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SANTA FE

Delincuentes “cool” e hipocresía estatal en Santa Fe

Una banda de 10 ejecutivos de empresas, empresarios flojos de papeles, sindicalistas y profesionales, cayó luego de hacer numerosas estafas. Es defendida por ex funcionarios socialistas. La hipocresía mais grande do mundo.

Martes 18 de octubre | Edición del día

Los avatares políticos de Santa Fe no tienen protagonistas. Ya directamente tienen guionistas. Rosario pasó de ser la Barcelona argentina a ser la Hollywood criolla. Porque acá todo es cine.

Si no bastaba con un jefe máximo de la Policía, destacado por su labor previa en Drogas Peligrosas, que es detenido por su vinculación con la venta de “drogas peligrosas”; si no alcanzaba con un gobernador con la casa baleada o con un narco agujereado a metralla limpia y dueño de una “laptop” que inquietó al principal ministro del gobierno anterior, ahora cayó una banda de ladrones, estafadores y falsificadores que reclutó sus miembros en las empresas más encumbradas, en los clubes más distinguidos, que a su vez vivían en las torres más exclusivas.

Con la primavera todo florece. Y con la caída de esta banda de delincuencia “cool”, una asociación ilícita de alta alcurnia, se marchita el discurso de “más seguridad”, que es un atajo para focalizar la política represiva sobre los sectores populares. Los ricos hacen lo que quieren. Los pobres viven en una cárcel a cielo abierto.

Lobos de Wall Street, chacales de la Bolsa de Comercio de Rosario

Imagine, lector, una banda de estafadores que truchan poderes para apropiarse de campos y departamentos. Los protagonistas no acostumbran a salir con la cara tapada y las manos esposadas en la sección Policiales del diario. Salen en Sociedad, en alguna cata de vinos o un evento en el Yatch Club. Incluso, quizá hasta firman editoriales desde los que imponen “agenda pública”. En sus perfiles en las redes sociales no cuelgan fotos “así nomás”: hay postales de Miami, autos que parecen heredados de Ricardo Fort. Hay habanos y sonrisas.

En la asociación ilícita de 10 peces gordos ahora presos, sobra status y pertenencia social. Participan sindicalistas, empresarios flojos de papeles, agentes de bolsa, un gerente del diario más importante de Rosario, contadores, escribanos y economistas. Sus autos no hacen la verificación técnica porque son modelo 2022. Solo el lavadero de los departamentos de la torre Aqualina donde viven estos ladris VIP, y desde donde se ven las costas de Entre Ríos y sus yates flotando en el Paraná, es más grande que la casa donde vive cualquier trabajador rosarino.

Para apropiarse de campos y edificios, estos “delincuentes chic” usaron sus vínculos con la banda de Los Monos y su frondoso depósito de matones, que eran los que hacían la mano de obra “de apriete” para que estos refinados estafadores hagan firmar boletos de compra venta o poderes a muertos y a gente ausente. Así se hicieron de campos, propiedades, departamentos. El poder, los que tienen la manija, no se fija en límites tan mundanos, se ve.

Hay delincuentes y delincuentes: la caradurez de la agenda “manodurista”

Durante los últimos meses, una “asociación lícita” entre el gobierno provincial, el gobierno nacional, los grandes medios y los sectores de poderosos y empresarios de la provincia, con La Capital a la cabeza, empujaron juntos la palanca para correr la situación provincial a la derecha con la campaña “contra la inseguridad”. Aunque el 70% de los asesinatos, que hacen que la tasa de homicidios rosarina duplique la media nacional, tiene vinculación con bandas criminales con amparo policial, los medios instalaron (siguieron instalando) el miedo, y luego de dos masivas marchas por “seguridad”, se endureció la política policial y llegaron cientos de gendarmes a la provincia.

La campaña, está de más decirlo, focalizó su lupa en los barrios más pobres y en la juventud, que son los chivos expiatorios predilectos de todas las campañas a favor de la mano dura estatal. Siempre son los sectores populares los destinatarios de la redoblada prepotencia policial, efecto colateral, de las tan mentadas campañas contra la llamada inseguridad urbana.

La detención de esta banda de delincuentes VIP, que usaban su pertenencia a las clases acomodadas como barniz para su actividad criminal burda y pedestre, echa por tierra toda esa campaña tan reaccionaria como hipócrita. Ricos se enriquecen y empobrecen a los pobres. Ricos usan su peso social para militarizar las ciudades y los barrios populares. Ricos que, salta, se enriquecen con métodos non sanctos. Nadie habla de ellos. Sí de la amenaza fantasmal y latente que radica, obvio, en los sectores pobres y trabajadores. El discreto encanto de la hipocresía.

Si no bastara con bandas narcos dirigidas desde los handies de la Policía Santafesina, ahora se le suma esta kermés de empresarios, formadores de opinión pública, narcos, profesionales de camisas color salmón y matones, que utilizó su llegada al poder y al Estado para amasar fortunas y apropiarse de bienes que lucían, como es debido, en sus fulgurantes perfiles de Facebook. Breaking bad.

Los ladrisocialistas son abogados del diablo

A Martin Scorcese, Abel Ferrara o Brian de Palma, directores capos del cine de mafia, les hubiera resultado inverosímil si alguien les hubiera dicho que tres de los abogados defensores de los miembros de esta banda de chetiladrones son tres ex ministros del gobierno provincial. Es “too much”, hubieran dicho. Pero Santa Fe supera los recatados guiones del cine sobre la mafia ítalo americana. Tres ex funcionarios, incluido un ex ministro de Justicia (je, je) defienden a estos magos de la delincuencia de perfume importado, que lograron que muertos firmen papeles sin siquiera apelar a médiums.

El viejo slogan del socialismo santafesino, que se jactaba de no tener “ningún caso de corrupción”, murió en las playas de Normandía de los comisarios narcos, la manipulación electoral, la cobertura a los policías involucrados en casos de gatillo fácil y, ahora, en el involucramiento en la defensa de criminales de cuello blanco o de chombas de polistas.

Se cae la pintura

Los mismos empresarios que persiguen la ganancia propia a costa de la miseria ajena, los políticos que defienden la desigualdad social más obscena y asqueante desde el Estado, los sindicalistas que atan a los trabajadores de pies y manos para que no enfrenten esta realidad, y los dueños de los medios de comunicación que naturalizan la pobreza y legitiman la campaña a favor de militarizarla, fueron encontrados con las manos en la masa en la Rosario, capital mundial de la hipocresía y sede argentina de la impostura progresista.

Es bueno que se vayan cayendo algunas caretas.




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