Géneros y Sexualidades

EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL

Daniela Bombin: “Hablar en el aula de sexualidad y diversidad genera hermosos debates”

Es docente de tercer grado en La Plata. Por primera vez tiene una nena trans entre sus estudiantes. Cómo es educar para la libertad cuando el Estado y sus cómplices se niegan a aplicar la Educación Sexual Integral.

Daniel Satur

@saturnetroc

Valentina Litt

Trabajadora estatal | La Plata

Miércoles 3 de octubre | Edición del día

Daniela Bombin: “Hablar en el aula de sexualidad y diversidad genera hermosos debates” - YouTube

Daniela Bombin es docente de educación primaria. Trabaja en una escuela pública de la ciudad de La Plata, en un tercer grado. Con su beba en brazos (la menor de cinco hijos e hijas) recibió en su casa a La Izquierda Diario para conversar sobre un tema que desde principios del año lectivo le viene transformando varias rutinas y más de una clase.

Es la primera vez que Daniela tiene en su aula a una estudiante trans. Pero además fue en el medio del período escolar que su alumna decidió cambiar su nombre, acorde a su autopercepcion de género.

La conversación, entonces, no es solo sobre las dificultades de la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas y sobre las condiciones complejas de trabajo que ello implica. También Daniela habla de qué le pasa a ella, conduciendo un grado de niñas y niños de entre 8 y 9 años en el que alguien tomó esa decisión trascendental, desafiando muchos sentidos comunes y, sobre todo, poniendo blanco sobre negro lo que es la libertad y el derecho a la identidad autopercibida.

Por obvias razones, no se menciona el nombre de la escuela.

“Desde el primer día sentí que era nena”

¿Habías tenido, antes de conocer a la nena, alguna experiencia previa con estudiantes trans?

  •  No. Es la primera vez que tengo en el aula una nena trans.

    ¿Cómo fue tu encuentro con esa situación nueva?

  •  Desde el primer día que la conocí la sentí nena sin saber. Sus movimientos, sus formas, todo. Me acuerdo que el primer día de clases, cuando empecé a pasar lista y dije su antiguo nombre, me dijo “presente” y yo me quedé... Seguí pasando lista y pensé “bueno, es así, es su forma de ser”. Con el correr del tiempo se fueron acercando otras docentes y directivos que me hacían comentarios sobre ella, alternando el uso del artículo masculino y del femenino. Yo les respondía que sí, que cuál era el problema, y enseguida decían “no, nada, nada”.

    Yo era nueva en la escuela y como nadie me decía nada esperaba que en el algún momento alguien me pusiera al tanto. Un día se acercó Natalia, la mamá, y me comentó la situación. Preguntó si sabía algo y le respondí que no, porque en verdad nadie me dijo nada y todo hay que investigarlo individualmente. Lo tomé naturalmente, como es mi forma de ser. No tengo prejuicios en ese sentido y así lo tomé.

    ¿Qué cambios tuvo ella a lo largo del año?

  •  Entre ese primer día y hoy, hubo un montón de cambios en ella. Cuando la conocí era más introvertida, callada. Siempre buscando su lugar para sentarse, para compartir las cosas con sus compañeros y compañeras. Yo siempre la dejé que elija. Por ejemplo, al formar la fila ella siempre iba para el lado de las nenas.

    ¿Cómo se vivió en el aula el cambio a su nombre autopercibido?

  •  Yo me acerqué un día y le pregunté si había pensado en algún momento cambiarse el nombre, si le gustaría. No sabía si me estaba metiendo en un terreno complicado o no, pero veía que estaba todo dado y que faltaba ese paso. Entonces se quedó mirándome y me dijo que sí, que estaba pensando en un par de nombres nuevos. En esa conversación que empezamos a tener yo quería decirle “ella” pero no me animaba del todo. Pero faltaba ese paso. Faltaba que ella se plantara y dijera “me llamo así”.

    Y fue recontranatural. Fue hermoso ese momento en el que entraron con su mamá, con parte del gabinete y de los directivos y lo dijeron en el aula. Y fue ella misma recontrabuena, porque dijo “no importa si se equivocan mi nombre, porque esto es nuevo”.

    ¿Cómo reaccionaron las chicas y los chicos?

  •  Todos se quedaron encantados y empezaron a nombrarla por su nombre nuevo. Cada tanto alguien se equivocaba pero no importaba. La reacción de las compañeras y los compañeros fue muy buena. Actúan con espontaneidad y es lo que son. Muy bien, no hubo ninguna crítica ni nada.

    Educación sexual para decidir

    ¿Cómo afrontaste el tema desde lo pedagógico?

  •  Yo ya venía trabajando en el aula un poco sobre diversidad de género, compré libros que me ayudaron a abordar el tema en clase. Los cuentos siempre nos marcan en estos primeros años de la vida, indican la cultura, la sociedad, la forma de ver las cosas, de sancionar o no algo. Y bueno, con cuentos novedosos, con imágenes, se fueron enganchando a debatir y a tomar las cosas de otra manera. Yo tengo otro trabajo, no vivo solo de la docencia, y gracias a eso puedo aportar mucho más, comprando materiales que me permiten abordar el tema.

    ¿Y hay interés en chicas y chicos de 9 años en debatir esto?

  •  ¡Totalmente! Siempre que se trata el tema de la sexualidad, de diversidad, de la identidad, de los gustos, se generan muy buenos debates en el aula. Más de una vez tengo que “dejarlo ser”, las charlas se extienden, hay muchas preguntas y respuestas. Y hay mucho de vivencias que ellas y ellos expresan muy libremente. Creo que debería darse al menos una hora semanal de ESI en las aulas, a las chicas y los chicos les encanta. Son ellos mismos lo que lo piden con sus preguntas cotidianas.

    ¿Cuáles son las mayores trabas que ves para aplicar la ESI en el aula?

  •  Pongo un ejemplo. En una reunión de padres (a la que no había ido Natalia pero le había consultado antes si podía hablar del tema y ella me dio toda la libertad para hacerlo) planteé la necesidad de la aplicación de la ESI en el aula y que yo iba a trabajarla. Ahí todas las mamás y los papás dijeron en la reunión que estaba bien pero después, a solas, algunos me manifestaron ciertos reparos, incluso me dijeron que eso no era ley y hasta preguntaron cómo podía ser que un chico o una chica de tan corta edad pudiera elegir su identidad. Todo eso tiene que ver, evidentemente, con una ignorancia general sobre el tema y con los miedos que hay en algunas familias, que se traen desde la infancia, de las costumbres.

    La ESI podría aplicarse de forma transversal en todas las materias. Yo la doy con cuentos y de ahí paso a las prácticas del lenguaje. Y también se puede dar mucho en el área de sociales. En la escuela donde me recibí, una reconocida escuela de La Plata, siempre se trabajó con la ESI. Desde primero a sexto año se trabaja todos los días de la semana con la temática. Pero eso no es así en todos lados.

    ¿Antes de conocer a la nena sabías que existía la Ley de Identidad de Género?

  •  No. Si bien sabía que existían normativas relacionadas con el género, hasta que tuve el caso de ella en el aula siempre había ignorado la existencia de la Ley de Identidad de Género.

    Por lo que contás, todo tu recorrido lo hacés sola, por tu propia voluntad

  •  Yo toda esta búsqueda la hice sola. Nunca tuve apoyo en cuanto a programas, a proyectos y perfeccionamientos en esta temática. Yo tengo que comprar los libros, indagar en Internet, preguntar por acá y por allá. Pero la diversidad de género debería estar en el diseño curricular como un apartado al nivel del que está el apartado de Inclusión. Lo único que recuerdo es del año 2014, cuando hubo un proyecto para dar cursos a los docentes sobre este tema. Ese curso yo me lo perdí, era suplente en otra escuela y no podía faltar para hacer el curso. Solo pudo ir mi maestra de apoyo. Me quedé con las ganas. Después nunca más tuvimos una herramienta de ese tipo.

    ¿Y cómo ves a tus compañeras y compañeros?

  •  En muchas de mis pares, tal vez por ser convencionales o tradicionales, no hay siquiera la curiosidad de saber sobre el tema, de indagar y prepararse. Te lo dicen, incluso, “¿para qué? ¿Qué ganás?” A mí me movió la curiosidad y la necesidad de romper con ciertas posturas que traía de mi infancia. Por mis cinco hijos (tengo desde adolescentes hasta una bebé), tengo que abrirme. Si no me abro ahora, quedé en la historia. Voy a ser un dinosaurio.

    ¿Por qué pensás que hay tanta resistencia a aplicar la ESI?

  •  Desde arriba, desde el Ministerio, hasta los mismos directivos de las escuelas, creo que eso es así por los temores a enfrentarse con las familias, a las madres y los padres, que les impiden plantarse y decir “mamá, papá, esto es así por tal y tal motivo, vamos a sentarnos y charlar”. Pero como no es así, pasa que en el aula das algo y después en la casa dicen “ah, mirá lo que enseña tu seño”.

    El futuro llegó

    “Creo que gracias al movimiento feminista y a un montón de luchas sociales que se vienen generando año tras año, la cosa va cambiando”, dice Daniela promediando la conversación con La Izquierda Diario.

    ¿En qué cosas te apoyás para abordar esta temática en tu aula?

  •  Yo me fortalezco en lo humano, en la persona y en el respeto. Esa es mi base, el respeto al otro aunque piense distinto. Escuchar e intercambiar ideas, qué necesita la otra persona. Yo lo vi en esta niña y por eso me atreví a preguntarle si quería y si iba a cambiarse el nombre. Y una vez que eso pasó ella cambió en cuanto a la libertad, es toda una nena, libre en su desarrollo. Ya no está callada, sentada en su banco, pensando qué le pueden decir o no. Es un ser nuevo.

    ¿Y qué cosas son las que te la hacen más difícil?

  •  Lo que no me ayuda son las personas que oprimen. Empezando por el propio Ministerio de Educación hasta lo más bajo. Cuando te dicen “tené cuidado con esto, esto no lo dés, no te mandés sola, a ver qué van a decir los padres, tenemos que hablarlo” y no te dan ninguna herramienta necesaria para abordar estas temáticas. Eso no te ayuda y te cierra las puertas. Y llegan a escudarse desde arriba diciendo que prefieren que no para no “comerse un sumario”.

    En este sentido, ¿qué fue lo más “loco” que te pasó?

  •  Natalia, la mamá, quiso dar una charla para todas y todos los docentes y se lo negaron. Prohibieron que ella vaya al colegio a socializar y a contar cuestiones que hacen a la vida cotidiana de la escuela. Eso es fuerte. Cualquier padre puede ir a dar una charla de acuerdo a lo que sabe. Un médico, un biólogo o lo que fuera pueden dar una charla. Se puede dar una charla sobre las plantas pero de la diversidad de género, de la sexualidad, de eso tan esencial e interior de las personas que es elegir quién sos, se censura.

    ¿Qué opinás de la campaña “Con mis hijos no te metas”?

  •  La conozco por las redes sociales. Por suerte a mí todavía no me tocó escucharla en la escuela. Es terrible. Y creo que, además de haber acá un posicionamiento religioso dogmático (al que yo considero insano) hay un posicionamiento político. Vos podés tener tu creencia, tu religión, tu religare, tu llegar al espíritu; pero otra cosa es hacer lo que están haciendo políticamente. Y además se dicen cosas que no son ciertas, como que se desnuda a los chicos y se les muestran las partes íntimas. Nada que ver. Creo que esa campaña no puede prosperar mucho. Somos más lo que creemos en lo otro.

    Es más, creo que en el futuro esto que estamos hablando va a estar en la currícula, va a estar supernaturalizado, se va a dar, se va hablar y va a ser como tiene que ser.

    ¿Cómo te imaginás ese futuro respecto a este tema?

  •  Yo creo que quien vea esta entrevista dentro de diez años va a decir “¿qué están diciendo? Mirá lo que dicen”, jaja. Sí, va a ser para risa. Creo que va a estar mucho más aceptado. Ya se ve esa mezcla de colores en el pelo, las vestimentas, las formas de hablar. Yo intercambio mucho con mi hija adolescentes y lo importante es que sepa que quiero que sea ella, que busque su autenticidad frente a todo, que tenga esa garra interna y que no sea “igual a”. Y siempre llevando su bandera, su ser. Si ella quiere ponerse el pelo o la ropa de una forma determinada, que sea. Y eso en la escuela pública tiene que ser algo básico.

    ¿Usás el lenguaje inclusivo?

  •  No me acostumbro del todo pero un poco lo voy usando. Sí digo desde el vamos “todos y todas”.La nena me dijo un día “no importa seño, si dice todos y todas ya está”, y me enseñó ella a mí.

    Del rosario a los ovarios

    ¿Cómo eras de chica respecto a este tema?

  •  Cuando yo era chica era extremadamente católica, mal, a la ultraderecha. Además era retímida, muy introvertida. Iba a la Iglesia todo el tiempo, incluso de mi familia era la que iba sí o sí a misa. Pero por suerte me fui criando y buscando de acuerdo a mis propias vivencias.

    Por eso mi consejo es que nunca dejemos de buscar, de ser curiosos, de buscar la verdad y el bien común. A mí lo que siempre me llevó adelante fue eso. Hay leyes que hablan tanto de la diversidad como de la inclusión pero no se dan las capacitaciones y las herramientas pedagógicas necesarias para aplicar esas leyes. Eso me desespera y busco todo el tiempo cómo pueden hacer mis estudiantes para aprender integralmente.

    ¿Debatiste en ese tercer grado sobre la legalización del aborto?

  •  Sí, lo hablamos en el aula. Y salieron muchas cosas interesantes. Un nene una vez vino y me dijo “dice mi papá que usted no tiene que hablar de política”, porque habíamos hablado del aborto. Pero ese papá nunca se acercó a decirme nada a mí. Yo estoy a favor de la legalización. Me acuerdo que cuando fui con el pañuelo verde a la escuela algunas nenas y nenes empezaron a decirme “seño, usted no, porque mi papá dice...”, y contaban los debates de familia.

    Lo importante es que abriendo el tema una puede explicar por qué está a favor, respetando a quienes piensan distinto y pidiendo respeto a quienes se cierran en sus pensamientos. En el debate había quienes estaban a favor y quienes se mantenían más bien en la neutralidad, que no sabían ni de qué se hablaba.

    ¿Y qué opinás de la campaña por la separación de la Iglesia del Estado?

  •  Estoy muy a favor. Si eso se concreta creo que todo estaría mucho mejor. Escuchando a la otra campana, ves que hay gente que dice que si eso pasa todo va a ser “un caos”, que va a haber un “degeneramiento” total. No, va a ser lo que es, lo que fue y lo que será. Me parece muy bien que ambas cosas se separen, porque se están sosteniendo cosas que no queremos. ¡Cerraron el Ministerio de Salud! ¿Cómo es la cosa? ¿Cerramos lo que es necesario para el humano mientras sostenemos religiosos? ¿Por qué el Estado debe sostener el catolicismo?

    Muchas de las trabas que hoy hay en la escuela pública se destrabarían si se separaran la Iglesia del Estado.

    ¿Qué mensaje le das al resto de las y los docentes?

  •  Les diría que hay que luchar, hay que pedir, no hay que quedarse. Yo puedo luchar desde mi lugar, no pueden pasarme por arriba. A mí me paga el Estado, soy un agente del Estado y quiero hacer valer mis derechos y el derecho de mis estudiantes. Lo mismo con los directivos de las escuelas, no todo depende del Ministerio ni de los inspectores. Hay escuelas en las que se abren las puertas a toda la comunidad educativa y eso es muy bueno.





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