Política

SANTA FE

Daniel Aguilar, Liliana y una realidad social al desnudo

El mismo día en que se cumplía un nuevo aniversario de la muerte de los jóvenes obreros metalúrgicos de Acindar, Alfredo Dianda y Nicolás Correa, otro metalúrgico, también joven, también santafesino, esta vez de Rosario, sufrió un brutal accidente en Electrolux.

Viernes 13 de febrero de 2015 | Edición del día

Días después, Daniel Aguilar falleció, despertando la bronca entre sus compañeros. Como suele suceder, empresarios y sindicalistas hacen correr dudas sobre el propio trabajador, víctima del látigo del capitalismo, en lugar de poner la lupa en las condiciones de precarización laboral y en los ritmos de trabajo, que matan trabajadores como si fueran piezas rotas que hay que cambiar. Como telón de fondo, los asesinatos de Franco Casco y Jonathan Herrera en manos de la Policía Santafesina pintan de manera brutal la política represiva hacia la juventud de los barrios populares. En Santa Fe, ser joven, trabajador y pobre cuesta caro y a veces se paga con la vida. Los delegados combativos de Liliana como fantasma.

Una fiesta empresaria basada en la miseria y la muerte de trabajadores
Estalló la bronca entre los trabajadores metalúrgicos en Rosario. La muerte evitable del trabajador Daniel Aguilar colmó los nervios tensos no solo de sus compañeros de fábrica, sino de miles de trabajadores de la UOM que con su sudor diario, crean la riqueza que se apropian los empresarios de la llamada “línea blanca”, rama que creció a tasas exorbitantes.

En todas las fábricas del cordón de Ovidio Lagos, que es una gran concentración de trabajadores metalúrgicos, la noticia de la muerte de Daniel generó bronca, le dio palabras a un odio contenido. En todas las fábricas los mensajes de “wasap” y las notas de La Izquierda Diariopasaban la terrible noticia de la muerte y extendían la indignación frente al manoseo de capataces, empresarios y delegados truchos que mentían sobre la salud del trabajador, para que las “bestias” hagan lo que deben hacer: seguir trabajando, poner el lomo, producir más para que un puñado de parásitos mantengan el nivel de vida propio de duques.

Ganancias y precarización laboral

La conmovedora noticia de la muerte de Daniel, que es una tragedia para los familiares y un agravio doloroso para sus compañeros, habrá sido apenas un mensaje de texto que entorpeció brevemente las vacaciones en Punta del Este o el Caribe de líderes, capataces o empresarios. La precarización laboral que afecta la vida de los trabajadores es condición para las ganancias extraordinarias de los dueños de las empresas.

En toda la cámara metalúrgica se trabaja en ritmos agobiantes. En invierno hace frío en las plantas y en verano los obreros se desmayan por el calor. Trabajadores que producen y ponen en cajas decenas de miles de ventiladores en fábricas, se sofocan en las líneas de producción. Los operarios deben hacer tareas de mantenimiento en condiciones precarias, como le pasó a Daniel, exponiéndose a riesgos diarios. Las mujeres trabajadoras sufren hostigamiento de patrones y líderes. Los ritmos de producción rompen los nervios y los huesos de los trabajadores. Muchas veces trabajadores ven mutilados dedos o miembros. Esta vez la avaricia, la desidia de los empresarios, asesinó a un laburante.

Desde la crisis del 2001 en adelante, los empresarios metalúrgicos, con el apoyo inestimable del kirchnerismo y del gobierno falsamente socialista de Santa Fe, han amasado fortunas colosales, apoyando la mesa de su banquete sobre el lomo torcido de trabajadores como Daniel. Los obreros y obreras, en este esquema, no son más que variables, cifras, un número de legajo para un sistema que solo se interesa en enriquecer a unos pocos que viven del despilfarro, mientras una mayoría vive el despojo, habita los peores barrios, ve todos sus derechos negados. Las cifras hablan por sí solas, en la provincia hay casi un millón de trabajadores precarizados.

El asesinato de Franco Casco y de Jonathan Herrera en manos de la Policía Santafesina, es la otra cara de esta realidad de explotación medieval en las fábricas: la clase trabajadora, y en particular la juventud, es condenada a las peores condiciones de trabajo y de vida. Y el mismo Estado que garantiza esta condena, persigue a los trabajadores por ser pobres, por usar gorra, por andar en motito, por el color de piel.

Pero, de a poco, la bronca, la organización, la solidaridad de clase empieza a hacer frente a este maltrato y a esta brutalidad en las fábricas y en los barrios. La muerte alimenta el odio y abona la idea de organizarse, de que si los trabajadores pegan como un solo puño, se organizan con sus compañeros de otras fábricas, de los barrios, son más fuertes que todos sus enemigos. Los trabajadores no quieren ser meros objetos de explotación, sino que empiezan a ser sujetos de organización, de lucha, de un cambio.

Delegados vendidos versus el fantasma de Liliana y un sindicalismo combativo
Como suele pasar en estos terribles hechos, los delegados sindicales vendidos parecen ser voceros de las patronales, en lugar de defensores de los derechos de los trabajadores. Esta vez, la UOM tardó varios días en hablar y, como siempre, salió a decir que harían lo posible para que esto “no vuelva a ocurrir”. Estos dirigentes, tan afectos a pavonearse con funcionarios de gobierno y a defender la “bondad” de los empresarios, cuando se trata de ponerse del lado de los que dicen representar, patean en contra.

Quizá estos días veamos a algunos funcionarios de gobierno llorar lágrimas de cocodrilos ante los accidentes laborales. Pero lo que digan los dirigentes de la UOM y los funcionarios de gobierno es siempre hipócrita. Durante el 2013 y el 2014 emergió en la fábrica Liliana un sector de compañeros que hacía asambleas, que discutía todo en la base, que luchó (y conquistó) el pase a planta permanente del todos los compañeros, que enfrentó la prepotencia patronal. Eran delegados de hecho, que actuaron ante el vacío, ante las agachadas de la UOM. Estos compañeros, legítimos representantes que lucharon por demandas justas, fueron echados por la empresa, con el aval lamentable de la UOM y de los gobiernos nacional y provincial.

Los delegados de Liliana fueron atacados por denunciar corajudamente la misma situación laboral que llevó a la muerte a su compañero, a su colega, Daniel. Hoy puede verse que el “fantasma”, el ejemplo de Liliana crece en muchas fábricas, mientras además la Justicia dio la razón al referente Lucas Castilloy ordena que sea reincorporado. La UOM ve a los sectores combativos como amenaza, y no a los empresarios negreros…

De eso sí se habla. De eso sí hablamos

Nadie habla, en los partidos tradicionales, de esta realidad, de estas demandas de los trabajadores. Los políticos comienzan a saturar de carteles con consignas vacías y promesas incumplidas durante décadas. Empieza una nueva campaña electoral. Para nosotros, la izquierda, el Frente de Izquierda, la lucha por las demandas de los trabajadores, de la juventud, de las mujeres son las banderas levantadas los 365 días del año.

La clase política tradicional no quiere que se hable de esta realidad social, de las prácticas asesinas de los empresarios y la complicidad de los dirigentes sindicales vendidos. Nos quieren callar porque no quieren que se escuche la voz de los trabajadores. Pero no vamos a permitir que nos silencien, que no se hable de esto.








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