Isla Demarchi

Cristina, la megatorre y la patria contratista

Andrés Arnone

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Edición del día

El 9 de septiembre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció la reactivación del proyecto del Polo Audiovisual en la Isla Demarchi, al sur de la Ciudad de Buenos Aires. Éste contará con una torre de 300 metros de altura, la más alta de Latinoamérica, comparable con el Chrysler Building y el Empire State de Nueva York.

El proyecto estará a cargo de la cuestionada Riva S.A. y ocupará 216.000 m2, demandando una inversión de $2.500 millones; deja atrás las propuestas presentadas por IRSA de Eduardo Elsztain y CPC Ingeniería e Infraestructura de Cristóbal López.

Riva, además de tener adjudicada parte de las urbanizaciones del Pro.Cre.Ar., construyó el Metrobus de la Avenida 9 de julio, la terminal de ómnibus de Córdoba Capital e innumerables trabajos más en lo que a obra pública se refiere; tiene denuncias por sobreprecio, fallas constructivas y de diseño en varias obras. Aunque en esta ocasión Riva esté en el centro de críticas, sus competidores del rubro no tienen nada que envidiarle.

En el caso de IRSA, presidida por Eduardo Elsztain ex vicepresidente del Banco Hipotecario y dueño de la mayoría de los shopping de Argentina, construirá Art María, un complejo de torres de lujo en la ex Ciudad Deportiva de La Boca, vendida a precio de rezago por Macri. Techint, conducida por Paolo Rocca, fue protagonista en el escandaloso caso Skanska donde se pagaron coimas en las contrataciones para la construcción del Gasoducto del Norte. Rocca se enriqueció de manera sideral durante la dictadura militar, con la cual colaboró para desaparecer 75 obreros de su grupo; particularmente fueron 60 trabajadores los desaparecidos de la planta Siderca en Campana. En esa ciudad los militares usaban los terrenos del ex tiro federal para “alojar” a los detenidos-desaparecidos. Estos terrenos lindan con portones de acceso de la fábrica Trefila, del grupo Techint.

Por su parte los Roggio administran el subte y recibieron por ello $3.200 millones en subsidios desde el 2004. Explotan además los peajes de las principales autopistas del país, ferrocarriles urbanos y fueron parte de la construcción de Yacyretá, un verdadero “monumento a la corrupción”, además de ganar numerosas licitaciones para obra pública en todo el país. Una frase célebre de Benito Roggio que lo pinta de cuerpo entero es: “estuve de acuerdo con la guerra contra la subversión. Ha sido un parto doloroso pero necesario para el país”.

En la actualidad, gran parte del estos empresarios forman parte de Comité de apoyo a Carlos Blaquier, el empresario procesado en 2013 por hacer desaparecer a trabajadores junto a los militares durante el tristemente célebre “apagón de Ledesma”.

Luego de obtener miles de millones de la mano del Estado durante la dictadura como también en la etapa constitucional, éstos son hoy los verdaderos “ganadores del modelo”. CFK afirma que “se la llevaron con pala”, pero su gobierno, como el del macrismo, continúa siendo el gran facilitador de negocios para estas constructoras. Cientos de miles de millones de pesos, no para satisfacer las necesidades de la población sino para monumentales edificios y barrios suntuosos y allí donde las obras resultan en algún alivio para los pobladores es a costa de millonarios negociados, léase sobreprecios, como ya dijéramos. Gran parte de la denominada “Patria Contratista” de los años ‘90 sigue incólume durante esta “década ganada”.







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