Política

ANÁLISIS POLÍTICO

Cuando el poder terrateniente firma solicitadas

Rafecas, héroe y demonio de la semana. Los dólares de la soja detrás de una solicitada. El kirchnerismo y el Partido Judicial, entre el pacto y las tensiones.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Domingo 11 de septiembre de 2016 | 00:41

La solicitada contra el juez Rafecas, publicada el pasado jueves en los diarios Clarín y La Nación, viene a ser una suerte de presentación en sociedad de un bloque político-ideológico de derecha, en creciente desarrollo a partir del triunfo de Cambiemos.

No es que el mismo no existiera o no hubiera encontrado expresión anteriormente. Pero el texto publicado, así como las firmas que acompañan, presentan algo similar a una radiografía. Intelectuales, periodistas, fiscales, funcionarios y, como dato no menor, empresarios, son parte de la “nueva” troupe.

La operación política detrás de la solicitada es evidente. Los cañones apuntan a la figura de Cristina Fernández y a parte de la plana mayor del kirchnerismo.

Consignemos que el texto publicado se constituye a partir de un juicio de valor absoluto. Las (poco fundadas) acusaciones del fallecido fiscal Nisman contra la expresidenta y otros ex funcionarios por encubrimiento en el atentado a la AMIA, son verdaderas. No es preciso probar nada. Como en una suerte de mecanismo performativo, la simple nominación basta.

La solicitada es solo la más cristalina de las expresiones recientes de ese bloque en formación. Ese jueves, desde los mismos medios, se arremetía contra una charla en el colegio Pellegrini sobre el aborto. Los cuestionamientos no podían resultar más reaccionarios. Por un lado, el hecho de que se tratara de una “actividad política”; por el otro, la posibilidad de hablar del aborto.

No es ocioso agregar que, desde La Nación, es de donde han salido una cantidad abrumadora de caracteres –tanto impresos como no- pidiendo atemperar o terminar con lo que es presentado como “persecución a los genocidas”.

Este bloque político-ideológico tiene, precisamente, a ese diario como su vocero más conspicuo y persistente. Una versión que se echó a rodar en las redes sociales afirmaba que había sido Julio Saguier, dueño de La Nación, quien había llamado personalmente para pedir las firmas.

La racionalidad de este ataque contra Rafecas hay que buscarla muy lejos de la causa AMIA o del Memorándum con Irán. Por el contrario, lo que está en juego son cosas mucho más cercanas a la víscera “más sensible” del hombre, al decir de Perón: el bolsillo.

Guerra por otros medios

El bloque que estamos señalando halló expresión en la solicitada con firmas que incluían a conocidos periodistas como Alfredo Leuco, Fanny Mandelbaum y Marcelo Longobardi; escritores como Marcos Aguinis, Federico Andahazi y Abel Posse; fiscales, jueces y referentes políticos varios.

Pero hay que resaltar la presencia de algunas rúbricas que expresan, de manera directa, al gran capital. Allí están, entre otras, las firmas de Luis Miguel Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural; Gustavo Grobocopatel, directamente apodado el “rey de la soja”; y Eduardo Elsztain, presidente del grupo IRSA y parte de la plana mayor de Cresud, dedicada –según propia confesión- a “lograr el máximo mejoramiento de la tierra productiva en el largo plazo”.

Otro de los firmantes, que no reviste en el “club de campo”, es Miguel Madanes. Presidente de Repsol-YPF en 1996, su nombre aparece vinculado a los paraísos offshore y a Aluar. Hace 3 años, le “confesó” a La Nación que quería “tener un resguardo de los exabruptos que pueden tener las acciones del Gobierno”. A nadie debería impactar entonces ver su nombre en esta solicitada.

La intervención empresarial en el terreno político no resulta una novedad en sí misma. La “patria burguesa” –si se nos permite el concepto- ya había entrado de lleno en la discusión sobre la denominada ley antidespidos.

La actual intervención directa en esta "guerra" judicial no puede desligarse del empantamiento general que cruza a la gestión Cambiemos. Los magros resultados en términos económicos –es decir, la recesión abierta- se completan con una creciente serie de internas dentro del “mejor equipo de los últimos 50 años”. Esta semana quienes volvieron a ser protagonistas fueron la ministra de Seguridad y el ex titular de la Aduana. Lo hicieron en un enredo novelesco, alrededor de diez barriles de pseudo-efedrina, “encontrados” en Ezeiza.

Pero esas internas no hacen más que exteriorizar la imposible materialización –hasta el momento- de la prometida "lluvia de inversiones". Esto, como no podía ser de otra manera, impide el tan ansiado “derrame”. Las consecuencias de esa política de ajuste son, como no podía ser de otra manera, recesión y crecimiento de la pobreza.

El ingreso directo de fracciones capitalistas al barro de la judicialización de la política expresa, precisamente, esas tensiones. En última instancia libran la pelea por sus intereses con los medios que tienen a su alcance. Y esos medios son los judiciales. El Gobierno de Macri, en tanto actual gestor del Estado capitalista, está constreñido por la ausencia de mayoría parlamentaria propia y por la falta de un consenso estructurado socialmente que permita aplicar, de manera efectiva, medidas de ajuste más profundamente neoliberales.

La batalla (intra) judicial

Las pujas en el interior de la casta judicial vienen a evidenciar que hay en curso, además, un intento de homogeneizar a ese poder, acorde a lo que se presenta como un nuevo clima de época.

La solicitada contra Rafecas y la ofensiva mediática lanzada contra el agrupamiento kirchnerista Justicia Legítima son dos expresiones de esa tendencia que ya tuvo anteriormente sus fallos fundantes.

La señal de largada de esta carrera la dio la mismísima Corte Suprema. Lo hizo en las dos resoluciones que sentaron definición sobre los tarifazos del gas y de la luz. En el primero ordenó a los tribunales inferiores no aparatarse de la doctrina que la Corte dice suscribir, aunque a veces no aplique. En el segundo, directamente defenestró a la jueza Martina Forns por haber dado por válida una cautelar que suspendía el tarifazo de la luz por tres meses en la provincia de Buenos Aires. Si el primer fallo expresó la línea normativa que se debía seguir, el segundo funcionó como la aplicación concreta de la misma.

Kirchnerismo: amor y odio hacia la casta judicial

Este sábado, Página/12 publicó una contra-solicitada en apoyo de Rafecas. La misma es acompañada de una cantidad de firmas que supera claramente en número a la primera. La defensa del juez fue proclamada como “sin pausa ni concesiones”.

El kirchnerismo en la oposición sostiene una relación que oscila entre el amor y el despecho con sectores de la casta judicial. Hace pocas semanas, cuando la Corte Suprema de Justicia falló en contra el tarifazo del gas, desde allí partieron alabanzas a rabiar hacia los magistrados. Fue recurrente el recordar los fallos considerados progresistas por los miembros de esa aristocrática cámara. Pocos días después, cuando la resolución por el tarifazo de la luz fue favorable al oficialismo, los argumentos se invirtieron de manera casi completa.

No se trata de simple oportunismo político, aunque algo de eso –y bastante- se encontrará. El kirchnerismo en el poder fue parte de la reconstrucción del prestigio de esa casta judicial que ahora cuestiona. Lo fue en tanto el conjunto de su política, desde sus inicios, estuvo volcada a la recuperación de la imagen de las instituciones golpeadas duramente por la irrupción de masas de diciembre de 2001.

Como ocurrió con el conjunto de lo que el kirchnerismo llamó “corporaciones”, eso implicó no impulsar ninguna modificación radical de la estructura previamente existente. El conjunto de privilegios de la casta judicial se mantuvo incólume. La mayor “osadía” del "proyecto nacional y popular" fue avanzar en intentar copar espacios dentro del Poder Judicial, recién después de que se manifestaran una serie de tensiones. En los últimos años, cada amenaza de reformas funcionó como un mecanismo de negociación con esa casta.

El refrán reza “cría cuervos y te comerán los ojos”. El kirchnerismo encontró a los cuervos ya crecidos. A pesar de su relato, no hizo más que sobrealimentarlos y permitirles continuar creciendo. Ahora los cuervos firman solicitadas.







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