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OPINIÓN

Cristina en ATE Capital: de derrotar los despidos y ajustes, ni hablar

La charla de Cristina K en un encuentro de delegados de ATE Capital provocó revuelo, marcó un cambio frente a su histórico ninguneo al sindicato y alianza con UPCN, que comanda el viejo burócrata y multimillonario Andrés Rodríguez.

Leandro Sorribas

@Leo_espartaco

Andrea Robles

Querellante en la Causa Triple A |Integrante de Ediciones IPS-CEIP| @RoblesAndrea

Jueves 22 de septiembre de 2016 | Edición del día

La ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner viene recorriendo varios sindicatos afines y hasta facultades. Ya estuvo en Filosofía y Letras de la UBA, estará en FOETRA sindicato telefónico y en la recientemente recuperada por el kirchnerismo Federación Universitaria de La Plata.

El pasado 14 de septiembre estuvo presente en ATE, donde el discurso de Cristina K, ante los delegados de la kirchnerista Verde y Blanca dirección de ATE Capital, fue para armar a su propia base ante una “estrategia de poder”. Léase intervenir en la interna del FPV y el PJ, en aras de conquistar una unidad entre los sectores “progresistas” y la derecha peronista hacia las próximas elecciones, algo que veremos si lo logrará.

Para eso, discutió sobre el significado de la "grieta" y "la pesada herencia" con el macrismo y llamó a superar las viejas divisiones dentro del peronismo. Doble discurso, moderación frente al gobierno y consolidación de la fuerza del aparato peronista para volver al poder, es la síntesis de una charla de más de una hora y media.

Cristina en el país (capitalista) de las maravillas

La reivindicación del Sec. Gral. de ATE Capital, el Tano Catalano, en la apertura de la charla, partió de hablar en nombre de los que "se enamoraron del Estado, un Estado presente como herramienta de inclusión social, como transformador". Toda una confesión de hasta donde son capaces de servir al Estado de las patronales y sus necesidades, como durante el kirchnerismo que “representó una política burguesa cuya finalidad fue devolverle al Estado su autoridad frente a la bancarrota del neoliberalismo y la amenaza a la casta política que representó la rebelión popular de diciembre del 2001”.

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Aunque Cristina también habló loas de los logros de su gobierno, ambos solo pudieron reivindicar en concreto la entrega de las computadoras y el aumento de las universidades. Su discurso estuvo teñido de mentiras y demagogia. Reivindicó a los docentes cuando como presidenta, en cada apertura de sesiones de Parlamento, se encargó de denostarlos. O al afirmar que bajo su gobierno había habido prácticamente pleno empleo, paritarias libres, siempre por encima de la inflación, cuando en verdad no fue así. Sustentó la disyuntiva con el macrismo en relación a la distribución del ingreso: que "se haga equitativamente como hemos sostenido siempre con el fifty fifty o si la parte de león se la llevan unos pocos y el resto la ñata contra el vidrio". No dijo que el único fitfy fifty fue el de mano de obra precarizada, aprovechando la ley Banelco De la Rúa, el cobro del impuestos al salario…mientras las grandes fortunas "se la llevaron en pala".

De su paso por la presidencia de la Nación y su ninguneo con ATE durante los doce años de gobierno K, de apoyo cuasi incondicional al otro gremio estatal, UPCN, no emitió una palabra. Invitada de lujo de los actos de la burocracia traidora de UPCN, Cristina optó por el doble discurso, al igual que la actual dirección Verde y Blanca de ATE Capital. Nada se dijo de la “herencia de precarización laboral”, de un Estado –del que secretario general de ATE dijo haberse enamorado– que es el mayor empleador en negro del país, y que le permite a Macri despedir contratados sin complicación, más que la resistencia de los estatales que se le opone.

Menos que menos, Cristina alentó a poner todo el peso del apoyo recibido en las elecciones para impedir los despidos de estatales o de los que esperan la misma suerte gracias a los contratos basura que en muchos casos gestionaban las mismas universidades k. El cinismo llegó al extremo cuando afirmó que en su gobierno hicieron prácticamente todo bien, excepto una cosa: "en esa permanente carrera por hacer cosas, con el permanente hostigamiento, no medimos que había que hacer reformas estructurales, que no pudieran ser removidas", asumiendo de hecho lo efímero de lo logrado durante 12 años de gobierno.

Muchos trabajadores deben pensar que esa falta de "medición de hacer reformas estructurales" es un mal latinoamericano ya que Evo Morales, Chávez, Lula y Correa justo les faltó "medir" lo mismo. Lo cierto es que fueron "gobiernos posneoliberales", en una situación económica excepcional de crecimiento económico, desgaste de los partidos tradicionales y de importantes procesos de la lucha de clases previos que obligaron a la patronal a aceptar gobiernos que contengan al movimiento de masas, como en Venezuela con Chávez o como en Argentina y Bolivia, donde incluso impusieron la destitución de sus presidentes, De la Rúa y Sánchez Lozada, respectivamente. En una nota anterior, dábamos cuenta de que gobiernos así son propios de países como el nuestro, caracterizados por la fortaleza de la clase obrera, la debilidad de la burguesía y dependencia del imperialismo.

Cristina bajo la explicación de que el macrismo asumió por que le hicieron creer a la gente que la brecha pasa por condenar las diferencias de ideas y pensamientos, o un proyecto nacional y popular, encubre su moderación como oposición al macrismo. Mientras consideró con mucho respeto y hasta cariño a Pinedo, dejó en claro su desprecio hacia los que se reivindican revolucionarios, sacando a luz la típica tradición macartista del peronismo.

La verdadera representación del kirchnerismo

Cristina dijo algo cierto: "Hay peligro de crisis de representación. Una sociedad de necesidades insatisfechas, plantean el peligro de quiebre en la sociedad”. Y machacó que “No es bueno para nadie". Tomando nota de que los sindicatos son llamados –por la crisis de los partidos–, a jugar un rol político, la intervención de Cristina Kirchner estuvo dirigida a los representantes de los sindicatos y en el parlamento, o sea, a las burocracias de todo pelaje, para postularse como alternativa de gobernabilidad al macrismo.

Que casi la mitad del país haya votado al kirchnerismo creyendo que sería una trinchera de resistencia al ajuste del macrismo no vale nada. Los millones de votos son utilizados para hacer una “oposición” ideológica, la política está en función del armado para las elecciones del año que viene: “la unidad de sus organizaciones gremiales es un puntal para volver a reconstruir un gran bloque nacional, popular y democrático”.

En manos de los “representantes” peronistas de los sindicatos y el parlamento la “construcción” no pasa por enfrentar el ajuste. Pasa por atar la suerte de los “representados” a los intereses del kirchnerismo y de las patronales industrial y agraria, de la pequeña y mediana empresa, por lo que la Marcha Federal concitó el saludo y aprobación de Cristina. Apostar a la unidad de la burocracia de la CGT y la CTA, es la consigna. Llamando a olvidar las divisiones de los dirigentes peronistas sin límite alguno, con el que sea ya que “No se trata de pelear...se trata de representar. Sean de los movimientos sociales, sean de partidos políticos, sindicales, se trata de volver a representar”. Una “vocación de poder” sustentada en impedir que los trabajadores den su propia salida y construir una alternativa al macrismo para cuando haya “problemas de representatividad”, el clásico rol de peronismo.

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La misma burocracia sindical que históricamente peleó por impedir que los sindicatos “hagan política”, hoy debido a la crisis de los partidos patronales deben dar por tierra a este “argumento” para llevar a los sindicatos detrás de distintas variantes peronistas y sectores patronales. Cristina lo reafirmó al decir que “No se puede solamente agitar la bandera de la reivindicación. Hoy más que nunca lo político tiene que ser una sola cosa con lo sindical”. Esta pareciera que fuese la estrategia de la Verde y Blanca, dirigir un ATE al servicio de esta tarea, abandonando la “resistencia con aguante” o poniéndola en función de reconstruir un peronismo dividido.

Así no se puede enfrentar a Macri y todo su nuevo plan de reforma del Estado. Necesitamos un sindicato al servicio de la lucha y no de la reconstrucción del peronismo. La tarea de la hora es derrotar el ajuste y los despidos de Macri desde una perspectiva independiente en el terreno sindical y político, una alternativa de los trabajadores. Apoyar el kirchnerismo es apoyar al PJ, la gobernabilidad de Macri y promesas demagógicas para el futuro.

Necesitamos fortalecer el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, para recuperar los sindicatos, derrotar el plan de ajuste de Macri y los gobernadores ajustadores de Cambiemos, del PJ y del Frente para la Victoria. Es la única forma de lograr que nuestras reivindicaciones y garantizar no dejar nuestros derechos en el umbral de la casa Rosada.







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