Internacional

DECLARACIÓN CRT

Defender el derecho a decidir y el 1O por medio de una gran movilización social

La Diada se celebra a pocas semanas del referéndum del 1O. Los ataques del Estado español no pueden ser frenados con la estrategia de la dirección burguesa del proceso. Por una gran movilización social que lo defienda y abra las puertas a imponer procesos constituyentes libres y soberanos sobre las ruinas del Régimen del 78.

Lunes 11 de septiembre | 03:57

Foto: EFE / Quique García

La manifestación de la Diada del 11S de este año tiene lugar a menos de tres semanas del Referéndum del 1O. Su convocatoria y la aprobación de las leyes de Referéndum y Transitoriedad Jurídica ha profundizado la tensión entre el Estado central y la Generalitat.

La Fiscalía General del Estado, con el apoyo del gobierno del PP, del PSOE, Ciutadans y la Corona, ha presentado dos querellas criminales ante el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, y se han dado órdenes a la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra para investigar cualquier paso encaminado a hacer posible la votación del 1O. Los registros de la Guardia Civil en dos imprentas estos días han sido las primeras medidas persecutorias de esta nueva escalada.

Todo un ataque frontal contra el ejercicio del derecho a decidir de parte del Régimen del 78 que tiene entre sus pilares fundacionales la negación de este derecho democrático fundamental. Una amenaza que pone en dudas la realización efectiva del Referéndum del 1-O, más si tenemos en cuenta la hoja de ruta de partidos de la burguesía catalana para “defenderlo”. Una dirección que llevará al movimiento democrático por el derecho a decidir a una derrota si no es superada.

¿Desobediencia institucional con Junts pel Sí? ¿O movilización independiente de los partidos capitalistas?

Las fuerzas independentistas confían todo a la llamada “desobediencia” institucional. Los partidos históricos de la burguesía catalana agrupados hoy en Junts x Sí han encorsetado a los cauces institucionales el gran movimiento democrático catalán que emergió con la Diada de 2012. Esta vía muestra cada vez más sus límites. ¿Cómo desobedecer contra todas las instituciones del Estado español que responden con leyes represivas, la Policía y la Guardia Civil? ¡Una represión que está amenazando hasta a los ciudadanos que colaboren con el 1O! ¿Cómo desobedecer, si la movilización y organización de este movimiento, está encorsetada entre las maniobras del Parlament?

La estrategia de confiar únicamente en la “desobediencia” institucional es impotente para los ritmos acelerados que está imponiendo el Gobierno central. ¿Pero esto es por ingenuidad? Categóricamente no. Los partidos históricos de la burguesía catalana no serán quienes impulsen una gran movilización social para defender el 1O, a la que temen más que al TC o la Guardia Civil.

El llamado “procés” se abrió en el marco de la grave crisis económica y la crisis de Régimen que inauguró el 15M. Los “convergentes” optaron por ponerse al frente para canalizar y desviar el gran movimiento democrático que llenó las calles en 2012, y de esta manera intentar salvar su formación política y seguir pasando las más duras políticas de ajuste de las últimas décadas. Estratégicamente su norte ha sido y es evitar que se produzca una ruptura con el Régimen del 78 por medio de la lucha de clases.

Saben que si ese derecho se conquistara con la lucha y se abriera un proceso constituyente verdaderamente libre y soberano, las fuerzas sociales motorizadas para ello podría cuestionar no sólo la relación con el reaccionario Estado español, sino también pondría en el centro la lucha por resolver los grandes problemas sociales como el paro, los desahucios, los recortes y las privatizaciones de los que Convergencia –hoy PDeCat- y la burguesía catalana han sido totalmente responsables. Y hasta aquí no llega la desobediencia.

La CUP viene profundizando en su política de “mano extendida” y aparece subordinada a la hoja de ruta y la estrategia de Junts pel Sí. Tanto porque no viene preparando ni organizando la movilización social que Puigdemont y Junqueras desprecian -se quieren limitar a alguna demostración masiva como la de hoy, pero que no es capaz de derrotar la ofensiva del Estado-, como porque ha asumido plenamente el mismo proyecto: construir una república capitalista por medio de un proceso constituyente emanado desde arriba, como dicta la Ley de Transitoriedad.

Por su parte, Unidos Podemos y los “comuns” se declaran a favor del derecho a decidir y en contra de la ofensiva reaccionaria del Régimen, aunque sin apoyar el 1O, oponiéndole un imposible referéndum pactado en los marcos de la Constitución del ‘78. Al mismo tiempo que Pablo Iglesias retoma la búsqueda de un pacto de gobierno con uno de los principales agentes de la ofensiva españolista, el PSOE -en la línea del pacto en el Ayuntamiento de Barcelona de BeC con el PSC-, se niega a impulsar la más mínima movilización en apoyo a Catalunya en el resto del Estado y trabaja para que haya una baja participación el 1O. Es tan pronunciado este giro constitucionalista de la formación morada que hasta Podem se ha tenido que separar y mostrar su apoyo al referéndum convocado.

Hoy más que nunca, es fundamental impulsar una gran movilización social. Que los sindicatos convoquen paros y asambleas en los centros de trabajo, que la izquierda independentista de la CUP rompa con su subordinación a la hoja de ruta de Puigdemont y Junquerasy llame a manifestaciones en la calle, que el curso estudiantil comience con asambleas, paros y huelgas en defensa del 1O, que los sindicatos, empezando por la izquierda sindical, convoque también acciones en los centros de trabajo, que en el resto del Estado se organicen por los sectores que apoyan el derecho de autodeterminación movilizaciones de solidaridad... Y al mismo tiempo que los sectores de Podemos, IU y los “comunes” que honestamente defienden el derecho a decidir, rechacen el giro constitucionalista de sus dirigentes y se sumen a estas movilizaciones en Catalunya y el resto del Estado.

Romper con los partidos de la burguesía catalana, para defender la lucha por el derecho a la autodeterminación contra el reaccionario Régimen del 78.

Es fundamental también plantear una estrategia que rompa con la de la burguesía catalana y sus partidos, si verdaderamente se quieren abrir procesos constituyentes como plantea la izquierda independentista.

Y este es el grave error estratégico de la CUP, que continúa aceptando la hoja de ruta del “procés”. Es una gran utopía pretender conquistar el derecho a decidir y abrir un proceso constituyente, junto a los herederos del pujolismo y el andamiaje institucional tan similar al del Régimen del ‘78 que encarna la Ley de Transitoriedad. Así como la constitución de una República catalana desde arriba que continúe respetando los intereses de las grandes familias y empresas de la burguesía catalana.

Esta estrategia es la que está limitando la movilización necesaria, más allá de las Diadas, para imponer un referéndum que no quede atrapado en las urnas de los parlamentarios capitalistas. Sino que potencie la apertura de un proceso que defienda las demandas más sentidas por la clase trabajadora, sectores populares, las mujeres y la juventud. Como es acabar con el paro con el reparto de horas de trabajo, el no pago de la deuda, la nacionalización del sistema financiero o impuestos a las grandes fortunas, cuestiones fundamentales para poder resolver la grave crisis social.

El gran empresariado catalán es consciente del peligro de que un gran movimiento por la autodeterminación se convierta en un movimiento para decidir sobre todo: retroceder los recortes, juzgar todos los casos de corrupción, estudiar cómo el presupuesto público se regala a las grandes empresas, acabar con el paro y la precariedad laboral, encontrar la relación entre los grandes empresarios y los políticos de turno, etc. Y eso, pone en riesgo no solo sus negocios, sino sus propiedades. Por eso el president de Foment, Gay de Montellà, mostró su preocupación frente a “la posibilidad de que el conflicto acabe trasladándose a las calles y genere aún más tensión social y política”.

Es por ello que el error estratégico de la CUP es su alianza con los partidos capitalistas, que como mucho llevarán proceso a un nuevo 9N, a menos que las masas tomen en sus propias manos la realización del 1-O, de forma independiente de todos los agentes de la burguesía catalana, la grande, la mediana y la pequeña. La izquierda independentista no se está preparando para ello, sino todo lo contrario.

Defendemos el referéndum del 1-O. Por el derecho a la autodeterminación, por la apertura de procesos constituyentes en Catalunya y en el resto del Estado para debatir cómo cambiarlo todo.

El creciente rechazo al Régimen del 78 podría convertirse en un activo importante en la lucha por el derecho de autodeterminación de Catalunya, negado por la Constitución y la Monarquía, que debe ser una reivindicación abrazada por la clase trabajadora de todo el Estado. Y a su vez esta lucha democrática podría servir para fortalecer la unidad de la clase trabajadora -nativa y extranjera- de todo el Estado en la lucha contra el Régimen del 78 y sobre sus ruinas imponer procesos constituyentes realmente libres y soberanos, con medidas como que la Judicatura sea electa por sufragio universal, que todo cargo público cobre el salario medio de un trabajador, que los cargos sean revocables... Y donde podamos aprobar un programa de independencia de clase que haga pagar la crisis a los capitalistas, con medidas el reparto de horas sin reducción salarial, la nacionalización del sistema financiero y las grandes empresas bajo control obrero, altos impuestos a las grandes fortunas, la expropiación del suelo y las viviendas de los especuladores.

Estos procesos sólo podrán conquistarse por la más amplia movilización obrera y popular, desarrollando organismos de autodeterminación de las masas y peleando por instalar gobiernos de los trabajadores, y no de los patrones, ya sean españoles, catalanes o vascos.

Desde la CRT defendemos el Referéndum del 1-O, aunque nuestra defensa del derecho a la autodeterminación de Catalunya e incluso a la secesión si la mayoría así lo quisiese, no la hacemos desde la estrategia del independentismo. Los marxistas revolucionarios no consideramos que la independencia catalana vaya a resolver los grandes problemas de la clase trabajadora y sectores populares, como se concibe desde la perspectiva nacionalista, incluida la izquierda independentista.

La resolución de las demandas más sentidas de la clase trabajadora, así como la tarea de acabar con la opresión nacional, está íntimamente ligada a la lucha por el triunfo de la revolución socialista en el Estado español. Por lo tanto no se puede limitar exclusivamente a Catalunya, ni mucho menos a una República catalana burguesa fundada de la mano de los herederos del pujolismo que quieren tapar con ella su legado de ajustes neoliberales y corrupción. En cambio, es necesario partir de la unidad de la clase trabajadora de todo el Estado español con la perspectiva de la extensión de la revolución por el resto de Europa y el mundo.

Por ello nuestra pelea por el derecho de autodeterminación está ligada a una perspectiva internacionalista, como parte de la lucha por derribar el Régimen del ‘78 y construir una Federación de Repúblicas Socialistas Ibéricas en la perspectiva de conquistar una Federación de Repúblicas Socialistas de Europa. Para ello resulta indispensable que la clase trabajadora del resto del Estado español tomen como suya la lucha por el derecho de autodeterminación de vascos y catalanes, y suelden así la unidad necesaria para poder construir conjuntamente dicha Federación libre y voluntariamente.








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