Política

Santa Fe

Crisis en la Santa Fe “normal” de Binner, Bonfatti y el Frente Amplio-UNEN

Nuevos escándalos de narcotráfico y prostitución

Miércoles 17 de septiembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: Enfoque Rojo

Esta semana nuestra provincia, y con particular fuerza la ciudad de Rosario, fue una generadora industrial de noticias que grafican la importante descomposición del régimen político. En pocos días, varios hechos saltaron a los titulares de los medios de comunicación, entrando por la puerta de atrás. Una pareja de trabajadores rosarinos fue golpeada y torturada, con sus hijos en brazos, por la Policía Santafesina, que está en el tope de los índices de apremios y de gatillo fácil a nivel nacional; un comisario de Reconquista, que irónicamente pertenece a la división antidrogas, fue detenido con 100 gramos de cocaína cerca del Casino de Santa Fe. ¿Se habrá llevado “trabajo” a la casa?

Mientras tanto, la cifra de homicidios en Rosario y en la ciudad de Santa Fe crece al calor de una Policía que gestiona el narcotráfico, la trata de personas y el crimen organizado, a los ojos de todos, y con amparo del poder político.

Pero sin lugar a dudas la noticia que sacó a Rosario de las bellas postales turísticas y la puso en su realidad sin maquillaje, fue el lamentable affaire de “Supergatitas”.
El hijo de Néstor Trigueros, Coordinador del Gabinete de la Intendenta de Rosario Mónica Fein, fue encarcelado por ser el dueño de un portal de difusión de prostitución, además de gestor de una red de departamentos para la explotación sexual. Esto, en una ciudad que es el eje del llamado “ablande” de chicas víctimas de las redes de trata y que tiene al menos 100 niños esclavos sexuales según la UNESCO, puede entenderse lo grave que es.

Por un lado, la realidad terrible de chicas y chicos víctimas de la trata o que caen, forzosamente, en redes de prostitución. Por el otro, un poder político que no solamente tolera esta realidad, sino que la impulsa y la consagra, junto a las fuerzas de seguridad.

Desde que estalló el conflicto, el gobierno “socialista”, en la boca del funcionario Fernando Asegurado, encubrió a Trigueros. La argumentación central fue que no se puede condenar a un padre por lo que hace su hijo. Ya el radicalismo había apelado a la misma cantinela cuando trascendió que el hijo del precandidato a gobernador, Mario Barletta, era el abogado defensor del Policía narco Hugo Tognoli. Como se ve, una sistemática imbricación entre el poder político y lo más pérfido del capitalismo.

Finalmente, sin embargo, Fein tuvo que echar a Trigueros por la evidente complicidad: se supo primero, que la actividad prostibular del hijo del funcionario viene desde el 2001. Luego, que este escándalo había trascendido en algunos portales de noticias hace ya unos meses. Y, finalmente, se conoció el domicilio legal de la “empresa” del proxeneta: era la dirección de Trigueros padre. El gobierno de Fein es cómplice de esta barbaridad.

Una bochornosa acumulación de crisis políticas

La estrategia del gobierno del Frente Progresista (tanto municipal como provincial) ha sido la de siempre: lavarse las manos. Sin embargo la acumulación de crisis políticas da cuenta de una enorme podredumbre del régimen político provincial, que ya es inocultable. En dos años, el jefe de policía puesto por Binner fue detenido por narco y por ser garante de redes de trata; Litoral Gas, por su lado -una empresa privatizada y sin control estatal- provocó una brutal explosión con 22 muertos, y pocos días después la concesión de juegos municipales en el Parque Independencia se cobró la vida de dos nenas.

Además, como vimos, las redes de esclavitud sexual funcionan aceitadamente, mientras las tasas de homicidios cuadriplican la media nacional, no por la “inseguridad”, como intentan instalar algunos medios de comunicación sino como un efecto colateral de la degradación policial y del peso del narcotráfico, que funciona como un "proto Estado" protegido por funcionarios y comisarios. Binner, cuando fue candidato en la última elección, nos habló de lo importante de tener un “país normal”. Esta es la normalidad a la que se refería…

Que Rosario sea la “Chicago argentina” no es un eufemismo. Qué paradoja que la única provincia dirigida por el Partido Socialista y el Frente Progresista (a nivel nacional este espacio es el Frente Amplio-UNEN) sea un paraíso para negocios capitalistas legales e ilegales. Ni Bonfatti, ni Binner, ni Fein, pero tampoco la oposición peronista y macrista (de viejos caciques reutemistas) pueden hacerse los compungidos ni los sorprendidos. Todos ellos moldearon un régimen político al servicio de las multinacionales y del narcotráfico, que mueve nada menos que 2 mil millones de pesos al año. La Santa Fe narco del Partido Socialista y la UCR, es hija de la Santa Fe de las privatizaciones y las inundaciones.

Estos partidos son los que sistemáticamente han aumentado el presupuesto para que las fuerzas de seguridad tengan hoy, más caja que toda la salud de la provincia. Para la policía narco, todo, impunidad incluída. Para la salud del pueblo trabajador solo fotos electorales de inauguraciones de utilería.

El devenir cotidiano de la vida en Rosario hace empalidecer al guión de la más cruenta película de Martin Scorcese. La trama que cruza a funcionarios corruptos, comisarios narcos, barrabravas, negocio futbolístico, boom sojero, burbuja inmobiliaria y cientos (literalmente) de muertos, es el escenario en el que transcurre la vida de cientos de miles de trabajadores santafesinos que sufren el fraude y la precarización laboral ante los ojos cómplices de las autoridades. En su edición del martes 16, el diarioLa Capital revela que, según el Indec, el 29 por ciento de los trabajadores rosarinos está en negro y un 27,2 por ciento, sobreocupado. Dos orillas del mismo río: un régimen en decadencia de un lado, penurias sociales del otro.

En este escenario con ribetes trágicos, los tres grandes partidos tradicionales discuten candidaturas. Un show patético que solo denunciamos desde la izquierda. Una verdadera fiesta de menemismo tardío con decorado progresista.







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