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POLÍTICA NACIONAL

Cuando Lagarde manda: Macri y una defensa férrea del ajuste sobre el pueblo trabajador

El presidente defendió la necesidad de avanzar en el ajuste. El FMI empieza a discutir la situación de Argentina. En el Senado, el peronismo retardó el inicio de la discusión por el tarifazo.

Jueves 17 de mayo | Edición del día

Fotos: Matías Baglietto, Enfoque Rojo

No había amanecido aun cuando los trabajadores de Cresta Roja empezaban a sentir en sus rostros los gases lacrimógenos. Vendrían luego las balas de goma y los golpes. La gobernadora Vidal había prometido una “gestión”.

La avícola fue presentada alguna vez como “emblema” de la “nueva época” que alumbraba Cambiemos. Al inicio del ciclo macrista sumaba casi 5.000 operarios entre puestos directos e indirectos. Hoy rozan los 800. Una pérdida significativa que, sumada a los enormes atrasos salariales, configura una suerte de imagen de época.

Señalemos que los empresarios que la vaciaron -y los funcionarios estatales que permitieron dicho accionar- prácticamente no han sido alcanzados por el (corto) brazo de la mal llamada Justicia.

Igualdades y desigualdades

La CEOcracia gobernante, cuando pretende legitimar un ajuste, suele hilvanar un discurso donde se propone que “todos hagan un esfuerzo”. La realidad suele distar bastante de la consigna.

Este miércoles por la tarde, en conferencia de prensa, Mauricio Macri repitió 17 veces que era necesario reducir el déficit fiscal. El presidente habló solo 35 minutos. La cuenta es sencilla: cada dos minutos volvió sobre el tema. Una suerte de calesita discursiva.

A la insistencia se le pueden encontrar dos explicaciones. Por un lado, la necesidad de “comunicar” ampliamente el ajuste que el gobierno intentará descargar sobre el conjunto de la población trabajadora. Por el otro, ratificar ante el capital financiero internacional la voluntad de avanzar en ese camino. Macri habló mirando al norte y dos días al futuro. Este viernes se reunirá el staff técnico del FMI en Washington para discutir el pedido argentino de un préstamo stand by.

“¿Por qué vamos a penalizar a las provincias mineras con impuestos a la minería?”, se preguntó, entre otras cosas, el presidente.

La pregunta ilustra la dirección que intentará seguir el ajuste oficial. Como ha ocurrido en los más de dos años de gestión cambiemita, los golpes se descargarán sobre la población trabajadora. Gobierno para los ricos se ha dicho con justificada razón.

Macri, casi sin que le preguntaran, defendió la eliminación y reducción de retenciones para mineras, petroleras y grandes patronales del campo. El presidente insistió en las “maravillas” de beneficiar a los capitalistas. La realidad ha demostrado ya, con fuerza, que a pesar de tanto obsequio, la “lluvia de inversiones” sigue ausente.

En su carrera contra el déficit fiscal, el macrismo apostó a hacer recaer el peso tributario sobre el conjunto del pueblo trabajador. El IVA en lugar de impuestos progresivos a las grandes fortunas o a la renta financiera. El saqueo a los jubilados en detrimento de múltiples beneficios fiscales a los empresarios de todo tipo y color.

Triunfar en las corridas

“Hay que tener humildad para escuchar lo que nos dicen los mercados”, deslizó este viernes Federico Sturzenegger. Una rendición verbal ante el capital financiero. Una naturalización de lo ocurrido en las últimas semanas.

El hombre que está al frente del Banco Central dio su propia conferencia. Lo hizo poco antes que hablara el presidente. Allí afirmó que no había habido una corrida. “Depende "de la perspectiva", contestó el funcionario ante la consulta por el peso de la devaluación. Una suerte de homenaje al relativismo que no causará ninguna simpatía entre aquellos que viven de su salario.

La reciente corrida cambiaria dejó un lastre de triunfadores. Bancos, grupos financieros y grandes especuladores salieron ampliamente beneficiados. La combinación de suba de las tasas en las Lebac y la estampida que elevó el precio del dólar rindieron sus frutos. Aún es prematuro saber cuánto ganó la gran banca que colaboró en la corrida. Pero allí no hubo pérdidas. Otra demostración de que un sistema bancario fragmentado y con enorme peso de la banca privada solo puede ser perjudicial para el conjunto de la nación.

El planteo del Frente de Izquierda que propone nacionalizar el sistema bancario bajo control de los trabajadores pone la lupa sobre esa enorme anarquía que siempre beneficia al gran capital.

La contracara, para el pueblo trabajador, ya está significando un nuevo salto en la inflación, una nueva caída de su nivel de vida. El 2.7 % anunciado en abril posiblemente resulte simpático en comparación con la cifra que traerá mayo.

Eternos dadores de gobernabilidad

“Tenemos un acuerdo”, dijo al micrófono Ernesto Martínez. El hombre, que viene desde Córdoba, supo ser candidato a gobernador y sacar un porcentaje más que bajo.

Este miércoles fue el encargado de ratificar el acuerdo con el peronismo que conduce en el Senado Miguel Ángel Pichetto. Las negociaciones entre oficialismo y oposición buscaban ganar tiempo para el primero. Y así ocurrió.

El llamado peronismo racional le garantizó una semana más al gobierno para intentar frenar el proyecto de ley que limita parcialmente el tarifazo. Aquel que recibió media sanción hace poco más de una semana en Diputados.

La ventaja otorgada por Pichetto y los suyos –entre los cuales estuvo el formoseño Mayans- le da aire al Ejecutivo nacional para seguir presionando y negociando con los gobernadores y senadores. El objetivo es impedir que el presidente aparezca vetando una ley que cuestiona la suba de tarifas. Se desmorona ese discurso que muestra un oficialismo convencido de pagar el costo político de una decisión tan impopular (y antipopular).

Dentro del mismo movimiento político, pero en otro terreno, el gobierno goza de la colaboración tácita de la dirigencia sindical burocrática. Aunque la CGT proclame su rechazo a la negociación con el FMI y las políticas de ajuste, sus “acciones” no superan las pequeñas movilizaciones y los actos simbólicos. La enorme fuerza social de la clase trabajadora, que podría desplegarse en un paro nacional o con movilizaciones masivas, aparece constreñida por ese enorme chaleco de fuerza de los Daer y cía.

En el plano de las palabras, los gremios y organizaciones que convocaron a la masiva movilización del 21 de febrero, aparecen a la izquierda. Sin embargo, a la hora del “hacer” no es posible hallar las diferencias.

El peronismo en su conjunto aparece dividido entre aquellos que aportan (nuevamente) a la gobernabilidad de Cambiemos y quienes proclaman una oposición dura que se trasluce poco y nada en acciones.

Mirando a Washington

En la conferencia de este miércoles, el presidente Macri reiteró que “el Banco Central es independiente, algo que nunca ha pasado en la historia de la Argentina”. La definición podría ser leída como una señal hacia el gran capital financiero y el FMI.

Una reafirmación de que el “poder político” no interferirá en la “gestión” de las finanzas. Eso es lo que ocurrió el pasado 28 de diciembre y no deja de ser señalado como una de las causas de la corrida cambiaria.

Pero, al mismo tiempo, implica poner en el centro de las miradas al titular del Central. Hacerlo responsable de un aspecto que afecta la vida de millones de trabajadores: el de la suba de precios. “Vamos a delegar la baja de la inflación al Banco Central”, dijo también Macri ayer. Esa “pesada carga” empujará seguramente a nuevos movimientos en las tasas de interés y sobre las Lebac. Es decir, un nuevo empujón hacia la inestabilidad propia del mundo de las finanzas.

Luego de superado el llamado “supermartes de las Lebac”, el gobierno apunta a garantizar la firma del acuerdo que se discute con el FMI. Por línea directa, desde Buenos Aires a Washington, se preparan las condiciones para un nuevo salto en el endeudamiento externo y en la sumisión del país a los dictados del gran capital.

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La dinámica de ajuste que se prepara puede ser enfrentada por la fuerza organizada de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo pobre. Vale señalar que en esa pelea es necesario trazarse el objetivo de dejar de pagar la ilegítima y fraudulenta deuda externa.

Se trata de un mecanismo de saqueo que ha hundido a la nación de manera recurrente en las últimas décadas. Un mecanismo de sumisión que ningún gobierno, sea cual sea su signo político, buscó romper. Valga como vara de medida el ciclo kirchnerista. Su discurso sobre la soberanía tuvo, según propia admisión, el costo de U$S 200.000 millones. Verdaderos “pagadores seriales”.

Este miércoles, desde la Quinta de Olivos, Macri ratificó el ajuste. De lo que se trata es de organizarse para enfrentarlo y derrotarlo.








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