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Crónica de la represión: dos cuadras donde las horas parecían meses

Las banderas comenzaban a ubicarse, temprano, mucho antes de la hora convocada por los distintos gremios.

Carina A. Brzozowski

Agrupación Bordó Leo Norniella en Alimentación

Miércoles 20 de diciembre de 2017 | Edición del día

Eran las banderas de las organizaciones de izquierda, eran los delantales blancos, La marrón docente, los Bancarios, la bandera de las y los leones de Pepsico. Así fueron llegando los compañeros de la Bordó de Alimentación, Neumáticos, Aeronáuticos, estatales, secundarios, universitarios y muchos más que seguramente escaparon a mi visión.

Recuerdo que levantaba la vista y el cielo estaba bien celeste, un día hermoso, primer día de mis vacaciones. Pero era una cita de honor estar ahí. Mi viejo disfrutó muy poco tiempo de su jubilación, ya no lo tengo conmigo, tuve que pagar para que tuviera un ataúd decente porque el de Pami era poco resistente para él, que medía 1,86 mts. Mi viejo está presente en mí cada vez que hay una manifestación, cada vez que nos encontramos en riesgo, porque tengo ganas de tener su número en el celular, tengo ganas de tener un papá a quién avisarle que estoy bien.

Esta reforma brutal que se votó ayer, es un robo para los jubilados, para las personas que cobran pensiones por hijo, para nosotros mismos, los trabajadores, que cuando nos jubilemos, lo haremos con haberes de miseria. No podíamos faltar a la cita.

Gorros y pañuelos en la cabeza, óleo calcáreo y limón en las mochilas, por si acaso. Ni piedras, ni palos, galletitas y agua, para pasar una larga jornada.

Cerca del mediodía, no recuerdo haber mirado la hora, nos empezamos a organizar, a formarnos en escuadra, tomados del brazo, la mirada al frente. En mi memoria están los árboles de la plaza, las banderas, las cabezas de los compañeros al sol. No veía las vallas, pero aún resuena en mis oídos el ruido cuando comenzaron a sacudirlas. El Congreso estaba detrás, muy atrás. Por eso la urgencia de que las sacaran, los trabajadores no queremos vallas que nos impiden hacernos escuchar, manifestar el odio de clase hacia una casta que intenta hacernos pagar todas sus crisis. Comenzamos a movernos, hacia atrás, hacia adelante. El cielo celeste empezó a llenarse con el humo de los gases, el chorro de los hidrantes llegó hasta la multitud. “Atrás, compañeros, despacio, atrás” .

Comenzó lo que conocimos después por los medios como la represión más atroz de los últimos tiempos. Las balas de goma, las corridas alrededor nuestro, en otro extremo de la plaza. Nosotras del brazo, muchas mujeres trabajadoras en mi escuadra, más docentes con sus guardapolvos. Seguía escuchándole el “atrás, compañeros, despacio, atrás, en escuadra, compañeros”. Preocupada, expectante, pensaba: “este es nuestro partido, nada se nos escapa. No es fácil estar en la plaza, no es un día para estar solo en este lugar. Yo los tengo a ellos”. No quería soltarme de la escuadra, no quería retroceder sin mis compañeros.

En un momento, la orden fue girar, avanzar hacia la 9 de julio. Nos venían siguiendo, la policía nos perseguía, a nosotros, los trabajadores. Nos pisaban los talones, Era imperioso seguir avanzando, llegaron los gases, que tiraban desde los helicópteros. Dos cuadras que parecieron meses me duró la asfixia, a mí y a todos los que tenía alrededor. Dije: “no puedo más”, mi compañera, al lado mío dijo:” Carina, vos podés”, se me caían las lágrimas, por los gases y la impotencia, la garganta ardía, la cara. Pensé en el odio que nos tienen. Pensé en Fermín, mi gatito, que me esperaba en casa, en mi cama. Dije: “este momento va a pasar y vamos a estar bien, yo puedo”. Un compañero desde adelante, me alcanzó un limón, qué rico limón, que lo pasé por toda mi cara, la nariz, la boca. Me lo dio un camarada, no sé quién era, pero le sigo agradeciendo acá. Me abrazó otro compañero, “vamos compañera” me dijo, me llevó unos metros así, contenida. Y me repuse, nos repusimos, nos aplaudimos, porque los burlamos, porque estábamos bien. Empezamos a cantar: “y dónde está que no se ve, esa famosa CGT”, la misma que nos traicionó, que no nos representa. Soplaba un vientito fresco, aún con el limón en la mano, la cara bañada en lágrimas y sudor, canté con todas mis fuerzas.

“PTS sigue adelante compañeros, derecho, hasta la 9 de Julio”. Ahí seguían nuestras banderas, nuestros camaradas, los compañeros mas nuevos sonreían, nerviosos, emocionados. Nos abrazábamos.

Soñé anoche con el ruido de las vallas cuando las sacudían, creo que las voy a soñar siempre, porque soy una obrera consciente de que quiero cambiar este sistema, que nos pone vallas a cada paso. Una obrera que milita en un partido organizado, que a pesar del miedo que sentimos, podemos mirar al costado y ver que un compañero nos necesita, que podemos detenernos a preguntarle si está bien.

¿Cómo no lo vamos a hacer, si sabemos que pertenecemos a la clase oprimida, explotada, que somos uno solo cuando salimos a pelear por no perder nuestras conquistas?

Intentaron pasarnos por arriba con las motos, nos tiraron gases desde un helicóptero, nos corrieron con balas de goma, salieron de cacería. Pero no pueden con nuestra moral, su moral no entiende la nuestra. Nunca lo harán. Son unos miserables.

Esta noche, más tranquila, en casa, con mi gatito, pido que después del sueño de las vallas, venga el sueño de los limones, amarillos, jugosos, frescos, sanadores limones.

Y el de los abrazos, que nunca nos falten los abrazos a la clase obrera, que nunca nos falten nuestras banderas.

El cielo celeste de mi primer día de vacaciones, está en mi retina, porque miré hacia arriba y le mandé un whatsapp a mi viejo. Le dije que estábamos todos bien.







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