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Cyril Ramaphosa nuevo presidente de Sudáfrica: ¿quién es y qué desafíos enfrentará?

Ni un día pasó de la renuncia de Jacob Zuma, a la presidencia sudafricana, para que el Parlamento de ese país designara un nuevo mandatario.

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 15 de febrero | 11:26

Cyril Ramaphosa fue elegido este jueves nuevo presidente de Sudáfrica, en sustitución de Zuma, en una sesión parlamentaria en la que fue el único nominado para acceder al cargo.

La constitución sudafricana estipula que el Parlamento elige al presidente y se daba por descontado que el actual líder del CNA (Congreso Nacional Africano), partido que tiene abrumadora mayoría parlamentaria, sería nombrado mandatario del país apenas renunciara Zuma.

Tras un miércoles que comenzó con el expresidente de Sudáfrica diciendo por televisión que se negaba a renunciar a su cargo, como le exigía su propio partido, Jacob Zuma finalmente dimitió empujado por el golpe de palacio encabezado por la cúpula de su partido.

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Ramaphosa, que llegó en diciembre a la presidencia del CNA con una campaña anticorrupción y de crecimiento económico, buscó que la salida anticipada de Zuma le de oxigeno al partido de cara a las elecciones de 2019, y evitar que continúe la sangría de votos que ya se habían visto en elecciones anteriores.

El nuevo mandatario comenzó su mandato con un discurso ante el Parlamento con un tono en el que buscó mostrarse dispuesto a trabajar con los partidos de la oposición, agradeciendo a su partido por la acción de estos últimos días y aseguró estar dispuesto a servir al pueblo de Sudáfrica.

El perfil del nuevo presidente

Cyril Ramaphosa tiene una larga tradición en el partido gobernante y es reconocido como un gran negociador, aunque durante muchos años fue cuestionado por un ala del CNA ya que no perteneció al sector que sufrió la cárcel o el exilió durante el Apartheid.

La carrera de Ramaphosa es una muestra de la transformación que ha atravesado el CNA desde la caída del régimen racista. De su comienzo como organizador del sindicato minero NUM (Unión Nacional de Mineros por sus siglas en inglés) en la resistencia contra el Apartheid, paso a ser uno de los principales negociadores de la transición que llevó a la caída de ese régimen y la presidencia de Nelson Mandela.
Como parte de la cúpula del CNA se benefició de los servicios prestados por este partido, junto a la central sindical del país y el Partido Comunista, a las grandes multinacionales que siguieron operando en Sudáfrica. De dirigente sindical minero paso a ser parte de la nueva élite negra como empresario ligado a las compañías mineras.

En su doble papel de dirigente sindical y empresario, Ramaphosa quedó implicado en la masacre de Marikana, cuando la policía mató a 34 trabajadores en huelga en una mina operada por la empresa Lonmin. En el momento de los asesinatos, Ramaphosa estaba en la junta directiva de la empresa y había pedido una ofensiva contra los huelguistas organizados en un nuevo sindicato opositor al NUM.

Los desafíos que enfrentará Ramaphosa

Consumado el golpe palaciego al interior del CNA, logrando mantener la unidad del partido, el futuro aún ofrece problemas para la organización que gobierna Sudáfrica desde la caída del apartheid.

Uno de los motivos que aceleró la salida de Jacob Zuma de la presidencia es que el CNA viene de años de desgaste, y un sector de trabajadores y estudiantes ha venido haciendo una experiencia con una dirección política que está en manos de millonarios con múltiples lazos con las empresas transnacionales, alejados de los padecimientos del pueblo sudafricano.

El discurso de Ramaphosa centrado en la lucha contra la corrupción y la reactivación económica da cuenta de la creciente percepción de un amplio sector de la población que ve como una casta política se enriquece, mientras millones de personas no pueden acceder a los servicios básicos ni a una salud y educación digna.

El desempleo se mantiene en un nivel histórico alto del 27.7% de la población, golpeando especialmente a los jóvenes donde llega al 68%. El crecimiento económico ha sido limitado en los últimos años, con un promedio de poco más del 1,2%. Si bien las clasificadoras internacionales identifican a Sudáfrica como el "gran mercado emergente" de 2018, y algunos analistas pronostican un crecimiento del 2%, esa cifra está muy por debajo de los niveles necesarios para generar los millones de empleos necesarios.

Por otro lado el perfil anticorrupción del nuevo presidente, que busca recuperar el prestigio del CNA en los sectores medios urbanos, encontrará un límite más pronto que tarde. Un intento por avanzar sobre las tramas de corrupción de los últimos años llevaría directamente a la responsabilidad que ha tenido la cúpula de su partido, beneficiándose o permitiendo los negocios a costa de las arcas estatales, abriendo un posible enfrentamiento interno.

Ramaphosa, un hombre ligado a las grandes multinacionales mineras y cuyo principal apoyo está en la burocracia sindical, deberá enfrentar esta situación que sigue siendo el motor del descontento que se vio en los últimos años en importantes movilizaciones callejeras, enfrentamientos con la policía y también el surgimiento de una oposición política tanto por derecha como por izquierda.

El CNA ya no cuenta con su historia como líderes de la lucha contra el apartheid para garantizar su poder político en la actualidad. Una generación de jóvenes ha visto como las promesas de una democracia multirracial estuvieron lejos de mejorar la vida de millones. Ramaphosa debe moverse rápido para intentar revertir está situación antes de que quede al descubierto su verdadera cara, la que se mostró en su rol en la masacre de Marikana.








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