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A 83 AÑOS

Cuando el nazismo ganó las elecciones parlamentarias de 1933

El 5 de marzo de 1933, el Partido Obrero Nacional-Socialista vence en las elecciones parlamentarias de Alemania, en el marco de una creciente represión a las organizaciones obreras. El ascenso del fascismo en Alemania, representó una de las derrotas más duras para la clase trabajadora mundial.

Sábado 5 de marzo de 2016 | Edición del día

El 30 de enero de 1933, Hitler asume como Canciller de la mano de Hindenburg, pero su partido seguía representando una minoría en el gobierno, en el cual solo contaba con tres de once ministerios, y bajo el control estricto de Franz Von Papen como viceministro. El partido nazi necesitaba su legitimidad estatal para blanquear el enorme desarrollo subterráneo que venía construyendo. Por lo tanto, para el 30 de enero, convocó a las elecciones en el Reichstag el 5 de marzo, con el plan de lograr la mayoría parlamentaria.

Durante los años ‘20, y tras el intento fallido de levantamiento del ‘23, el Partido Nazi hace un giro táctico de para ampliar la construcción del partido, haciendo propaganda sobre todo en sectores de clase media, pequeños empresarios y agricultores con una retórica antisemita, anticomunista y xenofóbica. Además desarrolla su propia tropa de asalto (SA), que actúa como brazo paramilitar que llegó a alcanzar los 80.000 miembros, compuesto por jóvenes y ex soldados. Con el devenir de la crisis económica de Wall Street, y la crisis política del régimen que no lograba contenerla, el nazismo ganaba cada vez más influencia en los sectores militares, y los grandes burgueses industriales, y ascendía en cada elección parlamentaria.

Durante la campaña electoral del ‘33, Hitler prohíbe los mítines, las publicaciones y los periódicos del Partido Comunista y de la socialdemocracia. Las patotas fascista del Sturmabteilung (SA), llegaron a asesinar a alrededor de 51 activistas antinazis. El 27 de febrero es incendiado el Reichstag y es acusado un comunista holandés por el crimen. El 28 de febrero, se firma el decreto de emergencia, que con la excusa de proteger al pueblo y al Estado, se restringen el derecho a la libre expresión, a la libertad de prensa, al derecho de reunión y asociación, etc. Con esta vía libre, encarcelan alrededor de 4.000 funcionarios comunistas y dirigentes socialdemócratas y liberales. Se cerraron medios opositores, e incluso fueron encerrados miembros del Reichstag que contaban con inmunidad parlamentaria. El nazismo tenía el poder de hecho, pero necesitaba legitimarse institucionalmente.

Para las elecciones del 5 de marzo, el Partido Nazi logra el 44% de los votos, metiendo 288 escaños, la socialdemocracia con el 18% logra meter 120, y el partido comunista el 12%, con 81 escaños. El 23 de marzo, con una mayoría lograda a partir de las alianza con el partido católico de Alemania, el Zentrumspartei, y con la mayoría de los dirigentes socialdemócratas y comunistas en prisión por el incendio del Reichstag, el nazismo logra la mayoría parlamentaria del 66% para votar la Ley Habilitante, en el medio la presión de las SA que había copado el recinto. Ésta le otorgaba al canciller Hitler, plenos poderes de gobierno sin tener que pasar por el parlamento.

El ascenso del fascismo en Alemania

Pero Hitler no era más que producto del propio desenvolvimiento histórico europeo y de la responsabilidad de las direcciones del movimiento obrero, que en tiempos de ascenso del fascismo no oponían a éste una estrategia revolucionaria. La fallida revuelta espartaquista al gobierno de la socialdemocracia en 1918, las condiciones del Tratado de Versalles tras la primera guerra mundial, la crisis mundial de los ‘30, aunaron las condiciones sociales y materiales, haciendo mella sobre las clases medias en decadencia y un encorsetado movimiento obrero, para la construcción de una fuerza apoyada en el ejército, la curia, y la aristocracia, que daba una salida por derecha al período de entre guerra y postrevolucionario. La dictadura fascista debía disciplinar al conjunto de la poderosa clase obrera alemana, mantener el orden interno para cumplir con sus planes expansionistas que demandaba el capital financiero alemán. Tarea que la democracia burguesa no podía cumplir.

Trotsky, definiría que “El fascismo no es solamente un sistema de represión, violencia y terror policíaco. El fascismo, es un sistema particular de Estado basado en la extirpación de todos los elementos de la democracia proletaria en la sociedad burguesa (...) mantener a toda la clase en una situación de atomización forzada”.

La socialdemocracia alemana reformista, que en 1914 traicionó a la clase obrera votando los créditos de guerra para la burguesía alemana, dirigía la poderosa Federación Sindical General que contaba con alrededor de 5 millones de miembros para el año 1930, se muestra totalmente impotente ante el fascismo por su adaptación al régimen burgués. Confía más en el parlamento, en el Estado y su policía que en las fuerzas sociales vivas que contiene. El Partido Comunista, bajo la dirección del estalinismo y que tenía alrededor de 150.000 miembros, planteaba que la socialdemocracia y el fascismo, eran lo mismo, los dos defendían los intereses de los empresarios alemanes por ende, siguiendo la política ultraizquierdista de la Internacional Comunista de la época, se negó a llamar y conformar un Frente Único con la socialdemocracia contra el fascismo. Por otro lado, devaluaban la fortaleza del nazismo.

Trotsky va a caracterizar que mientras la democracia y el fascismo son formas de dominación que responden a los intereses del capital financiero más concentrado, establece que en la democracia el capital domina tolerando las organizaciones y apoyándose en los mecanismos de la democracia parlamentaria. El fascismo, en cambio, significa la liquidación, con métodos de guerra civil de las organizaciones obreras, es decir, sindicatos y partidos obreros para desintegrar al movimiento obrero, apoyándose en las clases medias movilizadas, comerciantes, sectores desclasados por el impacto de la crisis que descreen de encontrar una salida en el movimiento obrero.

Era necesario crear una fuerza de la clase obrera capaz de barrer a la ultraderecha con los métodos de la clase obrera, huelgas, piquetes y movilizaciones.








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