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Del Fútbol Para Todos al fútbol para pocos: siempre lo miramos por TV

El secretario de Presidencia anunció el fin de las transmisiones de fútbol financiadas por el Estado, debido a deudas millonarias de los clubes. Uno de los mayores espectáculos modernos ¿da pérdidas?

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Viernes 28 de octubre de 2016 | Edición del día

Imagen: sitio nos-comunicamos.com.ar

Fernando De Andreis anunció en conferencia de prensa junto al titular de la AFIP, Alberto Abad, que el programa Fútbol Para Todos “dejará de existir” desde el 1 de Enero de 2017. Por lo tanto, el Estado dejará de financiar las transmisiones televisivas de los campeonatos de Primera División y Nacional B. Así, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) queda con las manos libres para negociar la comercialización de los “derechos” de televisación con cadenas privadas.

El argumento utilizado por el Secretario de Presidencia fue la abultada deuda que mantienen los clubes y la AFA con el fisco, que –según informó el jefe de la AFIP- se remonta a unos 1346 millones de pesos. Y para presentar de manera más convincente la decisión expusieron que esa deuda “perjudica al sistema social”. Como si los pagos erogados en concepto de deuda externa y sus intereses, los subsidios a grandes multinacionales o los planes de “blanqueamiento” de capitales fueran puro beneficio al sistema social.

Ahora bien, es una realidad que existe una situación de desfalco y endeudamiento a mansalva por parte de los clubes y la entidad de la calle Viamonte. Esto es aprovechado por el macrismo para avanzar en el sentido que siempre soñó para el fútbol: una mayor apertura al negocio del espectáculo del fútbol a cadenas privadas (por ejemplo el grupo Turner) y –sobre todo- la transformación de los clubes en Sociedades Anónimas; lisa y llanamente empresas, con balances y directorios, en lugar de entidades sin fines de lucro como actualmente son (más en lo formal que en la realidad).

Pero el fútbol profesional como espectáculo genera ingresos millonarios, especialmente para los clubes grandes: los famosos “derechos de televisación” seguramente son el principal ingreso, a tal punto que los campeonatos están hace rato diagramados en función del espectáculo televisivo. En la última década, hinchas de Racing, Independiente o San Lorenzo pueden dar fe: se cuentan con los dedos de las manos los pocos partidos anuales que disputan los domingos, debido a que el show televisivo los necesita para las grillas de viernes y sábados. El segundo de publicidad se cotiza a cifras exorbitantes: alguien cobra ese dinero, por eso los canales compran esos derechos de televisación. En el esquema del Fútbol Para Todos los compraba el Estado, que tercerizaba la producción y a la vez les vendía las transmisiones a los canales de aire a “precio amigo”. Pero sin embargo los clubes también recibían parte de la millonaria torta. ¿Cómo se endeudaron?

Además de esos inmateriales “derechos de televisación” hay altos ingresos por venta de jugadores, a veces quizá despilfarrados en la “balanza comercial” con la compra de otros futbolistas. Pero además cuentan con licencias de márketing y derechos de imagen, comercializan la indumentaria deportiva, etc. En bastante menor medida también recaudan por el cobro de cuotas a los socios –quienes en los papeles deberían ser los verdaderos dueños de los clubes- y por venta de entradas.

Entonces ¿las “pérdidas” y la situación de endeudamiento de dónde vienen? Los ingresos caen en el saco roto de dirigentes y todo tipo intermediarios que usufructúan con ese fútbol-espectáculo. No casualmente los presidentes de los grandes clubes pasaron de ser profesionales o comerciantes -en las décadas en los que no estaba en auge la televisación- a ser directamente gerentes o grandes empresarios como Angelici (de la rama del juego) o el propio presidente impuesto por FIFA con la venia de Macri, Armando Pérez. Dirige los destinos del fútbol el dueño de la empresa Tsu Cosméticos.

El macrismo hizo una puesta en escena desde la AFIP para imponer la idea de que es necesario desligar al Estado del financiamiento del fútbol y –por ende- impulsar algún grado de privatización, el mayor que sea posible. También hay hipótesis relacionadas con una respuesta política del gobierno a la foto de Pablo Moyano con Marcelo Tinelli y su aparente pacto por el sillón de AFA. El fútbol es un botín demasiado jugoso como para entregarlo a socios que no sean propios o “del palo”. Pero nadie se pelea por negocios que dan pérdidas.

Adiós al Fútbol Para Todos

El uso que le dieron los gobiernos kirchneristas al FPT fue aprovechar las transmisiones del fútbol de Primera para hacer publicidad de actos de Gobierno a modo de campaña electoral sistemática. Llegaron a este acuerdo con Don Julio Grondona, quien estaba “empoderado” (de acuerdo a la jerga K) desde la dictadura militar. Si bien las transmisiones dejaron de ser pagas y propiedad exclusiva de un grupo de medios de comunicación como era Clarín –otra causa por la que el kirchnerismo lanzó el programa, para perjudicar a su viejo amigo y mayor enemigo hacia 2009, el grupo Clarín-, la estructura tanto de la AFA como de las transmisiones quedó casi intacta. Los equipos técnicos y periodísticos en gran medida eran los mismos que los usados bajo la modalidad anterior en la era TyC Sports. Para no mencionar el haber reflotado a menemistas de pura cepa como Marcelo Araujo en los relatos, algo que revirtieron enseguida porque era “un quemo”.

El FPT no fue la panacea: en base a prebendas y manejo discrecional de fondos, el kirchnerismo trató de asegurarse lealtad desde Viamonte y por parte de los clubes, además de poder exhibir una medida que se mostraba popular en contraste con el esquema anterior (antes del FPT hasta estaba prohibida la repetición de los goles si no era en pantallas autorizadas). Esa lluvia de pesos culminó en la crisis terminal de muchos clubes y del fútbol de conjunto.

Se termina el FPT. Pero los ingresos seguirán in crescendo, en un fútbol cada vez más asimilado como industria del espectáculo. No hay ningún motivo para que las transmisiones dejen de ser gratuitas porque, insistimos, las mayores ganancias vienen por el lado de la venta de espacios de publicidad. El único motivo es el lucro particular de toda una caterva de personajes que parasitan ese espectáculo. Hay que impedir que descarguen cualquier tipo de costo sobre los usuarios populares, aquel público que le pone color desde las tribunas y que le da vida al folklore del fútbol, pero que a la hora de las decisiones siempre “lo mira por TV”.







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