Cultura

RELATOS REVOLUCIONARIOS

Crónica de un trotskista danés en Revolución española

El relato de un revolucionario internacionalista que formó parte de esa gran gesta de la clase obrera.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Viernes 6 de octubre | 20:23

A su paso por la Guerra Civil española muchos voluntarios internacionales quedaron convencidos de la unión indisoluble entre guerra y revolución, y pudieron vivir en primera persona la brutal contrarrevolución estalinista. Al fin de la guerra y de la revolución algunos dejaron testimonio escrito de su experiencia. El texto más conocido es Homenaje a Cataluña de George Orwell, pero no es el único. Hoy rescatamos un texto de uno de aquellos revolucionarios que formó parte de esta gran gesta de la clase obrera española e internacional, la Revolución Española.

Un trostskista danés en la guerra civil española fue escrito a partir del testimonio del propio Aage Kjelso un trotskista de Dinamarca que años después de su paso por la Guerra Civil decide publicar este breve texto que daba muestra de su experiencia como revolucionario. El texto aparece por primera vez en la revista Hug! (Copenhage) en 1977 y aunque breve, en su crónica Aage logra condensar toda su experiencia en España donde permaneció casi dos años. En este valioso testimonio, Aage comienza haciendo todo un análisis de la Guerra Civil desde su experiencia, dando cuenta de los distintos agentes que operaron en ella, las organizaciones obreras y su acción revolucionaria. En base a toda su experiencia analiza el rol que jugó el estalinismo como agente contrarrevolucionario convirtiendo el texto en todo un alegato contra éste.

En 1930 Aage Kjelso se había afiliado a la edad de 15 años a la DsU, la organización juvenil socialdemócrata danesa. La DsU se unió internacionalmente primero a Zimmerwald, y después a la Internacional Comunista. Tras 1933 muchos emigrados políticos alemanes habían llegado a Dinamarca, entre ellos muchos críticos con la dirección del SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania) que denunciaron la pasividad de la dirección ante la ofensiva nazi. Entre los emigrados alemanes también llegó a Dinamarca un pequeño grupo de trotskistas con los que Aage rápidamente se relacionó. "Al entrar en contacto con estos trotskistas fui expulsado de la DsU y así formé parte de la creación de un grupo trotskista danés que llamamos Grupo de Trabajo Leninista". Este grupo impulsó en Dinamarca la Liga de Lucha Antifascista en la que junto a otros socialistas expulsados de la DsU y a algunos comunistas llevaban a cabo una lucha contra los fascistas organizados en Dinamarca.

Motivado por la lucha contra el fascismo Aage decide viajar a España. Su primer intento de llegar a la península fue un fracaso. Tras su llegada a Marsella conoció que un barco zarpaba para Barcelona con algunos voluntarios internacionales. Pero al llegar lo interrogaron, lo violentaron y lo vapulearon. Ante la dureza del interrogatorio, Aage sacó todo su arsenal político ideológico creyendo que solo así podría estar a la altura de la dura prueba que le abriera las puertas a España. Pero tras el interrogatorio y ante su sorpresa, fue expulsado del barco donde se suponía que debía encontrar aliados. Su discurso no había sido únicamente antifascista sino profundamente revolucionario, profundamente antiestalinista. Aage no sabía que se encontraba entre sus enemigos, contra los que tendría que combatir también en España. Este fue el primer enfrentamiento con el aparato estalinista, pero no el único. La experiencia de su paso por España y sus escritos posteriores se convertirían en una abierta lucha contra los Aagentes de la creciente burocracia soviética.

Tas el primer intento frustrado y gracias al contacto con unos anarquistas en Marsella consiguió comprar un billete de tren hasta la frontera española. Ahí le recibieron anarquistas que se encargaron de su traslado a Barcelona. Tras unos días en una suerte de cuartel tomado por los anarquistas donde le instruyeron en el uso del fusil y de las bombas de mano fue integrado en la Columna Durruti y trasladado al frente en la zona de Huesca. En su texto analiza las distintas organizaciones obreras de manera general pero no se detiene en personajes concretos. Sí se fija en Durruti, habla de la fuerza del dirigente anarquista y de la gran fuerza de la Columna de más de seis mil hombres que dirigía, a pesar de la falta de medios, así como del gran homenaje que Barcelona le brindó a su muerte. Tras dos meses en el frente de Huesca, Aage decidió regresar a Barcelona. Su situación en aquella parte del frente no le permitía estar a la ofensiva contra los fascistas. Con este objetivo se alistó en las Brigadas Internacionales con la intención de poder llegar a un frente más "animado" y de poder hacer agitación entre los voluntarios internacionales de las brigadas y entre los comunistas. Aunque este objetivo era bastante complicado, como Aage pronto lo comprobó: "la perspectiva de poder obtener algún resultado resultó ser una ilusión."

Foto de un miliciano del POUM en el frente de Aragón

Con las Brigadas Internacionales pudo combatir en distintos frentes, pero tras unos meses de experiencia decidió abandonarlas ante los desarrollos en el seno de la República. "Esta decisión (...) derivaba de la profunda desilusión respecto al desarrollo de los acontecimientos en la República, donde la influencia estalinista había dramáticamente intensificado su propio ritmo de crecimiento gracias al envío de armas rusas y a la presión de Rusia, ejercitada por todos los representantes soviéticos, incluido el Partido Comunista Español, que había crecido fuertemente en cuanto a portavoz político de aquellos que proveían las armas." En su texto Aage hace un análisis conciso, pero nada superficial de otros de los motivos que propiciaron el desarrollo del estalinismo en España. Además de representante de quienes enviaban armas, también fue determinante "el hecho de que fuese el portavoz de todos los elementos pequeñoburgueses, moderados y conservadores en relación a las cuestiones económicas y sociales, sobre todo respecto a la lucha contra las colectivizaciones y a favor de la reprivatización."

Así Aage regresó a Barcelona y apenas llegado se integró en el POUM. En Barcelona Aage pudo ver de cerca y ya de manera abierta el papel jugado por el partido estalinista catalán, el PSUC. Precedidas de una violenta caza de brujas llevada a cabo por los estalinistas contra los revolucionarios en general y contra el POUM y los trotskistas en particular, llegaron las jornadas mayo.

Como cronista, Aage revive con gran pasión la inmediata respuesta que dieron los trabajadores en las calles Barcelona tras el ataque orquestado por la policía estalinista a la Telefónica controlada por los trabajadores. Las barricadas fueron levantadas al igual que en julio del 36. "En pocas horas, casi toda la ciudad, y sobre todo los barrios de trabajadores, quedaron de nuevo bajo el dominio de los revolucionarios". La respuesta de los trabajadores fue tan contundente ante el ataque que "si los dirigentes de la CNT lo hubieran querido, habríamos aplastado toda la contrarrevolución estalinista, al menos en Barcelona y Cataluña." La crítica de Aage, aunque se concentra en el estalinismo también abarca a las decisiones tomadas por los dirigentes anarcosindicalistas que según el cronista no supieron dar una respuesta contundente al avance de Moscú. Así el terror de la contrarrevolución estalinista "no conoció más obstáculos".

Tras algunos días enfrentando la contrarrevolución en las barricadas, Aage fue arrestado y ahí comenzó lo que ya de algún modo había intuido en su primer intento de llegar a Barcelona. La brutalidad de los métodos estalinistas. Encerrados en una cárcel privada fuera de Barcelona, Aage y otros trotskistas fueron interrogados brutalmente "Nos sometieron a muchos y largos interrogatorios nocturnos en inglés y alemán, conducidos por elementos completamente sádicos y psicópatas de diferentes nacionalidades."

Tras un tiempo en aquella cárcel, Aage fue condenado a muerte, pero por un golpe de suerte pudo escapar y salir de España llegando a Dinamarca donde sus vivencias "no fueron escuchadas de manera muy entusiasta en ningún ambiente". Tras la salida de España, Aage no encontró demasiado apoyo en su denuncia al intento estalinista de aniquilar a trotskistas y anarcosindicalistas. El estalinismo no solo había ganado en España. La contrarrevolución española se desarrolló en paralelo con las grandes purgas en la URSS y los procesos de Moscú, algo que Aage pudo comprobar muy cercanamente.

80 años después de aquellas jornadas revolucionarias de 1937 cuando la clase obrera mostró toda su potencialidad revolucionaria, rescatar crónicas como la de Aage permiten mantener viva la memoria de las tradiciones de lucha, y sacar lecciones para combatir las traiciones. Una obra que merece ser leída por nuevas generaciones en el Estado español y en el mundo.






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