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Crimen industrial: cuatro mineros muertos y sus familias en la incertidumbre

Tras la muerte de cuatro mineros en la mina “La Encantada”, familiares y compañeros exigen a la empresa canadiense First Majestic aclarar lo sucedido y hacerse responsable por el siniestro.

Marisol FN

@MariposaConejo

Viernes 6 de octubre | 21:44

A principios de mes se registró una explosión en la construcción de la rampa 790, dentro de la mina La Encantada ubicada en Ocampo, Coahuila. El saldo fue de cuatro mineros muertos: Manuel Alberto Colunga Oñate de 22 años, Waldemar García Pérez de 24, Juan Raúl Cedillo Arredondo de 25 y Jesús Alberto Sánchez Montoya de 38 años.

Foto: La Vanguardia

Las causas de la tragedia aún son poco claras para las familias de las víctimas, pues la empresa ha guardado gran hermetismo sobre el tema. Hay distintas versiones: la primera indica un posible incendio de una máquina tipo Scoop Tram, que funciona con diésel y se encarga de recoger material dentro de la mina para mandarlo a los puntos de extracción. Según esta versión la máquina se incendió y provocó la explosión en la rampa 790, en la que murieron los mineros.

Otra versión señala una concentración no detectada de monóxido de carbono dentro de la mina, que derivó en la muerte de los mineros. Una tercera versión comenzó a circular en los últimos días por parte de la empresa y pretende culpar a los trabajadores del siniestro. En un comunicado First Majestic señala que:

“Los cuatro hombres llevaban todo el equipo de protección personal requerido, incluyendo aparatos de respiración del cinturón de seguridad, pero lamentablemente no utilizaron el equipo”.

Esta visión empresarial es completamente opuesta a la versión de las familias mineras. En entrevista para un medio local, el padre de uno de los mineros fallecidos señaló que:

“Cada que veía a su hijo le platicaba que en la mina había mucha inseguridad y sueldos bajos, sin embargo la necesidad lo hacía mantenerse en el empleo (...) Dicen que es segura la mina, les dan pláticas y cursos, tienen reconocimientos por las medidas de seguridad, pero en realidad nada de eso se lleva a la práctica dentro de la mina”.

Sobre la tragedia en Ocampo, Cristina Aurebach integrante de “Familia Pasta de Conchos”, criticó que la empresa no haya dado la cara al sobre cuántos muertos y heridos hubo, ni qué fue lo que realmente pasó y declaró:

"Nosotros vamos a documentar, a hacer la exigencia por su puesto, que entre la Secretaría del Trabajo haga una investigación y finque responsabilidades. Porque si uno solo, no estaba registrado en el Seguro Social eso ya no es un accidente, esto se llama un siniestro."

Recordemos que el 19 de febrero de 2006, un desastre parecido al de Ocuampo, pero de magnitudes mayores ocurrió en la mina Pasta de Conchos, propiedad de Grupo México. Las precarias condiciones de trabajo en la mina provocaron una explosión que dejó como saldo: 65 mineros muertos de los cuales, 63 de ellos permanecen sepultados en la mina. Un escándalo internacional en donde gracias a la complicidad del entonces presidente Vicente Fox, el responsable de la tragedia Germán Larrea, en completa impunidad.

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Justicia para los mineros

Con el crimen industrial de la mina La Encantada, con gran indignación y rabia vemos una vez más como la muerte de trabajadores y la tragedia para sus familias, pudo haber sido evitada si las empresas hubieran cumplido con las medidas de seguridad necesarias para el desarrollo de la actividad minera. Una vez más las empresas mineras demuestran que su sed imparable de ganancias, está por encima de la vida de los minero y sus familias.

Bajo estas terribles condiciones, no puede haber una tregua ni mediación pacífica entre empresarios y mineros. Los trabajadores afiliados al sindicato minero dirigido por Napoleón Gómez Urrutia, no pueden negociar ninguna mejora laboral sin pelear también por Comisiones de Higiene y Seguridad dirigidas no por representantes de las empresas, sino por los propios trabajadores que son los arriesgan a diario la vida en las minas.

Estas comisiones no serán un regalo de las patronales, sino producto de la lucha de los mineros y sus familias a través de sus herramientas más eficaces: la huelga, el paro y la movilización independiente y junto a la población afectada por el terrorismo empresarial.

¡Nuestras vidas, valen más que sus ganancias!

*Con información de El Tiempo, El Siglo de Torreón y Plumas Atómicas






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