Política

Cristina Kirchner y el rol de Estado: “Representando al más débil”

En la entrevista de hace unos días, también comparó el cambio de gobierno macrista con la caída del muro de Berlín. ¿Qué alternativa de fondo constituye el kirchnerismo?

Andrea Robles

Querellante en la Causa Triple A |miembro del staff de Ediciones IPS| @RoblesAndrea

Martes 30 de mayo | Edición del día

En la larga entrevista que dio para C5N, la ex presidenta abordó variados temas y una serie de definiciones sobre el rol del Estado, los sindicatos y los derechos de los trabajadores. ¿Cuál es la alternativa de fondo que plantea el kirchnerismo?

La caída del muro de Berlín: el mundo neoliberal y el “capitalismo humanizado”

“Lo que nosotros hicimos fue agregar demanda agregada, consumo… La gente cuando cayó el Muro de Berlín, ¿por qué eligió este lado del Muro de Berlin? ¿Vieron la película Good bye Lenin?, que muestra que la gente de Alemania oriental no tenía nada para consumir y miraban como consumían del otro lado”, dijo Cristina Fernández de Kirchner. Es cierto como afirmó seguidamente que la caída del Muro de Berlin fue un gran triunfo del capitalismo al crear el sentido común o la ilusión de la sociedad de consumo de masas, cuando en realidad solo había consumismo de algunos sectores. El kirchnerismo nunca se referenció en el “socialismo”, ni en la perspectiva que llevó al triunfo a la Revolución Rusa hace cien años, ni tampoco en lo que se conoció como “socialismo real”, los regímenes estalinistas de los países donde se había expropiado el capitalismo que cayeron junto con el Muro. Cristina Kirchner más bien se refería a que su gobierno hizo posible lo que bajo el neoliberalismo era un ideal.

No dejó de llamar la atención la referencia al momento de la caída del muro de Berlín, de auge del neoliberalismo. Fue resultado de este mismo triunfo del capitalismo, la pérdida de numerosas conquistas, privatizaciones, desocupación, precarización y regresión social durante los noventa, que se creó otro sentido común: para combatir al “neoliberalismo” la única alternativa era “humanizar” el capitalismo, sin cambiarlo en lo esencial. En Latinoamérica surgieron los gobiernos posneoliberales.

En Argentina, quien actualmente es senador en La Rioja gracias al Frente Para la Victoria, Carlos Menem, logró imponer siendo presidente la versión neoliberal vernácula y el sentido común de que nuestro país marchaba camino al “primer mundo”, cuando en realidad constituyó, como se ha dicho muchas veces, la continuación del plan económico que no pudo completar la dictadura militar.

Los gobiernos kirchneristas gobernaron sobre la base del ciclo menemista. Y posteriormente a la crisis económica y política de 2001, en condiciones económicas altamente favorables, regularon desde el Estado algunas medidas[1] con las que quieren crear la ilusión de que es posible lograr un capitalismo para todos y todas o que fue un Estado que representó al más débil, como dijo CFK en la entrevista.

¿El Estado con el kirchnerismo representó a los más débiles?

La mayor adhesión al kirchnerismo está basada en la ilusión de que el rol del Estado se sustenta en los pobres o los ricos según el gobierno de turno. Es una definición que deposita expectativas en la posibilidad de avanzar evolutivamente, mediante reformas, al bienestar general de la nación, en convivencia con todos los sectores sociales, incluso empresarios y el imperialismo.

Hace más de un siglo, en debate con una concepción similar, la dirigente socialista y teórica marxista Rosa Luxemburg en su conocido folleto Reforma o revolución afirmaba que el desarrollo del capitalismo altera la naturaleza del Estado en su forma, ampliando su esfera de acción, imponiendo nuevas funciones y haciendo cada vez más necesaria su intervención y control de la sociedad. Pero también efectúa otra transformación, dice, “El Estado existente es, ante todo, una organización de la clase dominante. Asume funciones que favorecen específicamente el desarrollo de la sociedad porque dichos intereses y el desarrollo de la sociedad coinciden, de manera general, con los intereses de la clase dominante y en la medida en que esto es así. (…). Pero esta armonía impera sólo hasta cierto momento del desarrollo capitalista. Cuando éste ha llegado a cierto nivel, los intereses de clase de la burguesía y las necesidades del avance económico empiezan a chocar, inclusive en el sentido capitalista”. Es decir, que bajo las reglas del capitalismo, el Estado en nombre de la clase dominante intenta conciliar o debe chocar frente a las contradicciones que genera el sistema.

Más allá de las distintas connotaciones que plantea la definición por parte de quien realizó importantes elaboraciones frente al surgimiento del imperialismo, Luxemburg acá puntualiza cómo de manera general el Estado trata de coincidir con la sociedad, ampliando o anulando las funciones del Estado sin que eso niegue en ningún caso su naturaleza de clase burguesa, variándolas según las condiciones económicas y políticas del momento.

En esencia, el proyecto del kirchnerismo es intentar atenuar las contradicciones que dejan en evidencia el capitalismo, “equilibrar”, “compensar” las extraordinarias ganancias patronales que garantizaron tanto su gobierno como ahora el de Macri. Que la ex presidenta no haya hablado de los femicidios, la precarización laboral de la juventud, o que considere legítimo el impuesto a las ganancias de salarios que considera “suntuosos” cuando se trata de jornadas extenuantes de trabajo es parte de eso. Ahora que las condiciones cambiaron y la crisis capitalista exige chocar, son las consecuencias del capitalismo en su forma descarnada las que el kirchnerismo con su demagogia intenta ayudar "a que no se desmadren”.

Al servicio de los mismos intereses responde su llamado a la unidad, fuera del tinte que fuera, dentro del aparato pejotista y su reconocimiento a la histórica burocracia sindical, todos líderes del laissez faire o de apoyo directo al gobierno, desde sus puestos de intendentes, gobernadores y en el parlamento.

Del igual modo, su rechazo al 2x1 negó la represión y la política de impunidad durante su gobierno. No se puede tapar con unos pocos genocidas emblemáticos presos la negativa del gobierno kirchnerista a la apertura de los archivos del Estado –único camino real– para terminar con la impunidad de los miles los represores y cómplices civiles que siguen libres y en funciones.

Es con respecto a las fuerzas represivas donde más se ve la falsedad del “Estado, representante de los más débiles” ya que otorgar algunas concesiones –en sintonía con la lucha y el repudio que generaron las políticas de impunidad previas– no niega que era una vía para recomponerlas y relegitimarlas, incluso nombrando a un genocida como jefe del Ejército y la gendarmería en todo el conurbano, como denunciaba, por ejemplo, Nathalia González Seligra, secretaria de derechos humanos Suteba La Matanza y, en pocos días, diputada nacional del PTS por el Frente de Izquierda y los Trabajadores.

Una alternativa real para los trabajadores, las mujeres y la juventud

Cuando los datos duros de la realidad contradecían su relato, la ex presidente se justificó diciendo que no fueron suficientes doce años de gobierno. Para superar las dificultades con las que se toparon el Estado habría precisado, dijo: “20, 30 o 40 años de políticas públicas sostenida”. A la luz de la historia del capitalismo nacional e internacional la verdad suena poco creíble, menos que menos hoy cuando vivimos el fracaso de esos proyectos en países emblemáticos de Europa, Estados Unidos, el fin de ese ciclo en Brasil y Latinoamérica. Nadie sensato en este planeta avizora alguna perspectiva próspera del capitalismo.

Para los que anhelamos terminar con la explotación y opresión que nos impone el sistema capitalista siguen siendo más genuinas y realistas la perspectiva que levantaba Rosa Luxemburg cuando decía que “la lucha sindical y nuestra práctica parlamentaria son muy importantes en la medida en que hacen socialista la conciencia, la conciencia del proletariado y la ayudan a organizarse como clase. (...) cuando están impregnadas de una voluntad firme y consciente de conquistar el poder político”.

En un sistema donde las ganancias empresarias valen más que nuestras vidas, la alternativa es construir una gran fuerza propia, de los trabajadores, las mujeres y la juventud como la que planteamos desde el Frente de Izquierda y los Trabajadores.


[1] Es elocuente en el estudio que realizó Esteban Mercatante sobre lo que dejaron doce años de gobierno kirchnerista en La economía argentina en su laberinto el contraste entre el relato K y los datos de la realidad sobre temas claves como ganancia empresaria, salarios y condiciones laborales, endeudamiento y soberanía, el agro, entre otros.






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