Géneros y Sexualidades

NEUQUÉN

Desafíos del movimiento de mujeres frente a los tiempos que se vienen

En este contexto de un nuevo saqueo, el movimiento de mujeres, debe fortalecer y tejer aquellas alianzas que nos permitan vencer y superar la división impuesta, por años de cooptación y neoliberalismo, con la clase trabajadora que enfrenta hoy los ataques del capitalismo.

Julieta Katcoff

Secretaría de las Mujeres Hospital Castro Rendón

Martes 19 de junio | 09:31

Nota publicada originalmente en el portal "Va Con Firma"

Después de una larga sesión de más de 22 horas en la Cámara de Diputados de la Nación, el proyecto de legalización del aborto obtuvo media sanción. Pero movilizadas afuera del Congreso y en cada plaza de las principales ciudades del país, estaban las jóvenes y trabajadoras que son las protagonistas de una lucha enorme y de décadas, expresando la voluntad de la mayoría de la sociedad para conquistar este derecho.

La marea verde que se transformó en tsunami el 13 de junio se fue gestando en las calles desde aquella primera movilización del Ni Una Menos donde salimos hartas de la violencia machista pero también gritamos Ni Una Menos por abortos clandestinos. Fue creciendo en el histórico Paro Internacional de Mujeres del 8M donde cientos de miles salimos a exigir el derecho al aborto legal, seguro y gratuito; y la separación de la Iglesia del Estado. Fuimos construyendo un debate real en cada escuela, incluso en las religiosas, en donde las estudiantes secundarias coparon las aulas con sus pañuelos verdes y en donde las docentes instalaron ese debate en cada curso y llamando a organizarse por esa pelea en el marco de la huelga de Aten, sindicato con mayoría de trabajadoras mujeres; también en cada fábrica, en donde las obreras dieron la discusión a sus compañeras y compañeros de unir la pelea contra el ajuste a la necesidad de que el Estado garantice la legalización del aborto, para que dejen de morir ellas y sus hijas, a consecuencia de la clandestinidad; en cada hospital instalando el tema del aborto como un tema de salud pública que no podía ser ajeno a la defensa del sistema de salud.

Hicimos pañuelazos, charlas debate, encuestas, foros, repartimos pañuelos verdes y empapelamos todos y cada uno de nuestros lugares de trabajo y estudio exigiendo el #AbortoLegalYa a través de comités de apoyo al Proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo de la Campaña Nacional, como expresión del mayor consenso del movimiento de mujeres, en donde más de 500 organizaciones participaron de su elaboración.

El aborto legal se discute en el Congreso, pero lo ganamos en las calles, dijimos. Pero también que teníamos y tenemos un enorme desafío porque esta vez uno de los mayores derechos que peleamos por conquistar las mujeres se da en el marco de un saqueo brutal a la clase trabajadora y los sectores populares.

Hacia la discusión en el Senado, sabemos que los sectores conservadores y oscurantistas tienen mucho más peso y la Iglesia ya presiona e intenta comprar los votos. Con un ajuste en curso y la condición del FMI de recortar el gasto fiscal, que implicará menos presupuesto para la salud y la educación, que contempla la educación sexual integral en cada lugar de estudio. El aborto legal no puede practicarse en hospitales sin insumos, sin personal especializado y sin infraestructura adecuada. Por eso, estamos convencidas de que para conquistar nuestro derecho será necesaria convertir nuestra fuerza en un tsunami aún mayor, que le imponga un paro nacional a los sindicatos y centrales el día que se vote para que seamos miles en las calles; que colegios enteros, terciarios y facultades organicen a las y los estudiantes desde los centros de estudiantes para mostrar que somos capaces de pararlo todo.

¿Un triunfo de la democracia?

La grieta entre los distintos bloques parlamentarios e incluso al interior de ellos se hizo evidente, hasta la misma Elisa Carrió habló, en medio de su vergonzosa participación, de sostener la unidad de Cambiemos.

Por su parte, el Kirchnerismo mostró las fracturas que lo llevaron a negar el debate y el tratamiento de esta ley durante sus gobiernos. Quedó demostrado que el único bloque en el Congreso sin relación con el Vaticano es el Frente de Izquierda, que con unanimidad levantamos esta consigna como parte de nuestra plataforma política, y votamos consecuentemente y coherentemente con ello.

Ninguno pretendía pagar el costo político de haber desatado una marea que podía llevárselos puestos, mucho menos luego de las Jornadas en las calles los pasados 14 y 18 de diciembre donde trabajadores y estudiantes resistimos a la reforma previsional que el Gobierno Nacional impuso a fuerza de represión.

El kirchnerismo esperaba que la pagara el oficialismo; Cambiemos que se montó de manera oportunista a la apertura del debate aportó 65 diputados en contra de que salga la media sanción, con el abstencionismo del propio Macri; el PJ que tiene mayoría en el Senado “rezaba” no tener que dirimir en Senadores que salga la ley.

En Neuquén, dos diputados nacionales votaron en contra de la interrupción voluntaria del embarazo. Alma “Chani” Sapag, aduciendo que hay que fortalecer los programas de prevención e interpelando de donde se sacarán los recursos económicos para realizar la práctica del aborto, lo que la diputada del MPN omite decir es que su partido ha vaciado en forma permanente el sistema público de salud de la provincia, intentando imponer el arancelamiento, negando un acceso igualitario y universal al derecho a la salud, promoviendo políticas que llevan a la fuga de profesionales, al desmantelamiento de programas especializados, promoviendo derivaciones costosísimas al sector privado. Hoy nuestros hospitales están vacíos y se caen a pedazos, en una provincia en donde plata hay y está en el petróleo que brota en Vaca Muerta y cuyas ganancias exorbitantes se llevan las grandes multinacionales como Chevron.

Por su parte, el diputado David Schleret, claro representante de las iglesias, manifestó que no se puede cuestionar el voto de quienes priorizan sus creencias religiosas, llevando el debate en torno a un derecho que el Estado debe regular como un tema de salud pública a un plano absolutamente medieval. No nos extraña su postura, fue él quien encabezó las marchas en defensa de los “niños por nacer” en nuestra provincia y una campaña absolutamente persecutoria sobre los y las estudiantes, del colegio religioso que él comanda, que se expresaban a favor de que dejen de morir mujeres en la clandestinidad.

Luego de su aprobación, vimos cómo se montó un escenario de festejo de la “institucionalidad”, de fiesta de la democracia y una lección que pretende erigirse en una supuesta “unidad de todas” en forma multipartidaria y general contra el patriarcado y por la ampliación de derechos, por fuera de la profunda inequidad entre las clases que se reproduce y legitima constantemente en este sistema social de explotación, el capitalismo. Pero lejos de creernos ese verso, porque no somos todas lo mismo, también nos fortalecimos en una subjetividad de que nuestros derechos los ganamos en las calles.

Redoblar la movilización para #QueSeaLey

Ahora, el Proyecto por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito llega al Senado y no tenemos un minuto que perder, esta batalla nos obliga redoblar las fuerzas. En el Senado, el PJ es mayoría, y como fuerza política nos ha negado en forma sistemática este derecho. El Bloque de Senadores de Unidad Ciudadana, con Cristina Fernández a la cabeza, dice que votará a favor de la legalización, pero es imposible depositar confianza en quienes durante 12 años de gobierno cajonearon sistemáticamente el proyecto.

Sabemos que las iglesias también intensificarán su presión, como lo hizo con un comunicado la Conferencia Episcopal Argentina dos horas después de la media sanción o las impotentes declaraciones de Bergoglio en el marco de un encuentro por el 25° aniversario del Forum Familia de Italia, en donde con mucho atrevimiento, osó decir que los que defienden el aborto “son nazis de guantes blancos”. Un cinismo sin límites el de esta institución cómplice y partícipe de la dictadura genocida en Argentina.

Entonces estamos llamadas a también exigir la separación de la Iglesia del Estado. Hay que acabar con los ostentosos sueldos que el Estado paga a los obispos por no trabajar, con los subsidios, los privilegios, las exenciones de impuestos a sus propiedades y todas las prebendas que tiene la Iglesia, mientras para el pueblo trabajador se prepara un gran y nuevo saqueo.

Junto a la clase trabajadora contra el saqueo

El gobierno de Macri dio a conocer ese mismo día de la votación, detalles del nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que traerá nuevos ataques contra las trabajadoras y trabajadores: depreciación del salario, la inflación, los tarifazos, los despidos y el claro recorte sobre la Salud y la Educación públicas. Al cierre del día el dólar pasaba los $28. Se trata de una crisis, que indefectiblemente las mujeres sufriremos sobre nuestras espaldas, y que pondrá en riesgo también las condiciones de la vida real en las que nuestros derechos puedan hacerse efectivos. Como dice nuestra compañera Andrea D´Atri, “cuando este nuevo saqueo suceda, ni la sororidad de las neoliberales como Lospenato o de las mujeres del PJ, ni la simpatía que hoy repentinamente demuestran diputados como Daniel Lipovetzky o Fernando Iglesias y otros oficialistas que aplauden el saqueo, van a estar de nuestro lado”.

Para nosotras, para las mujeres de Pan y Rosas, en este contexto de un nuevo saqueo en nuestro país, el movimiento de mujeres, debe fortalecer y tejer aquellas alianzas que nos permitan vencer, con las trabajadoras y trabajadores, con la juventud desprejuiciada que hoy vive en esta marea verde su primer experiencia política de pelea; y superar la división impuesta, por años de cooptación y neoliberalismo, entre el movimiento emancipatorio de las mujeres y la clase trabajadora que enfrenta hoy los ataques del capitalismo. Queremos que la fuerza de las mujeres se proponga esta poderosa alianza y retome esa tradición del feminismo que compartía barricadas y trincheras con la clase trabajadora para enfrentar el orden existente.

Porque serán ellos o nosotras y nosotros.







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