Economía

PANORAMA ECONÓMICO

Default “selectivo”: el FMI lo hizo de nuevo

El “reperfilamiento” de la deuda -anunciado el miércoles por el ministro Lacunza- fue tomado este jueves por los acreedores como lo que es: un default “selectivo” obligado por el FMI.

Esteban Mercatante

@EMercatante

Jueves 29 de agosto | 23:47

El miércoles el ministro Hernán Lacunza -que hace 11 días reemplazó a Nicolás Dujovne al frente de Economía- informó que el gobierno postergaría el pago de parte de la deuda de corto plazo (Letes y Lecap), y encararía una refinanciación de la deuda de mediano y largo plazo.

El anuncio, bajo el mote de “reperfilamiento”, fue recibido este jueves en el sector financiero como lo que verdaderamente es: un default “selectivo” de la deuda. El motivo por el que este gobierno -que asumió como el mejor amigo de los mercados- toma esta decisión en sus días finales, no es ningún secreto: no tiene los dólares para cumplir los vencimientos sin arrimarse a un descalabro económico completo.

Cuidar los dólares

Este jueves, el Central perdió USD 909 millones de reservas. El acumulado en el mes alcanza USD 11.858 millones, el doble de lo que se esperaba que el FMI desembolsara en septiembre. Lo perdido equivale a más del 20 % de las reservas totales que le quedan al BCRA. Y es casi igual al monto de las reservas que puede utilizar efectivamente (de “libre disponibilidad”), la única herramienta con la que cuenta para intervenir en el mercado cambiario para intentar controlar el valor de la divisa. Esto es algo que viene logrando a duras penas, a fuerza de artillería pesada.

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Los motivos de esta acelerada pérdida de dólares no son ningún misterio:

1) Los pagos de deuda, para los cuales se utilizan los dólares que puso el FMI. A eso se sumó la necesidad forzada de rescatar deuda en manos de bancos internacionales, que había sido entregada a cambio de dólares (en una operación que se conoce como Repo). Esta operación obligó a desembolsar en “cash” USD 2.615 millones;

2) La salida de dólares del sistema financiero local, que había disminuido su ritmo desde mayo, a fuerza de tasas de interés altísimas y la autorización otorgada por el FMI de entregar dólares al mercado en caso de ser necesario, pero que se descontroló nuevamente tras las PASO.

El BCRA subastó dólares por casi USD 1.700 millones, mientras que los depósitos en dólares (la mitad de los cuales está en la entidad engrosando sus reservas) se redujeron en USD 3.560 millones desde el viernes anterior a las PASO hasta el lunes siguiente. Aunque no hay nuevo datos, todo parece indicar que esa caída prosiguió durante el resto de la semana a ritmo febril.

El problema de(l) Fondo

Una cuenta sencilla daba resultados alarmantes: con este nivel de venta de reservas, para alimentar la salida del sistema financiero de los grandes fondos especulativos que lucraron con el último revival decadente de la bicicleta financiera -y empezaron a salir en manada tras las elecciones- harán falta USD 12.000 millones hasta fin de año. Esto, a pesar de que las tasas de interés no paran de subir. Este jueves rozaron el 80 % anual, lo cual supuestamente sería un aliciente para enfriar la huida de los activos en pesos, algo que evidentemente no ocurre.

La corrida contra el peso terminó otra vez en la cuestión de la deuda. El eslabón débil fueron los títulos de corto plazo del tesoro (las letras llamadas Letes y Lecap, emitidas a plazos de entre 6 y 8 meses), que venían siendo renovados casi en su totalidad, pateando la pelota para futuros semestres a cambio de pagar jugosos intereses.

Esto dejó de ocurrir después de las PASO: el 16 de agosto solo fue posible renovar el 5 % del vencimiento (descontando los títulos en manos de entidades del sector público). El miércoles 28 la licitación de Letes fue declarada desierta. Al mismo tiempo, el riesgo país se mantuvo en las nubes. Este jueves tocó los 2.300 puntos, lo que significa que un título argentino emitido en los mercados internacionales pagaría como mínimo una tasa de 26 % anual.

En el marco del salto del dólar y estampida de los especuladores, no hay rendimiento suficiente que permita evitar que los inversores no quieran tomar los dólares y fugarse (en el caso de las Letes que se pagan en dólares) o tomar sus pesos y comprar dólares (en el caso de las Lecap que el Tesoro paga en pesos).

¿Qué implicaba esta imposibilidad de renovar deuda de corto plazo? Simplemente, que USD 15 mil millones podrían fugarse hasta fin de año por pagos de deuda. Estamos hablando de dólares con los cuales el Tesoro no cuenta (entre otras cosas porque desde hace meses viene vendiendo USD 60 millones al día para operar en el mercado cambiario). Esto significa que, ante el fracaso de la renovación de la deuda de corto plazo, la alternativa era tomar dólares del BCRA. Los mismos que Guido Sandleris está quemando para calmar la cotización del dólar.

Hasta el lunes, el gobierno parecía embarcado a continuar en este ritmo incendiario. Las cuentas indicaban que le alcanzaba para llegar apenas con lo justo, usando las reservas para pagar deuda e intervenir en el mercado de cambios. Pero todo dependía de una condición fundamental: que siguieran ingresando los dólares del FMI para continuar pagando los vencimientos de deuda en bonos (de mediano y largo plazo). Esta “terapia intensiva” es lo que viene permitiendo desde junio del año pasado que el país pague sus deudas, a cambio del ajuste draconiano pactado con el organismo.

Pero, los dólares quemados por este gobierno para llegar a diciembre, son todos aquellos que estarán ausentes para realizar pagos de deuda en 2020. Este es uno de los factores que explica el altísimo riesgo país. Con la caída en la renovación de la deuda de corto plazo, un escenario ya de por sí precario empezaba a saltar por los aires.

Por eso el FMI terminó empujando al gobierno de Macri al infierno más temido para esta administración: el default selectivo. El escenario de corrida sin freno y el “vacío de poder” habrían empujado al organismo internacional a dejar de poner dólares en la hoguera del fin de ciclo macrista. Que la administración saliente encuentre alguna vía de frenar la sangría de divisas habría sido condición para entregar los dólares del próximo desembolso, que dependerá de lo que dictamine la misión técnica que debería aterrizar en estos días y de lo que voten los países que mandan en su directorio.

Patear por 6 meses los pagos de Lecap y Letes que no estén en manos de tenedores individuales (“personas humanas”) y abrir un canje de bonos para “reperfilar” los vencimientos, fue la respuesta que pudo ofrecer Hernán Lacunza.

El camino tomado, un default “técnico”, fue un camino intermedio entre dos “soluciones” más drásticas para el problema de la falta de dólares: el “cepo”, que permitiría seguir cumpliendo con los vencimientos de deuda a cambio de frenar la venta de dólares para taponar la fuga; o el default, que podría haber sido el resultado de la escasez de dólares, si el gobierno se embarcaba en el camino en el que estaba empeñado hasta el lunes.

Como en 2014, cuando se produjo el “Griefault”, la deuda soberana de la Argentina ingresó otra vez en la categoría de default selectivo. Así lo comunicó a última del jueves hora la agencia Standard & Poor’s Global Ratings.

Fracasa, fracasa de nuevo, ¿fracasa mejor?

El default parcial anunciado por Lacunza muestra el fracaso del programa pactado por el gobierno de Macri con el FMI en junio de 2018, y que tuvo su primer revisión apenas 3 meses después. El préstamo Stand By, el mayor en la historia del organismo, no logró ninguno de sus objetivos.

No aplacó las dudas sobre la deuda, a pesar de que el Tesoro recibió ya USD 44 mil millones para pagar vencimientos. Así lo muestra el salto del riesgo país, que estaba en 500 puntos cuando Macri anunció que solicitaría "asistencia financiera" del organismo.

Tampoco ayudó a la estabilidad cambiaria ni financiera: el dólar pasó de cotizar $ 20 a $ 60, mientras las tasas de interés pasaron del 30 % anual al 80 %. Mientras tanto, se fugaron del país casi tantos dólares como aportó el Fondo. Así lo señaló el candidato opositor Alberto Fernández, omitiendo que durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández la salida de capitales llegó a USD 102 mil millones, que se sumaron a los perdidos por los "pagos seriales" de deuda y las remesas de ganancias de empresas imperialistas).

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En las próximas semanas, gobierno y oposición peronista se preparan para escenificar en el Congreso un debate sobre la apertura de renegociación de la deuda. En nombre se “ser responsables" el Frente de Todos aceptó como ineludible cumplir con la deuda, rechazando cualquier idea de investigar todo el proceso de endeudamiento y sus beneficiarios. Algo que tampoco hizo Néstor Kirchner en 2005 cuando renegoció para salir del defaulf, a pesar de que estaba cercano el fallo del juez Ballesteros, que había detectado 477 ilícitos en una causa iniciada por Alejandro Olmos sobre la constitución de la deuda de la dictadura genocida.

Patear los vencimientos, con los costos de endeudamiento actuales, significa agrandar la hipoteca para los próximos años, aunque pueda reducirse los vencimientos para comienzos de la próxima administración (que ahora deberá soportar el peso adicional de USD 8 mil millones que el gobierno de Macri dejará de pagar de Letes y Lecap este año). La apuesta, dudosa, es que esta iniciativa reduzca el riesgo país y, con el reinicio de los aportes del FMI, despeje el panorama financiero para 2020.

A pesar de su fracaso, no está en discusión la nulidad del acuerdo con el organismo internacional de crédito, que solo benefició a los acreedores del país mientras impuso metas que estrangulan la economía. Por el contrario, el “reperfilamiento” también alcanza al organismo. Como ya advirtió Guillermo Nielsen, asesor económico de Alberto Fernández, nos esperan al menos ocho años con el FMI. Y cuando este se queda tanto tiempo, lo hace a cambio de todo agresivas reformas para beneficiar al gran capital: laboral, previsional, tributaria.

El rechazo a subordinar la política económica al cumplimiento de la deuda y al chantaje del FMI, junto a la nacionalización de los bancos y el establecimiento de un monopolio estatal del comercio exterior, para cortar con la fuga de capitales y el chantaje de los exportadores con la liquidación de divisas, constituyen el conjunto de medidas de emergencia que son el punto de partida para que esta crisis no volvamos a pagarla los trabajadores.

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