Sociedad

IGLESIA Y ABUSOS SEXUALES

Daniel Sgardelis: “Además de los abusos, en el Provolo nos pegaban y nos hacían trabajar”

El primer denunciante de los abusos sexuales cometidos por el cura Nicola Corradi en La Plata declaró ante la Justicia. Aquí cuenta su experiencia y pide cárcel para todos los curas y las monjas culpables.

Daniel Satur

@saturnetroc

Lunes 2 de enero | 00:14

Para el entrevistado la lengua de señas es un verdadero "grito en el silencio"

Daniel Sgardelis tiene 42 años. Nació y vive en Tartagal, Salta. Pero su infancia y adolescencia las pasó en La Plata, estudiando y viviendo en la sede que el Instituto Antonio Provolo (fundado en Italia) tiene en la capital bonaerense. Allí estuvo entre 1981 y 1995.

Daniel tardó años en poder confesar que durante todo ese período, junto a otros niños sordos, sufrió abusos sexuales, castigos y maltrato de parte de curas y monjas. Su primer testimonio público fue a través de un video casero. “Hace cuatro años había publicado un pedido por Youtube para que hagamos la denuncia y no se me prestó atención”, dice a La Izquierda Diario. Por eso ahora se siente fortalecido porque entiende que su verdad, la que quiere que todos sepan desde hace décadas, finalmente puede salir a la luz.

Durante los años que Daniel pasó en el Provolo platense un hombre gobernó las vidas y las voluntades en el instituto. Era Nicola Corradi, el cura italiano que había sido trasladado al otro lado del Océano Atlántico cuando las violaciones cometidas por décadas en la sede de Verona se habían vuelto inocultables. Muchas de sus víctimas infantiles ya eran adultas y habían empezado a hablar. Es el mismo Corradi de 82 años que desde fines de noviembre está preso en Mendoza, junto a su “colega” Horacio Corbacho, tras ser denunciados ambos por abusos sexuales a niñas y niños sordos en el Provolo de Luján de Cuyo. En La Plata Corradi estuvo de principios de los 80 hasta fines de los 90.

“Eso no puede seguir sucediendo, le van a seguir arruinando la vida a más personas. Tenemos que salvar a los futuros niños”, dijo Sgardelis a este diario horas después de haber declarado (vía teleconferencia) ante el fiscal Fernando Cartasegna de La Plata, quien tomó la investigación sobre el Provolo de la capital bonaerense tras el escándalo destapado en Mendoza.

Su experiencia con Corradi y sus cómplices, los abusos de todo tipo contra él y otros niños sordos, los difíciles años que siguieron y la necesidad de que todos los culpables vayan presos; fueron los ejes de la conversación que Sgardelis tuvo con La Izquierda Diario y que aquí se reproduce, previo agradecimiento por su colaboración a Verónica Mercado, intérprete de lengua se señas.

“Siento que salió la opresión”

¿Cómo te sentís después de haber declarado ante la Justicia de La Plata?

- El miércoles 28 viajé desde Tartagal a Salta Capital y declaré por teleconferencia. Se venía demorando un poco la declaración pero finalmente se hizo. Aunque estaba muy nervioso quería declarar sí o sí. Por suerte saltó lo del Provolo de Mendoza para que yo también pueda declarar. Siento que estoy listo, no tengo miedo. Próximamente vamos a tener una entrevista personal con el fiscal en La Plata.

¿Qué tipo de declaración tuviste ante Cartasegna?

- El fiscal me preguntó quiénes son las personas que habían abusado, así que le dí los nombres de quienes no solamente abusaban sino que también maltrataban a los chicos sordos, al menos desde 1981 que estuve yo. Antes y después no lo sé, pero hay muchos adultos que han sufrido y siguen sufriendo sin decirlo. Yo siento que esta opresión ya salió. Mi vida se arruinó con todo esto, era como una oscuridad. Y ahora que se está moviendo la causa es como que están dando luz a esto después de tantos años de abusos. Yo hace cuatro años había publicado un pedido por Youtube para que hagamos la denuncia y no se me prestó atención.

¿Creés que tu testimonio va a ayudar a que otras víctimas de Corradi y Corbacho se animen a hablar?

- Sí. A raíz de lo de Mendoza yo hice una publicación en Facebook y muchas personas sordas se comunicaron por privado conmigo para decirme que era verdad lo que había pasado y lo que yo estaba contando. Lo que pasa es que por ahí no saben cómo comunicarse. Entonces yo dije “voy a ser el primero en denunciar” y a todos los que se comunicaron conmigo les dije que vayan a la fiscalía, donde van poder buscar intérpretes y denunciar.

Debe ser difícil dar ese primer paso

- Hay algunos que quieren hacerlo anónimamente, es decir que no se divulguen sus caras y sus nombres, porque tienen miedo. De hecho algunos están siendo amenazados. Yo respeto esa decisión pero les digo que no tengan miedo, que sean fuertes y vayan a denunciar. Que gracias a lo que pasó en Mendoza podemos denunciar en mejores condiciones. Fijate lo que pasó en Italia, que la historia de abusos sigue. Y eso no puede seguir sucediendo porque le van a seguir arruinando a futuro la vida a más personas. Tenemos que salvar a los futuros niños. Sólo así nosotros vamos a poder estar tranquilos.

¿Esas personas con las que hablaste están en La Plata?

- Muchas sí. Cuando yo vaya a La Plata me voy a encontrar con algunos de ellos y les voy a decir que vayan a declarar. Yo creo que en febrero o marzo, de a poco, vamos a ir logrando que hablen. Yo sé que muchos han llorado y han sufrido mucho por esto. Trato de tranquilizarlos y les digo que denuncien. Algunas personas no fueron abusadas sino que fueron maltratadas y quieren denunciar igual. Hay personas, que yo di nombres y apellidos ante el fiscal, por ejemplo una persona de apellido Brítez, que son responsables de los maltratos y abusos. Esas personas van a seguir siendo denunciadas.

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Doble cara, doble vida, doble moral

¿El caso del Provolo puede ser más grande de lo ya se sabe?

- Yo creo que sí. Hay muchas cosas graves. Yo estuve entre 1981 y 1995 y pasaron muchas cosas graves. Yo no sabía que Corradi se había ido a fundar otra sede en Mendoza, cuando me enteré me dio mucha bronca e impotencia porque pensé que lo mismo que había pasado en esos tiempos en La Plata iba a pasar en Mendoza. Y ahora sale a la luz que allá hay muchos casos de personas lastimadas y que por eso lo apresaron a Corradi.

¿Cómo lo recordás a Corradi?

- Era una persona muy manipuladora, no era para nada un buen sacerdote. Tenía una doble cara. Hacia afuera era como un ángel y hacia adentro era lo peor. Además manejaba mucha plata. Yo veía que viajaba a Misiones, a Córdoba, que gastaba mucha plata y cada vez que se iba yo pensaba que no iba a hacer nada bueno. Todos saben que todo esto se manejaba en secreto. Lo mismo pasaba en el Provolo del barrio de Flores de la Ciudad de Buenos Aires, donde todas las monjas sabían de esto. Hoy muchas personas me están mandando mensajes diciendo que desde los años 70 y 80 en adelante fueron maltratados.

De todos modos, ahora que lo apresaron me sorprendí de tantas cosas horribles que hizo a tantos chicos, que haya abusado de tantos. No puedo creer que hayan seguido con esto todos estos años.

Vos decís que él y sus cómplices le arruinaron la vida a mucha gente

- Sin dudas. A muchas personas sordas les han perjudicado la vida. E incluso algunos se han suicidado, tirándose al río o a las vías del tren. Y eso fue porque sufrían mucho y no podían contar todo lo que les había pasado, no se podían comunicar con sus familias. Incluso otras personas se les burlaban. Entonces iban acumulando sufrimiento. A mí también me pasó. Yo casi me suicido. Recuerdo que salía a la calle desnudo, en medio del frío, mi papá me retaba y yo le decía que me quería morir. Todo eso pasamos quienes fuimos abusados durante tantos años en el Provolo.

Y también decís que además de abusos sexuales el maltrato era generalizado

- Sí. Algunos chicos no sólo eran abusados sino también maltratados, golpeados. Y si esos chicos reclamaban o decían algo los expulsaban, los mandaban a sus casas o a otras provincias. Por eso algunos terminaron teniendo muy mala vida, con adicciones y violencia. Es que han sufrido mucho y nunca encontraron una solución a todo lo que vivieron. En muchos casos terminaron siendo las partes “negativas” de las familias, pero nadie sabía qué es lo que a ellos les había pasado realmente. Ojalá pudieran saberlo para ayudarlos y contenerlos.

Mi mamá, por ejemplo, cuando descubrió esto que me pasó me contuvo. Ella me decía que en definitiva pagaba al Provolo una cuota mensual para que me dieran mala vida, mala alimentación, maltrato y abuso. Se han burlado de tantas familias. Las monjas recibían toda esa plata ¿y a dónde iba esa plata? Porque a nosotros no nos daban de comer, nos maltrataban, con palos nos pegaban y después iban a seguir rezando. ¿Cómo nos podíamos defender nosotros?

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“Que no haya más curas y monjas en el instituto”

¿Qué te dijo el fiscal Cartasegna en cuanto a cómo sigue la causa?

- Él se contactó con Mendoza y están trabajando en conjunto la causa del Provolo. El fiscal me dijo que van a seguir investigando porque hay muchas cosas ocultas, hay muchas personas que tienen miedo y no se animan a denunciar. Yo me comprometí a colaborar diciéndoles a esas personas de La Plata que vayan a denunciar.

¿Vos estás convencido de que en La Plata hay mucho por investigar?

- Yo sé que en La Plata el Instituto Provolo ha crecido mucho, ha cambiado de infraestructura, se unió con un colegio que se llama Santa María y allí también a los chicos sordos, cuando deberían estar estudiando, las monjas los hacían trabajar, limpiar y demás cuestiones. Por eso creo que se tiene que ampliar la investigación, porque las monjas y los curas, las dos imágenes de la Iglesia, eran las que perjudicaban a los sordos. Hacia afuera, repito, todo estaba bien y hacia adentro todo era un infierno.

Ahora nos podemos sentir apoyados. Ojalá sean todos investigados y vayan todos presos. Eso le pedí en mi declaración al fiscal. Porque cuando estén presas los sordos van a tener más confianza en ir a denunciar y ahí vamos a poder tener alguna retribución por todo este daño que nos han hecho.

Desde que expusiste tu caso ¿qué tipo de solidaridad recibiste?

- Realmente me sorprendió mucho el apoyo que se me dio. Algunos no sabían o tenían dudas. Pero cuando salió a la luz lo de Mendoza empezaron a solidarizarse. Me decían que creían que el Provolo era una institución ejemplar. Ahora muchos quieren que el Gobierno tome las riendas en el Provolo y saque de allí a la Iglesia, que no haya más curas y monjas en el instituto.

¿Qué pensás de toda esta historia, de los abusos pero también de los encubrimientos de la Iglesia?

- Yo veo que adentro del Provolo los curas descargaban todas sus calenturas con los chicos. Todo lo que pasaba era horrible. Ahora es como si Dios por fin nos viera. Así como pasó en Mendoza, donde entre 60 y 70 víctimas ya están denunciadas y se dieron muchos testimonios, así queremos que pase con el Provolo de La Plata. No sé bien cuántos casos serán. Conozco a algunas personas que ya no están, que murieron, algunas se suicidaron por todo lo pasado.

Pero yo sé que el Papa sabe de esto que pasaba. ¿Por qué ocultaron todo y dejaron que Corradi viniera de Italia? Había muchos antecedentes en Verona. ¿Por qué lo mandaron para acá? Eso es lo que tenemos que saber. A mí me arruinaron la vida ya, pero no quiero que le arruinen la vida a más niños. En Paraguay hay otros institutos Provolo y también en Bolivia. Deberían sacarle a esa congregación el permiso para que no tengan más instituciones educativas para niños sordos, porque los van a seguir maltratando.

Otra cosa importante, necesitamos que no se les prohíba a los niños el uso del lenguaje de señas. No puede suceder lo que nos pasó a nosotros, que nos prohibían la lengua de señas. Eso va degenerando el intelecto de los chicos, lo que sumado al maltrato recibido hace que todo sea negativo para los chicos.

¿Qué le dirías a las y los sobrevivientes que aún se sienten temerosos de hablar?

Yo les digo que entiendo que tengan miedo, pero que estén tranquilos. Si no quieren salir en la prensa, con nombre y apellido, igual el fiscal les va a tomar la denuncia.


En el Instituto Provolo no se les permite a las niñas y los niños sordos usar la lengua de señas . Por eso tantos estuvieron y están sumidos en el silencio. Para Daniel y otros sobrevivientes la lengua de señas se transformó en un grito como pedido de justicia






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