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Debate sobre la FUBA: “No es lo que parece”

Continuamos la polémica con los compañeros del PO, luego de que en el último congreso llamaran a las agrupaciones kirchneristas a formar una lista en común contra la Franja Morada y el rectorado.

Jueves 25 de junio de 2015 | 15:51

Daniel Scioli, el único aspirante a la presidencia por el FPV, protagonizó en las últimas semanas dos encuentros relevantes para la vida universitaria: primero, a solas con el rector de la UBA Alberto Barbieri, y luego junto a 40 rectores de universidades nacionales. No se juntaron a discutir la función que debería ocupar la universidad pública para solucionar los grandes padecimientos de los sectores populares. Más probablemente, deben haber discutido aquello que reivindicó el nuevo decano de Económicas, Cesar Albornoz -designado por la Franja Morada y muy cercano a Barbieri-, en una entrevista en Página/12: la subordinación de la universidad pública al capital privado. Este es el modelo “indivisible” que defienden radicales, kirchneristas y el PRO para la universidad.

En este marco, para el presidente del PO de la FUBA Julian Asiner, no se puede hablar de un “todo indivisible”, y bajo esta premisa lanzaron su innovadora propuesta de integrar a fuerzas kirchneristas como La Cámpora, a la conducción de la FUBA. En un artículo anterior, describimos cómo una política claudicante por parte del PO, lleva a integrarse en varias facultades con las agrupaciones que son la pata estudiantil de los decanos kirchneristas. Sería la consecuencia de una política que, insistimos, considera a los kirchneristas como parte de un “bloque progresivo” respecto de las fuerzas “de la derecha”. Entonces, ¿para los compañeros del PO, Scioli no es parte de “la derecha”?

Borrar con el codo lo que escribe con la mano

En su respuesta a nuestra crítica, un artículo “humilde en argumentos” de Asiner, pretenden volver el debate a cero. Retira la propuesta que realizaron previo al congreso, defendieron en el acto de cierre, y reivindicaron en varias oportunidades posteriores en su prensa. La nota se podría titular “No es lo que parece”. El PO sostiene entonces que: “Nuestra propuesta a los K fue clara: vengan al Congreso de la FUBA, aseguremos el quórum, y que cada fuerza obtenga el lugar que le dieron los votos de los estudiantes: la izquierda en la presidencia, Unidos y Organizados en la oposición”. Pero hay que aclarar que esta “propuesta” difiere del balance que habían publicado en Prensa Obrera donde plantearon que "la acción contra la derecha podía realizarse con una votación común por una lista de los delegados de ellos y nuestros" y del discurso del propio Asiner: “Si quieren venir, la puerta está abierta. Hagamos la lista, formemos el congreso, y que queden aislados los del rectorado”. ¿Entonces en qué quedamos? Es evidente que hay un retroceso entre la oferta inicial (“hagamos una lista”) y lo que sostienen ahora (“aseguremos el quórum (...) con Unidos y Organizados en la oposición).

La crisis de la FUBA

Es evidente que el congreso, frustrado por cuarta vez por el boicot conjunto de la Franja Morada y el kirchnerismo, suscitó escasa atención y ningún entusiasmo. La resolución más fuerte del plenario que cerró la jornada, fue la realización de una nueva acción intrascendente frente al rectorado. ¿Hacía falta un congreso para votar un pequeño corte de calle? Sin embargo, estas resoluciones luego fueron boicoteadas por los mismos que las propusieron: no tuvieron difusión alguna y solo asistió un puñado de militantes.

La tradición “fubista” de subordinar el movimiento estudiantil a los acuerdos de mesa chica entre las agrupaciones, va a contramano de construir una nueva práctica política en los centros de estudiantes y federaciones, y convertirlos en espacios de participación.

Lo que hay de fondo es una profunda incapacidad de la conducción del PO y La Mella de reflexionar sobre las tareas del movimiento estudiantil, reproduciendo una práctica rutinaria, limitada a la votación esporádica de declaraciones y la administración de bares y fotocopiadoras, que jamás se juega a organizar a los estudiantes. ¿Qué le impedía a la Federación organizar una gran movida para que decenas de miles de estudiantes y trabajadoras intervengan en el #NiUnaMenos con su propia voz, y de esta manera devolverle algo de vida a la Federación? No criticamos en abstracto la falta de participación en momentos donde la lucha estudiantil universitaria no es lo que prima, sino que cuestionamos agudamente el rechazo a empalmar con estos fenómenos, aportando a revitalizar las desgastadas organizaciones del movimiento estudiantil. Esta falta de iniciativa es lo que en última instancia abona el terreno para que avancen la Franja Morada y el rectorado, sobre una federación vaciada que prácticamente ningún estudiante siente como propia.

La entrega del FIT

El artículo afirma, sin justificar, que el PTS “insiste con la entrega de la FUBA”, y asegura que “la tarea del Frente de Izquierda y sus partidos consiste en defender a la FUBA y el desarrollo independiente del movimiento estudiantil”. Sin embargo, esta tarea comienza por la más absoluta independencia política del gobierno nacional y los demás partidos del régimen. El convite “unitario” del PO al kirchnerismo es absolutamente incompatible con este planteo.

La crisis que atraviesa la Federación no es reductible a la especulación de delegados para tal o cual lista. El problema de fondo está en la profunda subestimación de la capacidad de organización y lucha independiente del movimiento estudiantil. El Frente de Izquierda ya demostró en varias facultades este potencial, actuando como una alternativa política de independencia de clase.

No hubo quórum en los últimos cuatro congresos, y durante muchos años la Franja Morada no acredito sus delegados. En estos congresos sin los radicales, la negativa a formar un Frente de Izquierda fue una opción política. Siempre hemos sostenido que en caso de que La Franja Morada se acreditara y tuviese chances de ganar, utilizaremos responsablemente nuestros votos para evitarlo. El llamado al kirchnerismo a formar una lista, es un salto en calidad. Implicaría romper con todo principio de independencia de clase y nos obligaría -por supuesto- a poner en cuestión los frentes políticos en todas las facultades donde el PO tuvo una política más acertada y acepto formar “Frentes de Izquierda”.







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