Política

ENSENADA

Cuando vivir de la política se transforma en privilegio

Hace pocos días se votó el presupuesto 2015 para el distrito de Ensenada. El sueldo del intendente Mario Secco será de $100.000 mensuales.

Claudia Añazco San Martín

Sec. de Género y Diversidad Suteba Ensenada

Viernes 21 de noviembre de 2014 | Edición del día

El presupuesto de gastos y recursos para el año 2015 fue fijado en $272 millones de pesos. Así lo votaron todos los bloques presentes en la sesión del Concejo Deliberante que se realizó hace pocos días en la ciudad de Ensenada. Dentro de esta partida presupuestaria el intendente oficialista Mario Secco recibirá en concepto de salario una suma anual de $ 1.179.800, lo que equivale a cerca de $100.000 por mes. Mientras que los secretarios del municipio recibirán $298.896, aproximadamente unos $25.000 mensuales.
Vicente Ignomiriello, del espacio massista Unión Popular, cuestionó durante la sesión el salario asignado al intendente y sus secretarios por considerarlo “desigual” con respecto a un trabajador que no supera los $3. 500. Walter Scheffer, también massista, lo considero “exagerado”, mientras la concejal oficialista Silvia Villafañe acusaba a Ignomiriello de cobrar $40. 000 en el Astillero Río Santiago. Unos y otros se acusan y justifican, mientras votan salarios generosos para los funcionarios del municipio.

Políticos ricos, trabajadores pobres

Para ningún trabajador o trabajadora le resulta novedoso que al salario lo licue la inflación y que a pasos acelerados vamos perdiendo el poder adquisitivo. Los ingresos de la mayoría de los trabajadores están muy por debajo de lo que indica la canasta familiar evaluada en $11. 846, lo mínimo para garantizar la alimentación, el transporte, la vivienda, recreación y acceso a la cultura. La mitad de la población cobra menos de $5.000, y solo 1 de cada 10 supera los $11.000 de la canasta familiar. Los recibos de sueldo de los trabajadores municipales, de las maestras y de los jóvenes precarios del municipio no mienten: el básico no supera los $3.000, sin contar las sumas no declaradas, ni las condiciones de precarización laboral.

Ellos se enriquecen a costa de nuestro trabajo

Vicente Ignomiriello, conocido entre los trabajadores de ARS por su apodo “Pachuli”, pasó de ser dirigente sindical a gerente de Recursos Humanos de la empresa, cobrando varios miles más que un trabajador promedio. Secco del FpV vive en la abundancia, cobrando sueldos de privilegio para gestionar y legislar a favor de las empresas Ternium-Siderar del grupo Techint y Copetro (OxBow) de capitales norteamericanos, que junto a la destilería de YPF son dos de las empresas que más contaminan la región.

Oficialistas y opositores se reparten el presupuesto del municipio con completa impunidad, mientras la mayoría de los trabajadores tienen que contar monedas para llegar a fin de mes. Van más de 17 años que no se construyen nuevos establecimientos educativos, el Hospital Horacio Cestino carece de insumos y mantiene a sus médicos y enfermeras en condiciones laborales totalmente precarias. Tampoco se han resuelto los problemas estructurales que ocasionan las sudestadas en la zona de Punta Lara.

Este régimen político se sostiene sobre una casta de funcionarios que viven en la opulencia, administrando los negocios capitalistas desde sus lujosas oficinas con aire acondicionado, completamente alejados de los padecimientos de las grandes mayorías populares. Justifican sus privilegios en base a los cargos que ocupan, desmereciendo el trabajo de un obrero, un médico, una maestra o una empleada doméstica, como si la “función pública” fuera cosa de especialistas.
Hay que terminar con estos privilegios

Nicolás del Caño y Christian Castillo, ambos diputados nacional y provincial del PTS en el Frente de Izquierda, presentaron un proyecto de ley para terminar con estos privilegios bajo la consigna: que todo funcionario cobre lo mismo que un/a docente o un obrero calificado, denunciando a los políticos patronales que se enriquecen con sus sueldos. Ambos diputados cobran el equivalente a la canasta familiar y destinan el resto de su dieta a los fondos de lucha, como hicieron recientemente con las familias obreras de la fábrica Lear.







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