Sociedad

EL PLACER A DEBATE

Crisis del mágico círculo del sexo, condicionado por el capitalismo

El 6 de septiembre se festeja el Día Mundial del Sexo, inspirada en la posición erótica del sexo oral mutuo (69). Apuntes sobre la crisis de las relaciones erótico-afectivas.

Yara Almonte

Estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales-UNAM

Miércoles 6 de septiembre | 19:16

Como bien describe Aleksandra Kollontai en varias de sus obras, las relaciones entre los sexos son pura expresión de las relaciones sociales de producción, comprimidas entre la moral y la ideología de las clases dominantes de cada época.

De aquí que en la época medieval, durante el feudalismo, primara la “forma tribal” de vida, la economía colectiva y una moral sexual que, aunque clerical, no consideraba posible poseer la psique del ser amado.

Esto contrasta con las ideas que luego imprimió la burguesía, del individualismo estricto, el aislamiento de la familia nuclear, la exclusividad sexual y afectiva, inspirados en el “espíritu de competencia” y de la propiedad privada de las cosas y las personas, incluyendo la descendencia.

Sólo con la promesa del “amor eterno” y de la realización a través del matrimonio, que consiste en la “libertad individual” de abandonar toda libertad humana, puede sostenerse la monogamia y la descendencia segura de la familia burguesa para garantizar la herencia de la propiedad privada.

Es en la moral sexual donde con mayor claridad aparecen las contradicciones ideológicas de la burguesía. Esa construcción falsa de la separación entre la economía y la política, entre el Estado como “ente neutral” que regula los conflictos entre clases aparentemente iguales, también se registra en la configuración de la sexualidad, el matrimonio y la familia.

Se persigue y criminaliza la prostitución, mientras se espera que los varones sean expertos en el sexo. Se convive con el adulterio y el concubinato, pero la cara pública de toda familia “respetuosa” está basada en un matrimonio sólido, que en el caso de clase trabajadora se ve impedido por los ritmos de trabajo y las distancias.

Se habla del amor como realización en una sociedad donde la gran mayoría de la población es obligada a trabajar hasta la muerte para financiar los privilegios de los parásitos capitalistas.

La crisis del sexo y la insatisfacción amorosa

Pero el gran festejo del placer encubre, sin embargo, la profunda insatisfacción erótica y sexo afectiva de la humanidad en las últimas décadas. Desde la enfermedad de la “frigidez”, alimentada por la depresión masiva de las mujeres de los 50’s sin proyecto por fuera de las tareas del hogar, hasta el boom de la pornografía, los chats sexuales y las aplicaciones para ligue que han trivializado las relaciones entre los sexos.

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Con el neoliberalismo y la mercantilización de la vida, el cuerpo -especialmente el femenino- se ha convertido en objeto. Cosificado, vale simbólicamente por su apariencia y económicamente por su capacidad de generar valor a través del trabajo y la explotación sexual.

El individualismo, transversal en la constitución de los sujetos en la sociedad burguesa, ha configurado una dinámica superficial y utilitaria que, en el caso del amor, espera alcanzar la plenitud mediante la absoluta disposición del ser “amado” a uno mismo. La solidaridad, la responsabilidad afectiva y el compañerismo, son temas secundarios que se esconden tras el estatus quo y el egoísmo. La insatisfacción y la sensación de soledad duermen cada noche entre las sábanas.

El amor camaraderil, lo más cercano al amor “libre”

Parece descabellada la urgencia señalada por Kollontai y la generación que vivió la Revolución Rusa –de la que se cumplen 100 años– sobre la necesidad de establecer relaciones más humanas entre los sexos, más camaraderiles y equitativas, incluyendo en el plano sexual y erótico-afectivo.

Muchos, sobre todo de corrientes libertarias, han escrito sobre las potencialidades del amor libre. Para los y las bolcheviques, amar libremente dentro de los marcos del capitalismo era imposible. En una sociedad que funciona basándose en la desigualdad, en la absoluta desposesión de unos por otros, no hay margen para desarrollarse libremente y amar sin restricciones, distanciándose de los intereses económicos que se ocultan tras el matrimonio.

La desigualdad entre los sexos, herencia patriarcal, y con la responsabilidad de la reproducción de la vida y la especie recayendo principalmente sobre las mujeres, es imposible pensar en un amor libre de condicionamientos materiales, en relaciones sin egoísmo y más igualitarias.

Necesitamos reorganizar el funcionamiento de nuestras relaciones socioeconómicas sobre una base comunista, construyendo una nueva concepción del mundo; sin construir otras bases para nuestra psicología afectiva será imposible salir del laberíntico problema sexual. Esta tarea exige revolucionar la vida cotidiana, las costumbres y acabar con los prejuicios de una moral conservadora que se escandaliza frente al más pequeño asomo de transgresión.

No puede pensarse en la libertad de unos cuantos. Para desarrollar otro tipo de relaciones entre las personas, necesitamos construir las bases materiales para la emancipación de toda la humanidad, con otra moral inspirada en la ayuda mutua y en la camaradería que permita desplegar todo el potencial del amor.






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