Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

De chupamedias, paraísos fiscales y cuentas en Bahamas

El sinceramiento, que se llama ajuste. Francisco, la pobreza y las inversiones esperadas. Las CGT y las razones de la tregua.

Domingo 29 de mayo de 2016 | 09:36

Julio Blanck se regocija con la tregua establecida entre el gobierno y las burocracias sindicales. Hugo Moyano y Andrés Rodríguez parecen haberse convertido en los referentes del periodista de Clarín, que narra el enojo del líder camionero en un programa de televisión: “Hugo Moyano lo dijo con modales florentinos. ‘Los que nos piden un paro son los que les chupaban las medias al gobierno anterior’. Se refería a los sindicalistas, políticos y periodistas que cacarearon dos semanas reclamando huelga general en respuesta al veto de Mauricio Macri a lo que se dio en llamar ley antidespidos. Difícil correrlo a Moyano con la vaina. Y menos los que comieron abundante de la mano del poder kirchnerista y de tan atorados que estaban se olvidaron de hablar de lo que pasaba más allá del relato”. Para Blanck, el principal motivo de Moyano y cía. fue el aumento del salario mínimo (que llegaría a $8.000 recién en enero) y el pago de la deuda del Estado con las obras sociales.

Con respecto al líder de UPCN, dice: “El lunes fue la estrella sindical del encuentro del Presidente con los gremios estatales. Venía de cerrar un aumento del 31% en la paritaria, que es la referencia para el resto del sector público nacional. La sede de UPCN, su gremio, fue el lugar de la reunión del último viernes, cuando las tres CGT descartaron de plano el llamado a un paro nacional contra el veto a la ley antidespidos”. Rodríguez es responsable de que miles de trabajadores estatales hayan quedado en la calle, ya que el gremio que conduce, mayoritario en ese sector, no movió un dedo contra los despidos. Hay que decir que con el gobierno anterior ya venía firmando paritarias a la baja y coartando cualquier expresión gremial opositora, por lo cual habría que catalogarlo como un “chupamedias serial”.

Eduardo Van der Kooy también está más relajado. Lejos de otras editoriales en las que venía aconsejando a Macri sobre diversos aspectos, esta vez arranca: “El debate ha concluido por el momento. Mauricio Macri tiene una convicción: está en condiciones de capear con herramientas políticas propias la inclemencia económico-social del segundo cuatrimestre. El lapso que transcurre entre ajustes, inflación y sufrimientos populares. Nada de acuerdos extraordinarios con los opositores. Sobre todo, con el peronismo. Pactos normales con todos ellos, según lo aconseje cada situación”.

Ya sin pelos en la lengua llama al “sinceramiento” por su verdadero nombre y aprovecha para recordarle al gobierno algunos temas pendientes: “Otro incordio para el macrismo está en la calle. El ajuste ha provocado un aumento natural de la conflictividad social. Un estudio de la consultora Diagnóstico Político informó que en lo que va del año se registraron en Capital cerca de tres piquetes por día. La misma consultora concluyó que en 2015 se produjeron 6.500 cortes de calles y rutas en todo el país. No son pocos los políticos del PRO que se interrogan sobre el Protocolo Antipiquetes que no bien asumió el Gobierno comunicó Patricia Bullrich. La ministro de Seguridad advirtió que su apuro había resultado inoportuno. El Protocolo, salvo excepciones, no se aplica. El desorden cotidiano porteño pareciera emular las peores épocas del kirchnerismo. Con el malhumor ciudadano bajo la piel. Pero, ¿cómo cambiar ahora mismo ese paisaje?”

Parte de la respuesta, está en el anuncio de las mejoras en los haberes jubilatorios. Sin embargo, no puede evitar señalar que resulta un poquito contradictorio que el presidente llame a los ricos a traer sus millones al país cuando él mismo los tiene afuera: “La iniciativa empieza a ser envuelta en Cambiemos por un latiguillo –aún en ciernes– que enfila a competir con el relato kirchnerista. “Que los ricos traigan la plata para pagarle a los jubilados”, se entusiasman. Habría todavía un camino largo por recorrer. Tan largo sería que el macrismo se verá acosado por ingratas paradojas. Macri llamó a los argentinos a repatriar capitales para pelear por la pobreza cero. Antes develó que su patrimonio se duplicó en un año. Con una cuenta en el paraíso fiscal de Bahamas. Hubo mucho ruido por al mutismo del PRO”.

Francisco y sus informes

El informe del Observatorio Social de la Universidad Católica ocupa gran parte de los editoriales de hoy, pero en la Nación cobra mayor peso, junto con la visita de Hebe de Bonafini a Jorge Bergoglio. Como es habitual, las palabras y los gestos de francisco dan pie a diversas interpretaciones.

Joaquín Morales Solá intenta acallar los rumores de una mala relación entre el Sumo Pontífice y el gobierno argentino: “¿Por qué interpretar esa reunión como una agresión contra Macri y no como lo que es: un gesto religioso de perdón... Desde que Bonafini ocupó la Catedral de Buenos Aires, Bergoglio se propuso buscar las razones de semejante encono y acercarse a ella. La invitó al Vaticano cuando todavía Cristina Kirchner era presidenta. Bonafini le contestó que todavía no era el momento. Hace poco, Bonafini le escribió para decirle que el momento había llegado para ella. ¿Qué podía hacer el Papa si no renovar la vieja invitación? (…) Exponentes importantes de la Iglesia aseguran tener la impresión de que ni Macri ni el macrismo se proponen distanciarse de Francisco. Tampoco hay ausencia de diálogo entre representantes de Macri y del Papa. El rector de la UCA, monseñor Víctor Fernández (el representante personal más auténtico del Pontífice), suele reunirse con Marcos Peña, con Gabriela Michetti y con Federico Pinedo”.

En cuanto al informe de la UCA, que ubica el nivel de pobreza en un 33 %, Morales Solá lo atribuye en gran parte a la “herencia recibida”: “Hay un vasto sector de la sociedad que no está en condiciones de ingresar al sistema económico por varias razones. En primer lugar, porque son personas que fueron mal alimentadas hasta los 3 o 4 años y eso deja secuelas para el resto de sus vidas (sic). También influye el elevadísimo índice de deserción en la escuela secundaria”. Más allá de lo discutible de estas opiniones, lo cierto es que el gobierno de Cambiemos en Buenos Aires no estaría haciendo demasiado por solucionar las problemáticas de la alimentación y educación de niños y adolescentes, ya que se niega a aplicar el boleto educativo gratuito y bajó drásticamente la calidad de las raciones en los comedores de las escuelas.

Jorge Fernández Díaz, en cambio, se queja. “La falta de política con el viejo vecino de Flores, hoy uno de los máximos líderes del planeta, le salió carísima al Gobierno: de sobrepique los vicarios de Pedro denunciaron que el plan de Prat-Gay había creado más de un millón de pobres, y en los últimos 20 días su Iglesia se transformó en el gran partido de vanguardia de los reclamos”. Llamar a la Iglesia de ese modo es un tanto exagerado. Después de todo, como bien dice Julio Blanck, “En el documento que emitió la Pastoral Social del Episcopado [el 25 de mayo N. de R.] se alertó sobre ‘la fragilidad de la condición laboral de miles de hermanos’. Bien vista, fue la formulación más moderada, y quizás más precisa, acerca de la situación del empleo”. No parece muy de vanguardia que digamos.

Fernández Díaz ve peligrosa la preocupación que Francisco transmitió a los obispos del Consejo Episcopal Latinoamericano por los conflictos sociales, económicos y políticos de Argentina, Venezuela y Brasil. “No hay todavía un informe de daños, pero es indudable que la mención pública de un papa, y encima argentino, no llevará mucho sosiego a los inversores que intentamos seducir para que vengan y generen trabajo”. Y más aún, la alarma papal por el presunto revanchismo del gobierno. “Este delirio (el Estado sigue plagado de kirchneristas en todos sus niveles) obliga a repensar los pasos que debió dar el nuevo gobierno para no herir la sensibilidad papal. ¿Debió abstenerse Macri de despedir a los militantes de la Operación Copamiento y a los vergonzosos ñoquis que fueron conchabados a última hora? ¿Debió mantener el cepo judicial para que los jerarcas cristinistas no fueran imputados? ¿Debió impedir que la justicia federal indagara los negocios turbios de Milagro Sala? ¿Debió ocultar la herencia recibida y no remover los obscenos símbolos del culto a la personalidad?”.

La paja en el ojo ajeno

En Página12 Horacio Verbitsky realiza una crónica, entre otros eventos, de la condena a los responsables políticos de la represión en diciembre de 2001. En el relato sobresale esta frase: “El valor histórico y político del veredicto es obvio: el Estado de sitio no puede asimilarse a carta blanca para hacer cualquier cosa, dato de especial relevancia ahora, con un gobierno que comenzó regando proyectiles policiales sobre trabajadores en conflicto y niños que ensayaban un festejo de carnaval, sancionó un protocolo represivo de la protesta social y valló la Plaza de Mayo para que la realidad social no perturbara la celebración presidencial del día de la Patria”.

Vale recordarle al periodista que el gobierno de Cristina Fernández, a pesar de no haber utilizado la figura del estado de sitio, sí apeló a la represión a la protesta social, por ejemplo, utilizando a la Gendarmería, bajo el mando de Sergio Berni, para reprimir brutalmente a los trabajadores de Lear y a los de la línea 60 que reclamaban por sus puestos de trabajo, así como para ocupar los barrios de Rosario para detener a los “soldaditos” y no a los jefes del narcotráfico. Y vale recordar que Néstor Kirchner también valló la Plaza de Mayo, en el 2005, para impedir que una masiva marcha multisectorial que reclamaba aumentos salariales llegara a la Casa Rosada. Además, en provincias gobernadas por el FpV (Tierra del Fuego y Santa Cruz), la represión a la protesta social se hace de manera abierta y desembozada. Nada que el macrismo no aplique a escala nacional.

Mario Wainfeld pronostica reacomodamientos en la “dirigencia opositora tibia”, dentro de la cual ubica a los “condenados a representar”: gobernadores, Gioja (en su calidad de presidente del PJ) y los popes de las CGT. Casi todos ellos, aliados de los gobiernos kirchneristas. “Con el empuje de la victoria el macrismo sacó provecho de la derrota del Frente para la Victoria (FpV). Consiguió cooptaciones o divisiones de bloque en los parlamentos nacional y bonaerense, una tregua con las dos CGT y gestos de transigencia de los gobernadores”.

Con respecto a las CGT, puntualiza que “‘condenados a representar’ bancaron la Ley de Emergencia ocupacional y promovieron un acto imponente el 29 de abril. Las marchas de protesta, sectoriales y masivas, se suceden semana a semana. También los paros por empresa, que describen la condición actual de los laburantes”. Un reconocimiento al poder que supo conquistar el movimiento obrero a pesar del peronismo y a pesar de sus conducciones gremiales. Una fuerza que podría ponerle un freno al ajuste y a los despidos pero que, sin embargo, por lo conservador de sus direcciones tiene límites hoy para enfrentar ese ataque.







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