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¿De qué se trata el robo del sistema de las AFP?

Nos encontramos en un contexto social donde la mayoría de los chilenos demostramos nuestro rechazo a las AFP, donde después de años de gran esfuerzo por mantenerse a sí mismos y a sus familias, los jubilados reciben una pensión que hasta se podría catalogar de inhumana.

Javier Ilabaca

Militante de Pan y Rosas - Teresa Flores

Lunes 20 de marzo | 08:06

Las AFP son un sistema de ahorro forzoso en el que se le quita a los trabajadores el 10% de su remuneración mensual y este dinero ahorrado es entregado en formato de pensión al momento de su jubilación legal. Hoy la gente se da cuenta de que en su mayoría las pensiones no van más allá de los 190 mil pesos, sin embargo los empresarios con sus familiares privilegiados y las Fuerzas Armadas reciben jugosas pensiones que les permiten llevar su vejez tranquilamente sin preocupación por pasar hambre ni de perder su vida lujosa.

La instalación de las AFP

Entre el año 1952 y principios de los 70’ en Chile existía ya un sistema de reparto de pensiones, a pesar de la notable expansión del sistema y de su amplia cobertura en términos de población y riesgos, existía, durante la mayor parte del periodo, el deseo de racionalizarlo para corregir las deficiencias que presentaba. Las críticas solían apuntar a la multiplicidad de instituciones y las diferencias de trato a los distintos grupos sociales.

Varias de las medidas que se presentaron como “mejora y racionalidad” del sistema fueron impuestas durante la dictadura militar, facilitadas por la concentración política y económica de la misma.

Sin embargo del análisis de los defectos del sistema de reparto, “no se derivaba la conveniencia de reemplazarlo por un sistema privado de capitalización como insistentemente ha sido planteado por los economistas del gobierno militar. Los defectos indicaban que era necesario uniformar las disposiciones que determinaban los beneficios y aportes al sistema, modernizar su administración, extender la indexación para neutralizar la inflación y recuperar la cobertura perdida en los últimos años. Precisamente en esa línea se inscriben algunas de las medidas adoptadas entre 1973 y 1980” (Arellano, economista y militante de la Democracia Cristiana, 1985).

El cambio completo de la estructura del reparto de las pensiones se hizo en 1981, propuesto por José Piñera.

Un cambio político drástico que solo se podría haber instalado bajo una dictadura, en donde los fondos de las pensiones pasaron a ser cuentas de capitalización individual administradas por entidades privadas. Las razones que inspiraron este brusco cambio, declaradas por los creadores del nuevo sistema y sus defensores, se centraban en la insostenibilidad financiera y en fomentar una mayor conexión entre aportes y beneficios de cotizantes, respetando el principio de la “equidad individual”.

La promesa del nuevo sistema era clara: permitiría obtener mejores pensiones, mejor cobertura, un adecuado premio al esfuerzo personal, y de paso, ayudaría a elevar las tasas de ahorro en el país y profundizar el mercado de capitales, incluyendo la promesa de que los trabajadores recibirían el 80% de su sueldo promedio.

Sin embargo, después de 35 años de vigencia de este modelo de pensiones, el diagnóstico es preocupante y contundente: se registra un severo problema en el monto de las pensiones pagadas, lo cual se extenderá durante los próximos años, condenando a gran parte de los jubilados de Chile a la pobreza y vulnerabilidad. Más aun actualmente que bajaron las pensiones en un 2% porque se especula que los chilenos “vivimos más”.

El sistema consiste, como ya lo dijimos, en un ahorro forzoso del trabajador, en el cual la AFP le quita al trabajador el 10% de su remuneración mensual, estos fondos son invertidos en empresas nacionales y transnacionales con el fin de aumentar los capitales y con la promesa de que el trabajador recibirá al momento de jubilarse lo que le corresponde a sus ahorros e incluso “podría recibir más de lo que ahorró” por el crecimiento económico que traerían las inversiones que se hacen con los fondos, hecho atribuido a la “magia del mercado chileno e internacional”. Siendo así lo dicho por nuestros “expertos economistas”, el 2013 las pensiones de los jubilados en promedio no superaban los 183 mil pesos y en la actualidad con las precarias condiciones de trabajo, subcontrato, cesantía y trabajos sin contrato, se estima que el 70% de la población en algunos años no recibirá más que la pensión mínima (123 mil pesos) y muchos no serán “beneficiados” por el sistema, quedando a manos de la pensión solidaria del estado.

Entendemos con estas cifras lo miserables que son las jubilaciones de los trabajadores de Chile.

¿Dónde está el dinero de los trabajadores y en qué se invierte? ¿Cuánto ganan las AFP y qué rentabilidad tienen?

El capital que manejan las AFP es invertido en grandes empresas como CENCOSUD, ENDESA, FALABELLA, COPEC, etc. También instituciones financieras como Banco Estado, Banco BCI, Banco Santander, etc.

Es decir, nosotros le damos nuestro dinero a las AFP, ellas se lo prestan a estas grandes empresas e instituciones, estas instituciones en parte financiadas con nuestro dinero son las que nos venden sus productos (electrodomésticos, ropa, cosmética, alimentación, etc), nos hacen endeudarnos con grandes tasas de interés y nos ofrecen sus servicios (créditos de consumo, hipotecarios, préstamos, avances en efectivo, etc) mientras nosotros les paguemos otro porcentaje variado de nuestro sueldo más el que le dan las mismas AFP.

Respecto a los principales grupos económicos que existen en Chile, se puede constatar que las AFP invierten más de US$6.500 millones en 7 empresas del grupo Luksic y US$4.500 millones en 9 empresas del grupo Matte. Por otro lado, a Cencosud de Paulmann le tocan US$1.850 millones, a AntarChile y filiales del grupo Angelini, US$1.670 millones e, históricamente, bastante combustible se bombeó para los Grupos Penta y Soquimich.

Mientras la rentabilidad de las AFP llega al 30%, el fondo de los trabajadores apenas alcanza un 5%. Con esto nos damos cuenta, de que el sistema de AFP no está creado para entregar a los trabajadores una jubilación concorde a sus ahorros, si no que para usar este ahorro forzoso para aportar al financiamiento de los grandes grupos económicos que dominan el país y la mantención del sistema neoliberal, condenando a los trabajadores y trabajadoras a una jubilación precaria e indigna.






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