Política

EDITORIAL DE EDITORIALES

Cristina, Macri y los frentes de tormenta

Sin dudas el tema de la semana fue la reaparición de la ex presidenta en la escena política. Las lecturas del acto en Comodoro Py y advertencias al gobierno ocupan a los editorialistas de los principales diarios del país.

Domingo 17 de abril de 2016 | Edición del día

Frentes de tormenta

Julio Blanck sorprende en Clarín al no hablar de Cristina Fernández. En cambio, repasa en su nota –sugestivamente llamada“Antes de que el agua les llegue al cuello”– la lista de promesas de campaña que el gobierno no ha cumplido. “No hay razones para dudar de que Macri esté lleno de buenas intenciones. Y de ideas claras acerca de cómo reordenar y poner en marcha la economía. La exitosa operación política y financiera para salir del default le abre la puerta a la ejecución de esas ideas y esas intenciones. Puede decirse que, en términos estructurales, su gobierno recién está empezando ahora. Pero toda explicación resulta escasa para quienes ven subir los precios, aumentar las tarifas y tambalear el empleo, mientras sus salarios o sus planes sociales no tienen músculo suficiente para aguantar esa carrera desigual”, dice.

Lo de Blanck no es reprimenda, más bien suave regaño. Por eso no habla del escándalo de las offshore y agrega que las medidas “sociales” que Macri anunció ayer ayudarán a sostener el consumo hasta que se produzca la tan mentada lluvia de inversiones. Como dijo el ex candidato a presidente del Frente de Izquierda, Nicolás del Caño, los anuncios están motivados por la caída de la imagen de Macri y no por una preocupación por los pobres. Lo demuestra el hecho de que el plan de obras anunciado en Provincia de Buenos Aires creará 100.000 puestos de trabajo, cifra similar a la de los despidos en los distintos niveles del Estado desde diciembre.

En Página 12, Raúl Kollmann le pone cifras a la advertencia de Clarín: una encuesta del Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) que lidera el licenciado Roberto Bacman da cuenta de que la preocupación por la economía y la inflación ya abarca al 63 % de la población y el temor por la desocupación subió en seis meses de un 9 % a un 28 %.

“Esto significa que uno de cada tres argentinos ya está preocupado por su trabajo. Nada menos que el 85 por ciento está insatisfecho al evaluar al gobierno en materia de inflación y siete de cada diez cuestionan las políticas del gobierno para bajar la pobreza. Todos estos datos pegan en la imagen de Macri, pero sobre todo en las adhesiones y rechazos de la administración de Cambiemos. En febrero había un 45 por ciento que se consideraba oficialista y un 35 se ubicaba como opositor. Ahora los números se dieron vuelta completamente: 48 por ciento se manifiesta opositor y sólo el 35 dice ser oficialista”. El estudio muestra también que el impacto del escándalo de las offshore del presidente fue significativo.

Fiesta de locos

La Nación no puede contener su odio ante la reaparición de Cristina. Casi todos los analistas políticos vieron en la citación de la ex presidenta un error de cálculo por parte del gobierno, ya que le permitieron reaparecer en la escena pública luego de cinco meses de silencio. Jorge Fernández Díaz y Joaquín Morales Solá quieren construir el relato opuesto: el discurso en Comodoro Py causó fastidio en la población y Macri salió favorecido.

Fernández Díaz abunda en su nota en epítetos relacionados a la locura: “El retorno de la Pasionaria de El Calafate, su discurso mesiánico, su tono amenazante y su multitudinario acto de intimidación judicial refrescaron de pronto la corta memoria de muchos ciudadanos y los rearmaron de paciencia. El Gobierno, que necesita comprar tiempo, celebró en secreto ese beneficio paradójico: sigue siendo negocio que la dama y su troupe de sospechosos y piantavotos recuerden a la sociedad los años en los que vivimos en peligro de enajenación”. Dice algunas verdades, como el faltazo de los gobernadores peronistas y las centrales sindicales K a la “fiesta” y la exclusión de La Cámpora de la lista de unidad en el Partido Justicialista: “Mientras esta juerga proselitista se llevaba a cabo, Urtubey pasaba la mañana con Macri, el jefe de Gabinete almorzaba con Massa, los líderes de las centrales obreras tomaban café en Balcarce 50 y el Partido Justicialista, con el aval de gobernadores y dirigentes de peso, cerraban una lista de unidad en la que dejaban afuera a La Cámpora”.

Por su parte, Morales Solá anuncia que habrá más presos y procesados por distintos delitos de corrupción durante el kirchnerismo, pero da cuenta de la preocupación que eso causa en algunos empresarios: “Comenzaron recibiendo con alegría las noticias que venían de los tribunales, pero cambiaron la cara cuando descubrieron que las investigaciones judiciales podrían terminar en algunos de ellos. El camino es inevitable; la corrupción política se alimenta de la corrupción privada. Ese cambio entre ciertos empresarios fue percibido por el Gobierno y por los jueces. (…) Un mensaje nuevo apareció en el espacio público: es mejor, dice, dejar tranquilo al cristinismo y no darle la oportunidad del regreso. Que todo quede como está (o como estaba). La corrupción es posible porque alguien recibe dinero y porque otro lo paga. Una verdad simple y obvia, que a veces es necesario recordarla. Las investigaciones deben comprender a todos sus actores, no importa si estuvieron en la gestión pública o en la privada. El debate supuestamente político sobre la oportunidad de avanzar en las causas de corrupción es el pretexto perfecto para la impunidad”.

Como ya se ha dicho en otras oportunidades, la corrupción es un mecanismo inherente a la naturaleza del sistema capitalista. Hay una delgada línea entre maniobras legales e ilegales para favorecer el enriquecimiento de los mismos de siempre, sean empresarios o políticos. No por nada La Nación –que formó parte de la investigación– también omite cualquier referencia a los “Papeles de Panamá”. Tienen que sostener el nuevo relato de algún modo.

Frente Ciudadano

Página 12 publicó ayer y hoy sendas opiniones de Eduardo Jozami y Horacio González respecto al Frente Ciudadano al que convocó Cristina Fernández el miércoles pasado. También Luis Bruschtein defendió ayer el discurso de la ex presidenta y auguró un caos social si el gobierno continúa con los ataques al kirchnerismo: “La perspectiva de Cristina Kirchner encarcelada tiene ese efecto simbólico para los K y los anti K, un efecto que se expresa en la forma inhumana de los despidos en el Estado o en el desinterés por la epidemia de dengue o en el mazazo de los tarifazos como formas de inducir marginalidad, de demarcar el “adentro” ciudadano y el “afuera” de la sociedad como no sujeto de derechos ya sea trabajo, jubilación, electricidad o fútbol, porque todo tiene un precio y el que no puede pagar está fuera. Es una puerta abierta al suicidio. Seguir por ese camino desemboca en una lógica de la violencia muy difícil de desmontar una vez que se motoriza, como ya lo ha demostrado la historia. Cuando intentaron pararla se tuvieron que tragar todo lo que habían dicho de Perón, pero ya era tarde, había una inercia más fuerte que llevaba al genocidio”.

Mario Wainfeld en su columnade hoy es un poco más moderado. Si bien la concurrencia fue buena para alguien que no emitía palabra desde hace cinco meses, sólo acompañaron las agrupaciones del kirchnerismo duro, un puñado de intendentes y la CTA de Yasky. “El Frente Ciudadano solo tendrá sentido si consigue atraer adhesiones fuera de esos colectivos. El Frente para la Victoria (FpV) perdió las elecciones nacionales y bonaerenses, sus nutridos bloques parlamentarios padecen divisiones. Es la primera minoría con implantación territorial confinada a municipios. El objetivo que enunció Cristina exige recrearse y relegitimarse. Sumar, asumiendo que el pase al llano horizontaliza adentro y afuera. Sin los recursos materiales y simbólicos del Estado, la tarea es más ardua y novedosa”. El jueves, Cristina se reunió con los diputados del bloque del FpV en su nuevo búnker, el Instituto Patria (alguien dijo “oenegización”?). Lo realmente arduo, sin los recursos del Estado, será aglutinar a los intendentes kirchneristas bonaerenses la semana que viene, de 55 sólo hay 15 confirmados.

Wainfeld se despacha contra el ajuste de Macri, el acuerdo con los buitres de Prat-Gay y la obsecuencia de Urtubey. No dice nada de los ataques y la represión de la gobernadora kirchnerista de Tierra del Fuego, Rossana Bertone. Ni del mísero aumento salarial que Alicia Kirchner otorgó a los estatales en Santa Cruz. Como Cristina en Tribunales, la nota de Wainfeld tiene varios silencios.

El ajuste, la clase trabajadora y el Frente de Izquierda

El llamado de Cristina a constituir un Frente Ciudadano muestra el creciente giro hacia la moderación que están ensayando otras formaciones pos neoliberales en América Latina. El kirchnerismo intenta así ser opositor al macrismo pero dentro de sus propios límites, marcos conceptuales y sujetos.

Sin embargo, hablando de la reunión de las centrales sindicales con Macri, Blanck nombra como al pasar el verdadero problema del gobierno. “El Presidente insistió en derramar optimismo sobre la mejora de la economía y el retroceso de la inflación en el segundo semestre de este año. Pero los gremios quieren empezar a ver las soluciones ahora, antes que la presión de las bases les haga sentir el cosquilleo”.

Es de esas bases, de los trabajadores, las mujeres y la juventud de donde proviene la verdadera resistencia al ajuste en curso. El PTS en el Frente de Izquierda apuesta a esos sectores para la construcción de una izquierda anticapitalista y revolucionaria en Argentina.







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