Que un fiscal pacte una pena más baja con las personas acusadas por abuso sexual, no es nuevo, y calificaciones como la de "desahogo sexual" sirven justamente para garantizar que eso ocurra.

Del mismo modo que nominar a la violación grupal como "manada" (algo vinculado a lo animal) esconde el interés de desresponsabilizar a las personas, nominar la "violación sexual" como un "‘desahogo sexual", no sólo excede al Código Penal, donde no existe como figura, sino que además esconde otros intereses.

Contrariamente a lo que señaló ayer, en sus redes sociales, la ministra de Mujer, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, no se trata simplemente de un problema de capacitación en género en la justicia. Detrás de la decisión del fiscal hay otros intereses, y no nombrarlos también tiene un sentido.

Los hijos del poder

En #SeTeníaQueDecir, hablamos con la periodista Daniela Franco, quien contó que Fernando Rivarola es uno de "los fiscales que investigaban en Esquel a los mapuches que realizaron una recuperación territorial", motivo por el cual está procesado "por espionaje ilegal a integrantes de No a la Mina". "A pesar de las pruebas contundentes y abundante información, estos fiscales fueron sobreseídos en 2017. Y en 2019, Rivarola fue premiado por la corporación judicial con el cargo de jefe de fiscales de Rawson, y ahora también como fiscal en esta causa", contó.

La violación grupal que ocurrió durante los festejos de la primavera de 2012, en Playa Unión, involucra a varios "hijos del poder" de la provincia: nietos de un ex gobernador y de un senador de la Unión Cívica Radical, un hermano de intendente de un pueblo rural del norte de la provincia, un nieto de un conocido empresario de la provincia. Contar con "una ayuda" para garantizar impunidad de la justicia es parte del asunto.

El doctor en Ciencias sociales y becario del CONICET, Patricio Simonetto, recordaba a propósito de esto las raíces profundas que tienen estos hechos: “en la década del cuarenta, desde la Patagonia, los soldados le pedían al gobierno nacional que les enviara prostitutas y en la historia, muchísimas violaciones se han justificado por la abstinenecia de los varones, que supuestamente provoca en ellos algo incontrolable, lo que justificaba lo mismo que justifica ahora el fiscal, el ‘desahogo sexual’”.

¿Porqué tanta impunidad? ¿Porqué el sistema judicial culpabiliza a las víctimas y naturaliza las agresiones sexuales, la violencia hacia las mujeres, los feminicidios?

Lo que queda al descubierto, queda muy al descubierto: un sistema donde jueces y fiscales están al servicio de proteger a ricos y poderosos y de dictaminar sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres. Lo señalaba este 3 de junio, también, la escritora Claudia Piñeiro, al recordar la impunidad de otros casos, como el de Paulina Lebbos en Tucumán.

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Por supuesto, cada vez que un caso como estos toma relevancia mediática, desde los sectores más conservadores se intenta instrumentalizar el dolor las víctimas para exigir penas más duras. También lo vemos hoy. Por eso, a la vez que acompañamos la exigencia de justicia, marcamos un alerta.

En Argentina hay estimaciones que indican que 1 de cada 3 mujeres va a ser víctima de violencia sexual alguna vez en su vida. Y se estima también que por cada caso que se denuncia, hay otros 7 que se silencian. Y una vez que las mujeres se deciden a hacerlo, deben pasar por el martirio de los interrogatorios policiales y judiciales y del escarnio y la estigmatización en los medios de comunicación. La llamada "revictimización de las víctimas".

En el medio, entre el debate sobre la dureza de la ley -que en los países con penas más severas tampoco ha llevado a que las estadísticas cambien- y la conversión de los hijos del poder en "animales irracionales", en "manadas", lo que se invisibiliza es el proceso que naturaliza la violencia machista victimizando a la víctima, que no sólo tiene voz, sino que además denuncia. Es parte del proceso que garantiza impunidad, de ese "círculo de la violencia" del que no se habla: el que garantiza el Estado a través de sus instituciones, prestando una colaboración elemental a "los hijos del poder". Para eso existen fiscales como Rivarola.

La violencia contra las mujeres, el patriarcado, habla de una cuestión estructural. No se trata simplemente de la mayor dureza de la ley, ni simplemente de la capacitación "en género". Para terminar con este flagelo, lo que hay que cambiar es la sociedad, de raíz.







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