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De reinas y carrozas: Fiesta Nacional de los Estudiantes

Se cumplen 65 ediciones de la Fiesta Nacional de los Estudiantes. Mitos y realidades del tradicional festejo.

Guillermo Alemán

Concejal del PTS-FIT en San Salvador de Jujuy

Miércoles 21 de septiembre de 2016 | 15:26

Este año se cumplen 65 ediciones de la Fiesta Nacional de los Estudiantes. Este festejo combina el ánimo y la alegría juvenil con aspectos contradictorios que hacen a la “cultura jujeña”, mil veces reivindicada en el discurso gubernamental de la provincia y los municipios junto con los medios masivos de comunicación, donde se apela a la "unidad del pueblo jujeño", pero en grandes aspectos responden a otros intereses bien particulares.

Hay dos grandes ejes en los que se basa la fiesta: el primero son las elecciones de las “reinas” estudiantiles y un segundo, y más importante, la construcción y el desfile de las carrozas estudiantiles hechas a pulmón en los colegios secundarios.

Las reinas

La elección de las reinas actualmente es bastante cuestionada. Enmarcándose en un concurso de “belleza” (con todo lo que ello implica), establece tres niveles de opresión que en última instancia son un reflejo de la desigualdad palpable de Jujuy.

El primer nivel, y el más visible, es el propio concurso de belleza que establece una competencia entre adolescentes por quien es la “más bella” ante un jurado mayoritariamente compuesto por hombres de “poder” (según la instancia, los directivos de la escuela, empresarios, los intendentes y funcionarios de los municipios y el propio Gobernador y diputados con sus allegados). Un concurso bajo la égida del patriarcado jujeño en los más sinceros planos.

También la opresión étnica se reproduce y legitima cada año en este certamen, recordándonos que, a pesar de ser Jujuy una provincia donde la mayoría de la población es de ascendencia aymara, omaguaca, guaraní, entre otras, seguimos gobernados por una minoría blanca. Minoría que no sólo ostenta el poder político y económico, sino que imparte sus estándares de vida, su moral y su belleza. Por eso la reina elegida cada año es aquella que cumple con los llamados cánones “occidentales” de belleza: altas, blancas, rubias, de ojos claros. Y por supuesto, con un apellido de alta alcurnia (Roca, Insausti, Montiel, etc.).

Las reinas municipales, provinciales o nacionales suelen ser de los colegios privados y católicos más encumbrados de la provincia o los estatales nacionales tradicionales que aún conservan cierto prestigio, lugares donde la clase dominante y clase media generalmente envía a sus hijos (José Hernández, El Huerto, El Salvador, Colegio Nacional, etc.). Mientras del otro lado se alimenta la ilusión y las expectativas de las familias trabajadoras que, con gran esfuerzo, compran o alquilan vestidos, pagan para los maquillajes y peinados, para que la joven de la familia se vista como “princesa” para orgullo de sus padres y busque ser elegida en los primeros puestos. Que aunque sea por un momento se “eleve” por encima de la pobreza que es la realidad diaria del pueblo trabajador.

Esta expectativa siempre choca con el muro de los grandes colegios privados y las “gringas” (expresión contradictoria en boca de los trabajadores identificando en la imagen de una persona con la clase que día a día le oprime vía discriminación, explotación, ajuste y represión) que son elegidas mientras las “morochas” son dejadas de lado por “portación de rostro”, ser de familia trabajadora o no ser poseedora de “apellido”, provocando impotencia o ante esta situación.

La “cara” que “representa” a la Provincia, choca con la realidad de sus habitantes por el vértice; poniendo así su granito de arena en la estigmatización de los pueblos originarios y la negación de su propia identidad, en pos de dar una imagen a gusto de la oligarquía terrateniente y los grandes grupos empresarios que dominan Jujuy.

Esto es parte del sometimiento de la clase obrera que al mismo tiempo es víctima de la precarización laboral y de la vida, y para aquellos que cuestionen esta situación, también la represión y la persecución, que dio un salto con el gobierno de Morales, que busca imponer ataques que hagan decaer -aún más- las condiciones de vida de los trabajadores.

Las carrozas

El otro eje, y el principal donde se asienta la fiesta, son las carrozas construidas en la mayoría de los casos de manera autónoma por los estudiantes.

Aquí la figura del carrocero toma la mayor relevancia, y son en gran medida “el alma de la fiesta”, grupos de jóvenes que toman en sus manos la construcción de la carroza que, según la categoría (carruaje, carroza no técnica y carroza técnica), empiezan su trabajo uno o dos meses antes de los desfiles.

Ser carrocero da el derecho a faltar a las clases, ausentarse de la casa de los padres, a la oblea que en la “semana del estudiante” es un pase libre a los boliches bailables, a una relación de paridad con los profesores y tener un cierto grado de libertad que solo se tiene en el “canchón” (lugar donde se construye la carroza).

En la mayoría de los colegios los carroceros son los que eligen la temática y el diseño de la carroza, dividen el trabajo entre floristas, electricistas, mecánicos y herreros para poner a punto a la misma. No solo ponen el cuerpo en el trabajo manual donde se aprende a soldar, crear juegos de luces, adornos, estatuas, movimientos con hidráulicas o caja de trasmisión, sino que también aprender a recaudar fondos para la misma, organizar fiestas, caravanas de promoción, pasando noches en vela y reafirmando lazos de amistad y solidaridad; desplegando una enorme energía y creatividad.

El producto terminado se paseaba hasta el año pasado por la avenida Córdoba con los carroceros haciendo la guardia a la carroza con sus matafuegos en mano y una sonrisa en sus labios, sintiendo orgullo de su obra creada con sus propias manos y su inventiva.

Sin embargo esta faceta de la fiesta sufre los diferentes embates y contradicciones de las elecciones reinas pero en con sus propias características.

Están presentes las prácticas “excesivas” cuando hay algún carrocero que no cumple con lo acordado en el grupo, o no cuida a sus compañeros o realiza cosas que atrasa a la carroza, es sometido a la tristemente célebre “estaqueada”, donde es blanco de varios vejámenes, como ser atado a la carroza o al canchón, rapado o dejado solo en paños menores a la vista de todos, entre otras crueldades que no siempre terminan bien.

Muchas veces el hecho de que adolescentes hagan su experiencia con el alcohol y el sexo en su estadía en el canchón con mucha mayor libertad que normalmente durante el año, lleva a directivos “preocupados” por la preservación de la “moral” a que regimentar y o prohibir la construcción de la carroza, llevando muchas veces a la confrontación de los estudiantes con los directivos.

Por su parte, el Gobierno regula y regimenta las carrozas y a los carroceros mediante el Ente Autarquico Permanente (EAP), dirigido actualmente por Marcelo Ponce, funcionario que “trabaja” codo a codo con el Gobierno Provincial durante los preparativos y la fiesta en si misma. Este organismo es el que determina los “puntajes” de las carrozas, y el reparto de las copas y premios según los lugares que gana cada colegio. El Ente utiliza a discreción y sin pagar más que sándwiches a los jóvenes de la Comisión de Estudiantes para que acomoden sillas, vallas y la organización de la fiesta durante los desfiles entre otras actividades. Al mismo tiempo garantiza grandes ganancias para las empresas que “invierten” en la FNE, desde la Coca Cola hasta las empresas particulares de los diferentes bloques peronistas y radicales de la provincia.

No están exentas las diferencias entre los colegios privados y los colegios públicos, donde en los primeros se llegan a contratar a soldadores profesionales y usar el trabajo gratuito extra y obligatorio de los docentes para las carrozas de estos colegios, situación completamente desigual cuando el resto de los colegios bachilleres, provinciales y ni hablar del interior de la Provincia sufren para llegar a construir la carroza. Estos llegan a reutilizar toda clase de materiales usados el año anterior, sin hablar de los materiales de mala calidad como los hierros cristalizados que suele “donar” el Ente a los colegios y que ponen en riesgo la salud de los carroceros.

Como en las elecciones de reinas, en las categorías de carruaje y las carrozas no-técnicas (dos de las tres categorías en las que se clasifican las carrozas) ganan los primeros lugares los colegios privados. Sin embargo aquí tienen un poco de revancha los colegios públicos, donde la destreza de los carroceros de los colegios de arte realizan verdaderas obras maestras, y en un margen aun mayor los colegios técnicos deslumbraban en los desfiles con carrozas enormes con todo tipos de movimientos, efectos y juegos de luces, que van desde humo, estanques y uso de fuego; mostrando la inventiva y destreza de los hijos de la familia obrera de Jujuy.

Frente a los discursos derechizantes de la juventud pobre, “perdida” en el paco y el alcohol, o una juventud "iniciativa o apática", en pequeño, los jóvenes secundarios muestran en esta fiesta que son capaces de una enorme entrega, creatividad y empeño, fuerzas que buscan ser contenidas y desviadas por los gobiernos empresariales de la provincia de una manera o de la otra para que estos no cuestionen la precariedad que hacen vivir al pueblo trabajador y los privilegios de los que se sostienen en el poder.

Para finalizar cabe esta pregunta: ¿Puede esta juventud actual que da muestra de poder ser valiente, esforzada y creativa retomar las banderas de los jóvenes de la “Tarde de los Lápices” de Ledesma que buscaban organizarse por su colegio, pero también para cambiar el mundo como nos contaba para Izquierda Diario Paco Jara, ex detenido de la dictadura del ’76? Este interrogante será respondido, más temprano que tarde, a la luz de los ataques a los derechos mínimos por parte de Gerardo Morales y Mauricio Macri, y sus intentos de hacer pasar el ajuste en todo el país.







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