UNA DÉCADA QUE NOS MARCÓ

Cristina, ¿te acordás de Carlos Fuentealba?

¿Qué hubiera pasado si las balas de goma que destrozaron los brazos de varios manifestantes iban un poco más arriba? ¿No recuerda el kirchnerismo que al maestro Carlos Fuentealba lo mató un cartucho de gas lacrimógeno lanzado por la policía para "desalojar una ruta"? ¿Eso es lo que están buscando desde el gobierno?

Lucho Aguilar

@lukoaguilar

Viernes 24 de octubre de 2014 | 14:54

“Este gobierno dejará una marca en todos los argentinos”, dijo una vez Cristina Kirchner. Los defensores del gobierno, fanáticos, de vez en cuando lo repiten. “Esta década dejará marcas imborrables”.

Para quienes no comprendíamos el contenido de esas “marcas”, o las relacionábamos con la inflación que nos come el salario o la precarización en que trabajamos millones, ayer la Presidenta nos aclaró. Eligió el lugar: una protesta de trabajadores de Lear que hace 4 meses reclaman su reincorporación. Eligió el blanco: hombres y mujeres, grandes y jóvenes, que se fueron a solidarizar con ellos. Eligió el grupo de tareas que llevaría a cabo el ataque: no podía ser otra que su fuerza preferida, la Gendarmería Nacional. Y tuvo que elegir un hombre: no lo dudó un segundo, es su preferido desde hace mucho tiempo, el ayer ex carapintada y hoy soldado k Sergio Berni.

En la vida hay que elegir, y Cristina eligió.

Los manifestantes habían salido de sus trabajos, de las escuelas y las fábricas, para reclamar que no dejen familias en la calle.

Los soldados de Cristina habían salido de Campo de Mayo, tristemente célebre por albergar un centro clandestino de represión donde torturaron hasta la muerte a la vanguardia obrera de la Zona Norte, y por haber albergado en los últimos años el Proyecto X kirchnerista para espiar trabajadores y militantes.

Los manifestantes cortaron dos carriles, y levantaron sus banderas: trabajadores de Kraft y Pepsico, de Donnelley, de Lear, docentes del SUTEBA de Tigre y otros distritos, de los Astilleros de La Plata y los aeropuertos porteños. También levantaron los carteles que decían “Familias en la calle nunca más”, “Reincorporación de todos los despedidos”, “Basta de represión”.

Los soldados de Cristina cortaron todos los carriles y levantaron sus armas, que son las nuevas banderas de gobierno nacional y popular. Prepararon los bastones, los gases y las itakas. Les habían dicho que hoy podían correr a los troskos y los desocupados hasta que les duela.

Los manifestantes cantaron, desde que bajaron, que son los yanquis de Lear los que despiden a los trabajadores, que este gobierno reprime pero van a seguir luchando en la Pana. Se tomaron de los brazos sabiendo que la lucha tiene momentos duros, pero en 150 días de conflicto han forjado una moral inquebrantable.

Los soldados de Cristina se juntaron, escudo con escudo, y marcharon haciendo sonar sus borceguíes en el asfalto de la Panamericana. No hubo opción al diálogo. La orden, que venía del carapintada Berni, que venía del despacho de la Presidenta, que venía de la oficina del SMATA, que venía del despacho del gerente yanqui, estaba tomada.

Y chocaron. De un lado, los hombres y mujeres solidarios con quienes reclaman sus puestos de trabajo. Del otro los mercenarios soldados de la Presidenta y la multinacional norteamericana. Gendarmería Nacional, centinela de los buitres

La salvaje represión de la Gendarmería dejó un saldo de 50 heridos, 30 de ellos de balas de goma, muchos otros gaseados y golpeados, 13 hospitalizados, varios detenidos y autos atacados y secuestrados por los soldados de la Presidenta.

La orden, que bajó del gerente, al sindicato, a la presidenta, al carapintada, a los soldados k fue tirar a quemarropa. Fue una orden política y militar.

Brazos que hacen cuadernos para los pibes que no pueden comprarlos

Varias horas después, algunos de esos trabajadores – baleados a quemarropa por orden del gobierno de los derechos humanos – tenían la moral alta pero los brazos estropeados. A Germán Gassibe, trabajador de Donnelley (hoy MadyGraf), la cantidad de balas que le habían penetrado el brazo le habían desgarrado la piel y los músculos. Fue internado para ser intervenido quirúrgicamente por la gravedad de las lesiones. A René Córdoba, delegado de Donnelley, los balazos en la espalda y el brazo, también lo habían llevado al quirófano.

La historia y las heridas de Germán y René son un símbolo del momento que vivimos. Con esos brazos, en los últimos días, habían votado ocupar la fábrica, cuando los gerentes de otra multinacional norteamericana, Donnelley, quisieron dejarlos en la calle. Con esos brazos abrieron los portones, colgaron una bandera obrera en el portal de entrada; con esos brazos encendieron las máquinas otra vez, pero esta vez para hacer funcionar la fábrica bajo gestión obrera.

Con esos brazos, la última semana, Germán, René y sus compañeros fabricaron 10 mil cuadernos. Hermosos cuadernos. Y con esos brazos, y los de sus compañeras de la comisión de mujeres, fueron a llevarlos a 10 mil pibes de las escuelas públicas bonaerenses que no tienen para comprar cuadernos, porque apenas tienen para comer.

Anoche ellos y sus compañeros estaban preocupados. Los disparos a quemarropa del kirchnerismo habían llegado cerca de los músculos y tendones. Ellos quieren tener los brazos siempre firmes para seguir militando y haciendo esos cuadernos. “Queremos que a ningún pobre le falten libros y cuadernos”, es uno de los lemas de los obreros de MadyGraf. Y eso se siente en los nervios y los músculos.

Hoy Germán y René están un poco mejor. También José Montes, el experimentado y entrañable dirigente revolucionario del Partido de Trabajadores Socialistas que ayer recibió una decena de balazos, igual que el diputado Nicolás del Caño, la maestra y Secretaria de Derechos Humanos del SUTEBA La Matanza Nathalia González Seligra, y decenas de compañeros y compañeras. Para los luchadores obreros y los militantes revolucionarios, el dolor y la bronca son un nuevo empujón para luchar más duro por organizar esa fuerza de los esclavos insurrectos que acabe con el capitalismo y sus perros guardianes. Pero la denuncia de la brutal represión debe ser implacable, llegar a cada punto del país.

¿Y quien no puede tener odio, bronca y más ganas de luchar y militar cuando ve la represión de ayer y las heridas de hoy? ¿Y quien no puede tener más ganas de luchar y militar cuando ve la valentía de Germán, de René, del Negro, de Nicolás, de Nathalia, de todos y cada uno de los que ayer bancaron a los soldados de Cristina?

Cristina ya eligió: los buitres

El gobierno “nacional y popular” parece empeñado en no dejarle espacio a Macri ni Massa. Quiere que a su derecha sólo quede la pared. Y seguirá empeñado en gastar en balas más que en cuadernos para los miles de pibes que no tienen con qué comprarlos, en reprimir a los obreros que los hacen, y a las maestras que los usan para enseñar.

En esos cuadernos se podrá anotar, que el gobierno de Cristina Kirchner dejará marcas fuertes, que pretende que sean imborrables. Son los brazos de Germán, de René, las cabezas de Nathalia y decenas de compañeros.

¿Qué hubiera pasado si las balas de goma que destrozaron esos brazos iban un poco más arriba? ¿No recuerda el kirchnerismo que al maetro Carlos Fuentealba lo mató un cartucho de gas lacrimógeno lanzado por la policía de Neuquén para "desalojar una ruta"? ¿Eso es lo que están buscando desde el gobierno?

Marcas imborrables de esta década fueron también los asesinatos de los qom en Formosa, de Mariano Ferreyra, de los sin techo del Parque Indoamericano, la desaparición de Julio López y el crimen de Luciano Arruga.

La represión de ayer tendría que dejar una marca también, en los millones de trabajadores y jóvenes a los que el gobierno quiere confundir con que son ellos o “el peligro de la derecha”. Y a quienes sean honestos y alguna vez apoyaron a este gobierno, pero no deberían tolerar que tiren a matar para defender una multinacional buitre.

Déjense de joder. "Patria o buitres": ayer Cristina volvió a elegir.







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