Internacional

DEBATE EN LA IZQUIERDA

Alemania: ¿votar al ‘mal menor’ para frenar a la extrema derecha?

Las elecciones regionales de Berlín fueron un triunfo para el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) que entró al parlamento con el 14% de los votos. La izquierda en Alemania debate cómo enfrentarlos.

Peter Robe

Berlín | @robe_peter

Viernes 23 de septiembre de 2016 | Edición del día

Foto: Manifestación xenófoba de Alternativa por Alemania/ EFE

Este resultado alto en una ciudad considerada liberal y cosmopolita como Berlín, muestra el fracaso de una estrategia política que intenta impedir el ascenso del AfD de forma electoral. Para parar a la extrema derecha, hay que combatirla.

El avance de la Alternativa por Alemania (AfD) parece interminable. Después de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt en marzo de este año, Mecklenburgo Pomerania Occidental fue el segundo Land donde la AfD se impuso como segundo fuerza por encima de uno de los dos partidos gobernantes. Incluso en la metrópolis Berlín logró su primer resultado con dos dígitos y cercano al 15%.

Es que la AfD se beneficia como nadie más del descontento frente al gobierno de la gran coalición entre el partido conservador de Ángela Merkel (CDU) y la socialdemocracia (SPD) y la polarización en clave derechista. Los enfrentamientos violentos entre cientos de nazis y un grupo de refugiados en la ciudad sajona Bautzen fueron la expresión más reciente de este clima reaccionario.

A nivel nacional la AfD sube en las encuestas al 14%que le aseguraría un cómodo tercer lugar en las elecciones parlamentarias el año que viene. Por eso no solo los trabajadores, jóvenes y migrantes buscan las vías para frenar el ascenso de la AfD, sino también el establishment político. Su estrategia tiene dos elementos clave.

Por un lado, toman cada una de las demandas de la extrema derecha, como la prohibición del burka, el fin de la doble nacionalidad o las deportaciones masivas y el cese de la entrada de refugiados. Y Merkel se distanció de su famosa frase “Lo lograremos” (que prometía recibir a los refugiados) para dar paso al “Alemania permanecerá Alemania” de su último discurso ante el parlamento, en clave nacionalista.

Esto corre a la derecha todo el panorama político e incentiva los prejuicios racistas (que los medios y políticos burgueses llaman eufemísticamente “temores y preocupaciones”) que legitiman al discurso xenófobo de la AfD.

Por otro lado, quieren establecer un “muro” entre los partidos establecidos y “democráticos” y la AfD “antidemocrática”. Antes de las elecciones, todos los partidos parlamentarios de Berlín (SPD, CDU, los Verdes, Die Linke y los Piratas) firmaron un “Consenso berlinés contra la derecha”.

Pero la gran mayoría de los votantes de la AfD justamente la vota porque se presenta como “alternativa” a la casta política. Aunque gran parte de sus dirigentes provienen de partidos burgueses y si bien su programa no refleja los intereses de la clase trabajadora (tienen un programa neoliberal y antiobrero, escondido bajo un discurso de representar a “los de abajo”), son vistos como única alternativa real a “los de arriba”.

Incluso sectores de la izquierda apoyan la idea de construir un “gran frente democrático” contra la AfD. Esta política tiene su máxima expresión en la alianza “Levantarse contra el racismo”, conformada por sectores de la izquierda radical y partidos burgueses como los Verdes o la SPD que organizó una manifestación a principios de septiembre bajo el lema Deine Stimme gegen die AfD (que puede traducirse como “Tu voz contra la AfD” pero también “Tu voto contra la AfD”).

Organizaciones de izquierda esperan amplificar la movilización contra la derecha incluyendo a partidos como la socialdemocracia. Pero esta no movió ningún dedo y convirtió la acción en un acto de su campaña electoral. Con alrededor de 6 mil personas ni siquiera se logró la esperada movilización masiva ni fue posible desenmascarar la culpa de todos los partidos establecidos en el ascenso de la AfD.

León Trotsky escribió en un artículo titulado “Lección de España: Última advertencia” acerca de esta lógica reformista:

“Los teóricos del Frente Popular no van más allá de la primera regla de la aritmética: la suma. La suma de comunistas, de socialistas, de anarquistas y de liberales, es mayor que cada uno de sus términos. Sin embargo, la aritmética no basta, hace falta cuando menos conocimientos de mecánica. La ley del paralelogramo de fuerzas se verifica incluso en la política. La resultante es, como se sabe, tanto más pequeña cuanto más divergentes sean las fuerzas entre sí. Cuando los aliados políticos tiran en direcciones opuestas, la resultante es cero. El bloque de las diferentes agrupaciones políticas de la clase obrera es absolutamente necesario para resolver las tareas comunes. En ciertas circunstancias históricas, un bloque de este tipo, es capaz de arrastrar a las masas pequeñoburguesas oprimidas, cuyos intereses están próximos a los del proletariado, ya que la fuerza común de este bloque resulta mucho mayor que las resultantes de las fuerzas que lo constituyen. Por el contrario, la alianza del proletariado con la burguesía, cuyos intereses, actualmente, en las cuestiones fundamentales, forman un ángulo de 180º, no puede, en términos generales, sino paralizar la fuerza reivindicativa del proletariado.”

El llamado de gran parte de la izquierda alemana al “frente democrático” con la socialdemocracia es solo un paso más hacia la subordinación completa a los partidos capitalistas. Así ya en marzo de este año el dirigente del ala derecha de Die Linke exigió evaluar la posibilidad de una coalición entre el partido de Merkel y Die Linke para frenar a la AfD: “Todos los partidos democráticos desde la izquierda hasta la Unión (Demócrata Cristiana) tienen que pensar cómo pueden parar el giro a derecha en Europa y Alemania”, señalaron.

De hecho, Die Linke aprovechó su perfil “Anti-AfD” en las elecciones regionales de Berlín, sobre todo en la parte occidental donde atrajo muchos votos de jóvenes. Así se convirtió en tercera fuerza con un resultado histórico en la parte occidental.

Pero si bien la táctica electoral resultó, no sirvió para parar realmente a la AfD ni a corto plazo, ya que logró el 14% porque la mayoría de sus votantes antes no votaban y son más viejos. A largo plazo, el resultado será utilizado por la cúpula partidaria de Die Linke para asegurar la gobernabilidad de la socialdemocracia debilitada junto con los Verdes.

Se prepara una nueva coalición de gobierno entre SPD-Verdes y Die Linke. Pero este gobierno no terminará con la política de recortes y privatizaciones y así aumentará aún más la desigualdad social que es la base del desarrollo de la extrema derecha, primera fuerza entre los trabajadores y desempleados.

Por eso los trabajadores, jóvenes, mujeres y LGBTI, inmigrantes y refugiados no pueden esperar a “votar contra la AfD”. Es necesario levantar un programa no solo para enfrentar el racismo de la derecha, sino también su base social como la precariedad laboral, el aumento de los alquileres y del costo de vida. Exigiendo la vivienda digna para todos a través de la expropiación sin indemnización de los inversores inmobiliarios. Demandas como “Igual salarios para igual trabajo” (como lo reclaman varios sectores de trabajadores en lucha) y el fin de la precarización laboral a través de la estatización bajo control obrero y popular de las ex-empresas estatales y el derecho a la permanencia para todos los refugiados y fronteras abiertas. Estas son algunas demandas fundamentales.

El 29 de septiembre tendrá lugar una jornada de lucha nacional contra el racismo y la xenofobia, sea de nazis, populistas de derecha o el gobierno, una gran oportunidad para fortalecer esta perspectiva en las calles.







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