Sociedad

CIUDAD DE MÉXICO

Desabasto de agua: un problema que vivimos millones desde antes del sismo

Una agudización de la crisis de agua en Iztapalapa, Tláhuac y Xochimilco se suma a las afectaciones tras el sismo.

Martes 3 de octubre | 18:19

Si bien es un problema que ya afectaba seriamente a la zona oriente de la ciudad, tras el sismo se ha agudizado sin la menor respuesta de las autoridades y el gobierno de Miguel Ángel Mancera.

El nivel de la problemática en Iztapalapa ha llevado a algunas personas a formarse desde primeras horas de la mañana en las Garzas, donde las pipas abastecen el agua en espera que se les asigne uno de los vehículos. Sin embargo, sólo se entrega un determinado número de fichas, lo que causa molestia entre los afectados, quienes han tenido que dar varias vueltas en lo que va de la semana sin respuesta favorable.

Vecinos de algunas colonias de las partes altas de Iztapalapa, han registrado que las pipas son interceptadas, inclusive hasta con pistola en mano, por lo que en algunos casos se solicita a la Seguridad Pública para escoltar el traslado de los vehículos.

Mientras que en Tláhuac ya han comenzaron los conflictos sociales por el desabasto del líquido. Conductores de pipas y vecinos afirman que los carros tanque siguen siendo "secuestrados".

En el Pozo 6 del Sistema de Aguas de la Ciudad de México, ubicada en la Colonia Zapotitlán, los habitantes hacen fila para conseguir dos cubetas de agua con la que sobreviven todo el día.

Otros han optado por la movilización. Este miércoles un bloqueo de dos horas se realizó entre las avenidas Ermita Iztapalapa y Anillo Periférico para demandar que se agilice el suministro de agua. Una necesidad con la que se está lucrando, y que mantiene un fuerte cuestionamiento de la población contra la perredista Dione Anguiano en Iztapalapa.

El sismo afectó gravemente el oriente de la capital. Tan sólo en la delegación Iztapalapa se estima que cerca de ocho mil viviendas resultaron afectadas en distintos grados por los sismos. De esta cantidad, se calcula que tres mil deben ser demolidas por representar un riesgo para sus propietarios u ocupantes.

A esta situación que somete a la población a la gran posibilidad de quedarse sin su patrimonio de un día para otro, se tiene que sortear también con la crisis de agua. Crece el descontento.






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