Política Chile

GENERO

Declaración de Pan y Rosas por marcha del 25 de Julio

¡Que los políticos corruptos no decidan por nosotras! ABORTO LIBRE, SEGURO, GRATUITO Y LEGAL

Martes 25 de julio

Chile se encuentra dentro del selecto grupo de 5 países que condena el aborto en cualquier circunstancia, penalización que en ningún caso elimina su práctica y solo lo lleva a la clandestinidad, considerando que en el país se calculan aproximadamente 160 mil abortos al año. Esta criminalización afecta directamente a la libre elección de las mujeres, empujándolas a exponer su integridad física y psicológica o arriesgando su vida a la hora de acceder al mercado ilegal de la interrupción voluntaria del embarazo.

Los abortos clandestinos son amparados bajo este sistema económico, político y social, en el cual seguimos siendo consideradas como “incubadoras humanas”, sin voz ni voluntad propia. Hipócritamente sectores ultra conservadores se atreven a llamarnos “asesinas”, reforzando la idea de maternidad obligatoria, siendo que en realidad toda su estructura es la que nos niega condiciones dignas para ser madres. Por un lado, el Estado nos prohíbe el derecho a decidir, pero por otro, no garantiza la calidad de vida de los futuros niños y niñas, considerando que incluso todos los derechos básicos están privatizados (educación, salud, vivienda), es cuestión de observar el infanticidio de estado en el caso SENAME.

Las mujeres nos enfrentamos a la decisión de abortar por diferentes motivos; abortamos porque el método anticonceptivo falló, abortamos porque nos vemos limitadas en condiciones materiales: con trabajos precarios e inestables, abortamos porque el sueldo mínimo no alcanza ni para la canasta básica familiar, abortamos porque fuimos violadas; abortamos porque escogimos no ser madres, siendo nuestra voluntad y derecho decidir sobre nuestras vidas.

Hace unos días se puso al centro el debate en torno al proyecto de aborto en tres causales impulsado por la Nueva Mayoría, inviabilidad fetal, riesgo de muerte de la madre y violación, proyecto que lleva años siendo discutido en el parlamento, porque la derecha, la Democracia Cristiana y los sectores conservadores se oponen a ceder hasta el más mínimo centímetro de su moral. Luego de largas discusiones, entre las que se pretendía sacar la causal de violación y que la objeción de coniencia se extendiera al conjunto del equipo médico, el proyecto fue aprobado en la Cámara del Senado; la derecha y la DC se opusieron; el jueves fue rechazado en la Cámara de Diputados.

A pesar de tratarse de un proyecto mínimo e insuficiente, nuevamente la derecha, las iglesias y el mismo Gobierno son un límite para que las mujeres realmente decidamos sobre nuestras vidas y cuerpos. Mínimo puesto que no cubre ni el 3% de los abortos que cada día se realizan en Chile, por infinitas causales. Insuficiente porque no pretende dar una respuesta a la realidad del aborto garántizandolo como un derecho en la salud pública.

Legales o no, los abortos se practican y se continuarán practicando, la diferencia radica en las condiciones y seguridad que podemos generar si barremos con la criminalización de parte de los Estados e Iglesias; luchar por el derecho al aborto, contrariamente a lo que señalan grupos clericales, es luchar por el derecho a la vida, ¡la vida de las mujeres! Porque la penalización del aborto tiene consecuencias terribles, gracias a inescrupulosos que generan un negocio bajo la necesidades de las mujeres, sin garantizar condiciones sanitarias mínimas, donde las que tienen dinero consiguen viajar al extranjero o pasar por “apendicitis” en clínicas privadas y las que no, están condenadas a todo tipo de riesgos que van desde serias secuelas sobre su salud hasta la muerte en condiciones infrahumanas, la cárceles, etc. que es el destino de miles de trabajadoras del campo y la ciudad, de mujeres jóvenes con empleos precarios, estudiantes y pobladoras: se quiera o no ver, el aborto tiene carácter de clase.

Levantamos nuestras voces desde nuestros lugares de trabajo, estudios y barrios -como cada 25 de julio y en nuestra cotidianidad- contra la explotación y la opresión, mujeres trabajadoras, estudiantes y diversidad sexual hartas de la criminalización en uno de los derechos más elementales, como es el derecho a decidir. Estamos convencidas de que ni este Estado ni este gobierno nos regalarán derechos ni reivindicaciones, ni la iglesia, ni ninguna institución o individuo puede decidir por nosotras: la lucha corre por nuestra cuenta, organizadas y desde las calles. No rogamos ni pedimos, exigimos y luchamos para que las Iglesias y los Estados no intervengan en nuestra decisión, porque no se condene más a cientos de mujeres a aborto clandestino, por la legalización para garantizar abortos seguros y gratuitos como parte de la salud pública, que además vaya acompañada de una educación sexual integral, científica y laica y la distribución de anticonceptivos, sin intervención de las Iglesias y su moralidad retrógrada. ¡Nuestras vidas y decisiones valen más que las ganancias de los capitalistas!

Y desde Pan y Rosas vamos por más, nos organizamos para luchar por nuestra verdadera emancipación, sabiendo que este problema y las raíces de nuestra opresión, no encontrarán una solución estructural sin una lucha contra el capitalismo y el patriarcado que limitan nuestros derechos sexuales y reproductivos así como la explotación y los distintos tipos de opresión en que viven millones de seres humanos, privándonos de un sistema de salud gratuito para toda la población, ofreciendo condiciones de precariedad para la maternidad, imponiendo su obligatoriedad a costa de “ser incubadoras” para la generación de mano de obra barata para el sistema, etc. Sabemos que nuestra total emancipación, es una quimera si se piensan las luchas de manera aislada y así como luchamos por el derecho al aborto, proponemos como horizonte la unidad con todas y todos los afectados por el capitalismo para ir en la conquista de todos nuestros derechos que nos niegan los sectores fundamentalistas, los empresarios y sus políticos a sueldo.
Por esto nos planteamos forjar un movimiento de mujeres de las trabajadoras, jóvenes y estudiantes, que sea independiente del Estado, los partidos empresariales y las iglesias. Llamamos a organizarnos en cada lugar de estudio y de trabajo, levantando comisiones de mujeres, por conquistar estas demandas. Este 25 de julio, marcha junto a Pan y Rosas, porque el Estado es responsable de la violencia machista, ¡que los políticos corruptos no decidan por nosotras!, ¡POR UN ABORTO LEGAL, LIBRE, SEGURO Y GRATUITO!






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