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Demócratas demandan a Trump, Rusia y WikiLeaks por interferencia electoral

La denuncia del Partido Demócrata llega cuando el fiscal Mueller, que investiga la trama rusa, estudia llamar a declarar a Trump, y a pocos meses de las elecciones de medio término.

Viernes 20 de abril | 15:06

El Partido Demócrata de Estados Unidos presentó este viernes una demanda multimillonaria contra el Gobierno ruso, la campaña de Donald Trump y WikiLeaks, a los que acusa de conspirar para interferir en las elecciones de 2016 en perjuicio de su candidata, Hillary Clinton.

Si bien algunos lo interpretan como una versión trumpista del "Watergate" que terminó con la presidencia de Richard Nixon, la realidad es que la demanda de los demócratas tiene un fuerte carácter simbólico. La denuncia contra "el gobierno Ruso" tiene mucho de propaganda y poco de efectividad legal práctica, mientras que el vocero y fundador de Wikileaks ya se encuentra en una suerte de encierro en la embajada ecuatoriana en Reino Unido desde hace años. Entonces se podría decir que el objetivo principal de la demanda demócrata está en casa, y se llama Donald Trump.

La demanda, presentada por el Comité Nacional Demócrata (DNC) ante un tribunal federal neoyorquino en Manhattan, alega que altos responsables de la campaña de Trump se confabularon con el Kremlin y su agencia de espionaje militar para perjudicar a Clinton y favorecer al candidato republicano y ahora presidente de Estados Unidos.

"En la campaña presidencial de 2016, Rusia lanzó un asalto total a nuestra democracia y encontró un socio voluntario y activo en la campaña de Donald Trump", aseguró el presidente del DNC, Tom Perez, en un comunicado.

Según Perez, eso constituyó "un acto de traición sin precedentes" en Estados Unidos, ya que nunca antes había ocurrido que la campaña de un candidato estableciera una "alianza con una potencia extranjera hostil para reforzar sus oportunidades de ganar la Presidencia".

La demanda del Partido Demócrata coincide con la investigación independiente que lleva a cabo el fiscal especial Robert Mueller, para determinar el alcance de la injerencia rusa en las pasadas elecciones, acreditada por los servicios de inteligencia del país, y si hubo complicidad con la campaña de Trump.

Y aquí está la parte interesante de los tiempos que manejan en el Partido Demócrata. Trump no para de sumar malas noticias en el plano interno y hace una semana fueron allanadas las oficinas de su abogado personal por las sospechas de que le había pagado más de 200.000 dólares a una reconocida actriz porno para que guarde silencio sobre una supuesta relación con Trump. El fiscal Mueller cree que Rusia puede haber usado esta información para extorsionar a Trump, y junto a otros detalles de la investigación que lleva adelante, no son pocos los que creen que estaría estudiando la posibilidad de llamar a declarar al propio presidente.

El tiempo que manejan en el Partido Demócrata se mide también en base al calendario electoral, más teniendo en cuenta que en pocos meses son las elecciones de medio término en la que se eligen representantes al congreso y autoridades ejecutivas locales. El partido demócrata, que perdió la mayoría en ambas cámaras del parlamento hace varios años, aspira a recuperar terreno al menos en la cámara baja aprovechando las internas republicanas y la sumatoria de malas noticias que sacuden a Trump.

El presidente sabe que la soga se hace más estrecha en torno a su cuello, y en la madrugada de este mismo viernes calificó como "caza de brujas" las investigaciones del fiscal especial Mueller sobre la trama rusa.

La reacción de Trump tiene que ver con la publicación de nuevos memorandos del exdirector del FBI James Comey sobre sus reuniones con él.

"Los memorandos de Comey acaban de salir y muestran claramente que NO HABÍA CONFABULACIÓN y NO OBSTRUCCIÓN. También, que filtró información clasificada. ¡WOW! ¿Continuará la caza de brujas?", escribió Trump en Twitter.

Los republicanos del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes emitieron el mes pasado un informe en el que dijeron que no encontraron pruebas de que Trump y su campaña se confabularan con Rusia para influir en las elecciones, aunque los demócratas de ese mismo comité emitieron un documento contrario.

Aunque de ninguna manera se puede descartar la injerencia rusa en las elecciones y la colusión con la campaña de Trump, eso no deja libre de culpas a la campaña de Hillary Clinton que, como develaron los mails filtrados por Wikileaks, llevaron adelante desde la dirección nacional del partido una campaña sucia en las primarias estadounidense para embarrar y ensuciar a Bernie Sanders, favoreciendo la campaña de Clinton. Tras la filtración, la candidata demócrata acusó al gobierno de Rusia de estar atrás del “ciberataque”. Sin embargo ya era tarde, el daño estaba hecho. Si bien ganó la convención contra Sanders y se convirtió en la candidata demócrata, los meses que le siguieron demostraron que la filtración dañó su imagen al punto de ser uno de los factores que permitió el ajustado triunfo de Trump.







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