Mundo Obrero

ANIVERSARIO

Dálmine Siderca: “Compañeros, acá mandamos los de ropa azul”

A 40 años de “La noche de los tubos”, el 22 de septiembre de 1976 en el que fueron secuestrados y desaparecidos cuatro trabajadores de Dálmine-Siderca, Alberto Bedia, Raúl Moreno, Armando Culzoni y Manuel Martínez, analizamos el año 79 y la oposición obrera de los metalúrgicos bajo la dictadura.

Brenda Reymundo

Profesora de Historia

Jueves 22 de septiembre de 2016 | Edición del día

El día 24 de Marzo de 1976, se produjo un fuerte operativo de militarización en la Zona Norte de Buenos Aires, que anunciaba la apertura de la última dictadura cívico militar. La llegada de controles militares y patrullas se repetía en grandes establecimientos industriales, como la fábrica Ford, que en aquel entonces tenía cerca de 5.000 obreros. De igual manera, se realizó el control militar en las inmediaciones de Dálmine-Siderca, la siderurgia local que ocupaba otros 5.000 obreros.

El caso Dálmine-Siderca, es la expresión de los mecanismos que involucraron gran parte de la dictadura cívico-militar: 80 de estos trabajadores y trabajadoras resultaron víctimas de crímenes de lesa humanidad, 39 están desaparecidas, 7 fueron asesinadas, 34 son sobrevivientes (1). El estudio de la dinámica que tomó la actividad política y sindical de sus trabajadores durante mucho tiempo fue un interrogante. Hoy nos preguntamos sobre qué alcance tuvo un hecho puntual del año 79: el primer paro nacional que convoca la CGT contra la dictadura. ¿Qué alcance tuvo en la principal siderúrgica de la zona? ¿Podemos afirmar que existió oposición obrera en Dálmine-Siderca?

La Jornada Nacional de protesta de 1979

Al finalizar el año 1978 se registraron más de 1.300 conflictos obreros (2). El 27 de abril de 1979, empujados por la bronca reprimida que surgía entre los trabajadores, la cúpula de "los 25" convocó a un paro nacional.
Pablo Pozzi, en su trabajo La oposición obrera a la dictadura 1976-1982, lo analiza de la siguiente manera:

[…] “Dentro de este panorama se ubica la Jornada Nacional de Protesta del 27 de abril de 1979. La extensión real de la misma no se ha medido con justeza. El comité de huelga clandestino, organizado por la Comisión de los 25, estimó que el 75% de los trabajadores habían acatado la medida. En general se admite que esa cifra está bastante inflada y que el porcentaje se acerca más al 40%. De todas maneras, si bien la huelga no logró detener al país, si logró alterar sustancialmente la normalidad en el cinturón industrial del Gran Buenos Aires y de las principales ciudades del interior. La importancia de la medida no se debe tanto al número de obreros que hayan o no acatado el paro, sino más bien al hecho de que éste fue llamado por un sector de la burocracia sindical, demostrando en concreto la presión que ésta sentía para tomar medidas más combativas respecto del régimen” (3).
Dentro de los convocantes a la Jornada Nacional de Protesta, se encontraban Saúl Ubaldini (cerveceros), Osvaldo Borda (caucho), Roberto García (taxis), Roberto Digón (tabaco), Ricardo Pérez (camioneros) y Hugo Curto (metalúrgicos). La declaración emitida por La Comisión de los 25, daba cuenta de la presión ejercida por las bases, “sentimos sobre nosotros la mirada inquietante de los trabajadores que podrían sentirse abandonados a su suerte, lo que determina nuestra decisión de colocarnos a la cabeza de la protesta” (4).

Memorias de clase: La Asamblea en el “semi”

Juan Farías, comentó que ingresó a Dálmine en mayo del 77 y trabajaba en Cometarsa haciendo la extensión del LACO1. Oriundo del Barrio del Pino, recuerda que el 24 de Marzo de 1976, lo para un control militar, pidiéndole identificación y ordenándole que se vuelva impidiéndole llegar a Cometarsa, su trabajo previo a Dálmine-Siderca. Juan describió que la fábrica les dio dos días de asueto y que cuando retomaron las tareas, comenzaron a trabajar con los efectivos de las FFAA en la puerta que los revisaban antes de entrar. Ingresó a la fábrica con apenas 19 años al sector de Palanquilla y no tenía ningún tipo de militancia sindical ni política.
¿Opinas que hubo resistencia de los trabajadores a la dictadura en Dálmine-Siderca?

Había mucho activismo de base, yo recuerdo que la comisión interna trabajaba, pero bajo presión. Yo creo que el poder combativo de la clase obrera no estaba en los sindicatos, estaba en la base y no había quien pudiera controlarlo.

¿Qué importancia tuvo el paro nacional de abril del 79?

En el año 79 se desata el conflicto, en ese momento estaba Riedel en el Sindicato. Los que se movían eran los de izquierda, buenísima gente. Elorriaga era uno. El PC era el más fuerte en ese momento. También estaba Chupete Gómez, Cachi Theis dirigente del partido comunista. Había mucha gente de izquierda que eran los que activaban, el peronismo dentro de fábrica no estaba. Durante el 79 nosotros peleamos el aumento, la empresa justificaba que no lo podía dar porque “estaba en crisis”. La gente tenía miedo, eso es cierto, casi todas las noches el ejército estaba en la puerta. Cuando hicimos la asamblea dentro de fábrica, la movida fue grande, la famosa discusión era el secretario general Riedel, traidor de los traidores: hay una anécdota. La asamblea se hizo arriba de un semi de camión, llegó el momento de la votación, se hizo en el campito al lado de a dónde estaba la comisión interna. Ahí en la esquina se paró el semi, donde subían los oradores, los que le decían a la gente como venía el tema. Los de izquierda siempre estaban del lado de lo que queríamos nosotros. Nosotros queríamos aumento. Entonces se armó, el debate, una gran pelea: me acuerdo como si hoy fuera, estaba Riedel parado: “así no nos vamos a poner de acuerdo”. ¡Cállate traidor! le gritaron desde abajo. El tema era que estaban parejas las posiciones, y en esa asamblea había un turno completo: el de la tarde, 1.000 personas aproximadamente. Como Riedel no lo podía contar, y además no quería el paro, dijo, “los que están a favor del paro se ponen de este lado y los que no, se corren para el otro”. Nosotros sabíamos que los milicos estaban ahí para marcarnos y nosotros no nos queríamos mover. Arriba del semi se subió Zapata, no recuerdo si dijo “soy mayor o coronel”, y gritó que teníamos cinco minutos para definir, si íbamos a trabajar o que nos fuéramos. Para todo esto ya habían entrado los camiones del ejército en las calles del costado. Y bueno, muchos volvieron al puesto de trabajo, inclusive yo. Cuando volvimos en cada puesto de trabajo, había un milico. Trabajamos con los milicos adentro de los sectores armados, era muy evidente que era la empresa la que marcaba y después te desaparecían. El caso de Elorriaga pasó a los tres o cuatros días del conflicto. Algunos no aparecieron más.

“Compañeros, acá mandamos los de ropa azul”

Guillermo Temudio, fue trabajador de Dálmine-Siderca en el 79 y en agosto del 2009 fue expulsado del sindicato por la UOM conducida por Abel Furlán junto a Guillermo Bentancourt y cinco trabajadores más.

¿Cómo fue tu ingreso a la fábrica, que recordás de aquellos años?

En el año 78 se inaugura el LACO, y Dálmine toma muchos pibes. Yo entre en abril del 79, en la Acería. Que no era como la de hoy, era una Acería vieja donde se hacia un trabajo muy rudimentario y manual, picando piedras de manganeso con una masa. En ese momento contrataban gente que venía del Frigorífico de Zárate, porque eran los únicos que se podían bancar ese laburo.

¿Durante la dictadura, que expresiones de resistencia viste en los trabajadores?

En ese año, en el mes de Octubre se lleva adelante una asamblea, que involucró a todo el turno tarde de la Letra E, se hizo arriba de un acoplado. En ese momento para mí fue algo nuevo: nunca había visto una asamblea de fábrica. Sí había participado de movilizaciones, como el día en el que Perón echó a los montos en Ezeiza, pero esto era distinto, era ver a todos los trabajadores saliendo de los galpones para dirigirse a la asamblea. El Sindicato estaba intervenido por Domingo Riedel. Se convoca la asamblea y el lugar era frente a la oficina de “rela” (relaciones laborales) y frente al LACO. No me voy a olvidar más, en ese momento había unas grúas del ALDE eran como auto elevadores de tubos, y estaban todos los tipos sentados ahí arriba escuchando a los que hablaban en la asamblea. Me acuerdo cuando habla “el bagre” Elorriaga, y nos hace una arenga: “Compañeros acá mandamos los de ropa azul”.

El bagre lo dijo y lo aclaró, porque la asamblea se hizo con los “bichos verdes” de la dictadura, con los militares, y él se dirigió a los trabajadores. La asamblea del 79, fue una forma de decir “loco paren”, fue una forma de rebelión, fue parte de una resistencia obrera.

¿Recordás el paro nacional de abril del 79 dentro la planta?

No, no lo recuerdo.

¿De a dónde surgía esa resistencia?

Yo creo que los trabajadores al margen de la dictadura, ya venían con una conciencia de clase anterior, con una experiencia y se veía en los paros, casi todos se acataban no existía “el carnero”, era raro. Además, en Campana la resistencia se veía en los barrios había mucha gente, profesionales y militantes que hacían conciencia en los barrios y ahí vivían los laburantes. Creo que no es casualidad, ellos tenían un plan y eso fue parte de lo que querían todas las multinacionales, querían sacarse de encima gente, esa gente que siempre les va a molestar, y muchos son compañeros que hasta el día de hoy están desaparecidos.

Los trabajadores dan cuenta de que la resistencia dentro de Dálmine-Siderca tuvo una fuerte expresión en la asamblea de octubre, y no en el paro convocado por las CGT, que es muy probable que la misma central lo haya boicoteado dentro de la siderúrgica. Recuerdan como un quiebre –a esa cotidianeidad gris que había impuesto la represión y el plan sistemático orquestado por las FFAA, los grupos especiales de tareas y la complicidad clara de la patronal que “marcaba gente”- esa asamblea de octubre autoconvocada en exigencia del aumento por el premio de producción.

La recuerdan como “la rebelión de las bases” (5) al régimen represivo de la dictadura y como reafirman, “el poder combativo de la clase obrera no estaba en los sindicatos, estaba en la base y no había quien pudiera controlarlo”.

También, es necesario aclarar, que la asamblea auto convocada que vota el paro de un día y medio en Octubre del 79´ dentro de Dálmine-Siderca, no fue una expresión aislada, fue parte de la dinámica de la clase obrera argentina. Durante los primeros diez meses de 1979 los cálculos basados en medidas de fuerza reportadas en la prensa (necesariamente muy por debajo de la realidad) dejaban un saldo de más de 500.000 días/hombre de paros, junto al trabajo a desgano, sabotaje y quites de colaboración (6).

Durante 1979, fueron llevados Elorriaga, Gordillo, Orlando Gómez, Torrente, Garrido, Bentancur y volvieron a ser secuestrados Ibáñez, Martínez y García (7). Torrente aún continúa desaparecido.

Resignificar los elementos del cuarto relato (8), el que pone en el centro de la escena a una clase obrera que protagonizó gestas como el Cordobazo, el Viborazo, el Tucumanazo, El Rosariazo y el Villazo, y que conformó organismos de autoorganización como las Coordinadoras Interfabriles del Gran Buenos Aires, es una tarea más que necesaria para aportar a la construcción de verdaderas corrientes militantes de obreros y obreras, que se propongan vencer las trabas que imponen las burocracias sindicales, para enfrentar un nuevo plan del gobierno y las patronales que intentan, otra vez, que la crisis la paguen los trabajadores.

Notas:

1. http://www.saij.gob.ar/docs-/ediciones/libros/Responsabilidad_empresarial_delitos_lesa_humanidad_t.1.pdf

2. Pozzi, Pablo. La oposición obrera a la dictadura (1976-1982). 1a ed. Buenos Aires: Imago Mundi, 2008, p.71.

3. Pozzi, op. cit., p.88.

4. Pozzi, op. cit., pp. 88 y 89.

5. Fragmento del testimonio oral de Guillermo Temudio “La asamblea del 79, fue una forma de decir “loco paren”, fue una forma de rebelión, fue parte de una resistencia obrera”.

6. Pozzi, Resistencia obrera, dictadura y apertura democrática. Comisión por la memoria. Disponible en http://comisionporlamemoria.org/bibliografia_web/ejes/transformaciones_pozzi.pdf, pp. 37 y 38

7. DIPBA, mesa B, carpeta 124, legajo 61 y mesa DS, Factor Varios, legajos 15.312, 15.848 y 16.640.

8. Werner, Ruth y Aguirre, Facundo. Insurgencia Obrera en la Argentina (1969-1976). Clasismo, coordinadoras interfabriles y estrategias de la izquierda. Ediciones IPS. 2007. Buenos Aires.

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