Géneros y Sexualidades

OPINION

Derecho al aborto: una deuda con nosotras

El aborto, titular de los periódicos, en la boca de cada periodista, de legisladores y opinólogos en general. El aborto, el monstruo temido de fanáticos religiosos o extremistas defensores de cigotos, formados en vientres femeninos.

Sábado 14 de abril | 14:06

El aborto ilegal, responsable de que miles de mujeres mueran por año en Argentina. El aborto ilegal, aquel que condena a quien quiere decidir sobre su cuerpo porque quizás antes no pudo decidir, tal vez porque no tuvo la información que necesitaba, tal vez porque le faltaron recursos para evitar un embarazo y en el peor de los casos fue víctima de abuso. El aborto ilegal, ese que beneficia el negocio de diligentes inescrupulosos que lo realizan como un trámite expeditivo, bien rápido, como en cadena de producción. El objeto de esa cadena, el eslabón más desafortunado: aquella mujer que acude con miedo y desesperación.

Bienvenido el debate que lo pone en el tapete, que interpela a cada uno/a a reflexionar, a “desembarazarse” de posturas filosóficas y religiosas para comenzar a adentrase en el mismo. Un buen comienzo, para no convertirlo en absurdo pulular podría ser informarse un poco al respecto, observar pormenorizadamente las alarmantes cifras que hay en nuestro país y reflexionar un instante si negar la práctica del mismo es la forma apropiada de darle solución a una problemática de salud pública que afecta a miles de mujeres.

Pues, no alcanza con ello, es una problemática de salud pública que sería solucionada si recibiéramos en cada colegio educación sexual, que debería ser laica. Si algunos intentan acceder a una formación sobre el tema de la mano de instituciones religiosas, lo alerto por experiencia propia, recibirá un discurso de moralidad a cambio de ello y completa negación sobre el tema, pues según sus concepciones relaciones sexuales no deberían existir más que para la procreación y luego de consumado el bendecido matrimonio.

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Recibiendo en cada centro educativo educación sexual, ¿será suficiente?... Temo que no, muchas mujeres seguirían sin poder acceder a métodos anticonceptivos que deberían ser garantizados por el Estado (es cierto que en algunos lugares pueden conseguirse, pero no hay conocimiento de cómo utilizarlos de manera adecuada; en otros sitios, directores devotos consideran conveniente guardarlos bajo llaves para evitar proveer algo tan “siniestro” y “abortivo”).

Supongamos que recibimos educación sexual laica, que tenemos acceso a anticonceptivos, las probabilidades de embarazos no deseados se reduciría ampliamente. Pero la realidad no presenta ninguna de estas opciones, por eso muchas llegan a situaciones que no eligieron.

Si se me permite subir un poco el nivel del debate, podemos pasar a hablar de nuestro cuerpo, del cuerpo de todas las mujeres, ese habitáculo que se cosifica, como objeto de uso y abuso, como anulación de nosotras mismas, considerándolo potencial incubadora por el simple hecho de ser mujeres. Se dictamina entonces: “Debe ser usado para los fines para los que supuestamente tiene, si no es así, que desperdicio, que clase de mujer no querría ser madre, pues el instinto maternal nace cuando nace la mujer misma, algo de lo que no puede ni debe desprenderse. Es natural de ella, su esencia y su deber”.

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Quizás para muchos sea difícil pensar que las mujeres podamos tener el deseo de ser soberanas de nuestro propio cuerpo y decidir qué hacer con él, la decisión de ser madres o no, en que momento y con quien. Es nuestro derecho, que hoy está negado por la legislación y por políticas que pactaron la Iglesia y el Estado.

La gran deuda de la democracia con nosotras es la despenalización del aborto. A pesar de ser una demanda que reclamamos hace años, recién hoy se autoriza el debate público, se permite hablar sobre ello, conocer estadísticas, entrecruzar opiniones y vislumbrar como posibilidad la despenalización de su práctica. Mientras tanto, aquellas que realizan un aborto en condiciones precarias no pueden salvarse.

Nuestros derechos nunca los mendigamos, siempre los arrancamos, luchando obstinadamente.

Seguiremos entonces tomando nota de ello.

EDUCACION SEXUAL PARA DECIDIR, ANTICONCEPTIVOS PARA NO ABORTAR Y ABORTO LEGAL, SEGURO Y GRATUITO PARA NO MORIR… PARA NO MORIR

(*) Columna publicada originalmente en Popular Santiago








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