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JUVENTUD TRABAJADORA

“Cuando me echaron del call, pedí que me dejen sacar mis dibujos de la compu”

Conocé a Alón Tasty, humor gráfico en redes para desnaturalizar la precarización. Arte, color y risas contra la locura gris y quema cerebros de los call centers. Feminismo y amor en tiempos capitalistas.

Juana Galarraga

@Juana_Galarraga

Natalia Laris

Trabajadora call center | Estudiante de enfermería

Jueves 5 de septiembre | 21:59

“Pasé por el call center de Cablevisión, Cat Technologies, PyG, uno que vendía Speedy medio antro, otro que vendía una obra social también un antro... éramos tres telemarketers en una oficina, no teníamos compu, no teníamos datos, era todo a mercado abierto y llamábamos diciendo que éramos del colegio de médicos. Estuve en varios turbios, no sé en cuántos, en general por corto tiempo, promedio tres meses. En Cablevisión estuve un año y medio, en el de obra social también estuve bastante tiempo, ponele que un año. Siempre laburé en call”, cuenta Alón, de 29 años, creadora de la tira de humor gráfico, Alón Tasty.

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Levante la mano el/la que tiene una trayectoria laboral parecida a la suya… En el circuito maldito de la precarización laboral en call centers, la rotación permanente se combina con condiciones laborales deplorables, la tensión de lidiar con clientes enojados o desinteresados al teléfono y la presión de supervisores al acecho en el box. Como dicen, trabajar en call es algo que a nadie le salta en un test vocacional.

Sin embargo, es donde frecuentemente termina trabajando la juventud que quiere estudiar o que necesita empezar por algo para poder aportar en la casa. Ella empezó a trabajar en call a los 20 años. Desde entonces, pasó por una cantidad que no sabe con certeza y alternó esos trabajos con otras actividades para llegar a fin de mes.

“Hice traducciones, ciclos artísticos, estuve en una escuela de español para extranjeros como recepcionista, di clases de química, doy cursos de marketing. Me las rebusco. Pero el call lo que tiene es que ya tengo experiencia, ya sé cómo pasar las entrevistas, ya sé cómo trabajar, me deja libre la cantidad de horas para que pueda seguir haciendo lo de Alón que es lo que me apasiona”.

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“Lo de Alón”, es la página de humor gráfico que inició en 2012. Dibujante y humorista desde chica, pudo transformar su condena a la precarización en materia prima para su arte, que como no podía ser de otra manera, surgió de las condiciones mismas de la explotación gris y quemadora de sesos, que intentaba evadir con colores y papel.

“Estaba trabajando en el Call center de CableVisión. Yo soy dibujante, siempre lo fui, entonces me empecé a llevar cosas para dibujar al trabajo. Tomé confianza y terminé con el box lleno de cosas para dibujar mientras hablaba con los clientes. Cuando me cambiaron de supervisor, el nuevo me dijo que no podía hacerlo más porque ‘me distraía’. En los call centers por lo general no podés abrir ninguna página de internet ni nada. Entonces abrí el paint y para descargarme mientras estaba en línea, empecé a hacer dibujos sobre estar en el call center. Hice un par que a mis compañeros les gustaron y me dijeron ‘che, hacete algo con esto’. Y pensé, ‘no, si hago algo con esto, lo voy a hacer bien dibujado, en papel, hermoso, escaneado, etc’ y nunca lo hice. Hasta que me echaron. Mi pedido antes de irme del call fue si podía sacar mis dibujos de la compu”.

Al principio dibujaba para hacer catarsis. Plasmaba en el noble Paint aquellas cosas que observaba que pasaban. Por supuesto, agregaba a sus viñetas un toque de acidez y de humor. "Intento desnaturalizar cosas", dice. Vio que lo que hacía tenía que ver con lo que cualquiera que haya pasado por un call podía pensar o sentir. Cuando se quedó sin trabajo, sus amigos y amigas la convencieron de que subiera sus primeros dibujos a Facebook. Con los años también empezó a difundirlos en Instagram y a sumar seguidores, comentarios y me gusta. Todo ese trabajo de elaboración y publicación le permitió tener un “feedback”, una vuelta del público sobre los chistes que funcionaban y los que no. También le empezaron a llegar historias, ejemplos de situaciones que podían convertirse en una historia para Alón.

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“Hasta ese momento hacía dibujos sin pensar mucho en el otro. A partir de tener más llegada me puse a pensar: se entiende este mensaje, no se entiende o cuántas viñetas tengo que hacer para que el chiste sea efectivo, por ejemplo”. Siguió usando el Paint, pero aprendió mucho más sobre cómo trabajar el humor gráfico. “Si hacés un chiste muy corto a veces no se llega a entender y si hacés un chiste muy largo es como que no te reíste, tiene que tener un ritmo”, detalla.

El mundo es muy injusto - ya lo sabemos - así que a pesar de todo su esfuerzo aún no zafa de seguir trabajando en call. Pero Alón Tasty es un proyecto que crece y que mejora con el tiempo. Empezó como catarsis, siguió como denuncia y una suerte de militancia artística y ahora además, colabora con el rebusque: “En Alón también para sobrevivir, vendo merchandising”, cuenta.

Hay vida afuera del box

Publicar un dibujo de Alón con el pañuelo verde fue toda una decisión. “Sobre el aborto no me había pronunciado nunca, hasta que sentí que lo podía hacer. De hecho cuando me puse la foto de perfil a favor del aborto un montón de gente se bajó de la página, me re puteó, fue difícil.

No todo en la vida es call center y precarización. En este mundo capitalista que habitamos, también hay cosas como el amor… y el patriarcado. Alón vive afuera del box, tiene amigas, parejas, familia, mascotas - un amor profundo por los gatos - y muchas inquietudes y reflexiones sobre la vida y el ser mujer que también alimentan su creatividad y se transforman en ideas para dibujar. Con el tiempo Alón desarrolló series que abarcaban temáticas más allá del mundo de los call y el feminismo empezó a ocupar muchas de sus viñetas.

“Empecé con el tema del call center y después seguí con lo de género y lo emocional. Empecé a tener más conciencia de que el call center aparte es un lugar donde en general hay mucha trabajadora femenina, también hay gente trans, es un lugar copado para mezclar la cuestión de la opresión de la mujer y el trabajo”, afirma. Dentro del universo del humor gráfico y las redes, ella siente que hace su aporte particular. Muchas personas trabajan la temática del aborto y el feminismo en general, también el tema de la diversidad.

“A mí me gusta mi aporte personal de esto del trabajo. Para nosotras capaz no tanto por la generación, pero hasta hace cuánto era ‘mujer ama de casa, mujer no vota’. Ayer fue. No nos damos cuenta a veces de todo lo que avanzó. Me gusta darle al tema de la conciencia de clase, porque me parece que pasa mucho que el feminismo también puede llegar a ser un privilegio por una cuestión de acceso al conocimiento y a la educación, a tener tiempo de leerte un libro o de pensar, porque si vos estás laburando todo el día, tampoco tenés tiempo de sentarte a reflexionar y a desnaturalizar las cosas de tu vida. No hablo de una cuestión de capacidad, sino de posibilidades”.

No es chiste

Alón cuenta que desde chica, en su casa, tuvo el ejemplo de su papá y de su mamá para pensar roles de género flexibles. Creció con lo que considera "el privilegio" de poder pensarse como sujeta política y como mujer, de una forma mucho más libre que muchas otras personas que no cuentan con la misma suerte.

Pasó por una experiencia militante en PCR. A los 13 años, en la secundaria ya discutía ideas con sus compañeros y compañeras sobre lo que le parecía importante cambiar. La utilización del humor para ella, fue la mejor forma que encontró para hacer llegar con más fuerza sus ideas y denuncias.

“El laburo precarizado generacionalmente es cada vez peor. No pienso que todo pasado fue mejor, entiendo que el mundo cambia y que la tecnología avanza, pero abre brechas de clase. Antes tenías trabajo para toda la vida en una empresa en relación de dependencia y hoy la relación de dependencia se intenta eliminar más y más a través del trabajo en negro por ejemplo o encubierto, como lo que hacen Rappi y Pedidos Ya”, denuncia.

“Hace poco casi entro en un trabajo, un call que te lo pintaban como freelance. Te tenías que sacar el monotributo, pagar tus propias llamadas y era solo a comisión con la zanahoria de que eventualmente, si vendías bien, quedabas en blanco. Lo que vendías era precarización laboral: llamabas a empresas para decirles que echen a sus empleados en blanco y contraten motos de la misma manera que nos estaban explotando a nosotros. Me terminé yendo”. Esto último que cuenta Alón no es un chiste. Es en serio. Y es una síntesis muy clara del futuro que las empresas y gobiernos preparan para la juventud, en el marco de la actual crisis política y económica.

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Esta semana los pibes y las pibas del call center de Teleperformance, en Tucumán, denunciaron que la empresa les quitó el tiempo para ir al baño. Su jornada laboral es de seis horas y la patronal pretendía quitarles los siete minutos que les corresponden para hacer una pausa e ir a hacer sus necesidades. Pretendían que fueran al baño solo en sus breaks, los recreos miserables que les dan para descansar un poco la cabeza, la vista y los oídos afuera del box. La denuncia se viralizó, corrió la voz y Teleperformace tuvo que volver atrás con su decisión. Como Alón hay más jóvenes que piensan que agachar la cabeza no es la única salida. Si lo decidimos, llegará el día en que los poderosos dejen de reírse en nuestra cara.







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