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Covid-19 en Venezuela: la importancia de los test masivos para evitar la propagación del contagio

A mediados de marzo el director de la OMS se dirigía al mundo con una insistente recomendación: “Test, Test, Test”. Estos son las herramientas nodales junto con el aislamiento social y el contacttracing (rastreo de contacto), para aplanar la curva de contagios. En Venezuela, donde arrastramos una catastrófica situación económica y social hace años, con un sistema de salud en ruinas, si el contagio se expande las consecuencias serían terribles. A eso se suman las criminales sanciones impuestas por EE.UU. Aquí abordamos la importancia de los test masivos y cómo pulsear por ellos en las condiciones concretas del país.

David Rivas

Sociología UCV / @DavidRivasLTS

Martes 31 de marzo | 18:56

El 13 de marzo el Gobierno dio a conocer los dos primeros casos de COVID-19, se trataba de dos pasajeros del vuelo Iberia 6673, de inmediato se dio la medida de suspensión de clases en todos los niveles, le siguió la de cuarentena preventiva en 7 estados del país que para el martes 17 se extendía a todo el territorio nacional. Las medidas de aislamiento social son las primeras medidas lógicas ante una pandemia, se han usado desde tiempos remotos, en otras etapas de la historia humana, son, digamos, lo más básico. Sin embargo, como comenta Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), así como los estados han declarado con rapidez la cuarentena “no hemos visto una escalada urgente en los Test”. Sencillo: la cuarentena sola no basta.

El criterio amplio para los test masivos y su importancia

La OMS plantea que, como mínimo, el test debe aplicarse a todas aquellas personas que presenten algún síntoma, así sea leve, y no solo a los que muestren síntomas graves o avanzados. Señala que la mayoría de los países que están aplicando los test lo están haciendo de esa manera totalmente restringida, con lo que se alcanza solo a un pequeño sector del universo de contagiados.

Dado que con este virus la gran mayoría de las personas infectadas no presenta síntomas, cobra más importancia aún ese criterio amplio de aplicación de la prueba de despistaje, para tener una idea lo más cercana posible a la verdad sobre el universo real de contagiados, y tomar las medidas para frenar esas cadenas de contagio, que permanecerán “invisibles” hasta que no se detecten. En países como Corea del Sur y Alemania la aplicación masiva de esas pruebas ha sido clave en el control de la propagación.

Por otro lado, tener ese “mapa” del contagio permitiría un uso más eficaz y eficiente de los recursos del sistema de salud, puesto que permite dirigir los esfuerzos hacia donde efectivamente sea más oportuno para combatir la propagación y la atención. Además, eso permitiría una aplicación menos rudimentaria y más idónea de las “cuarentenas”, pues permite definir confinamientos selectivos.

Por eso algunos señalan que los test son como el “GPS” que se requiere para orientarse frente a la propagación del virus.

¿Qué criterio se está empleado en Venezuela?

Según los datos oficiales, hasta el lunes 30/03, 16.129.012 personas han contestado la encuesta sobre el COVID-19 en la Plataforma Patria, arrojando 61.859 casos a visitar, de los cuales se han visitado a sus casas 49.853. Las pruebas de detección, sin embargo, se le habrían practicado (hasta el 29/03) solo a 3.650 personas que han presentado síntomas evidentes asociados al virus.

Hay muchas razones para dudar de los números oficiales, siendo un gobierno que desde hace años oculta datos económicos, sociales y… de salud, como por ejemplo, nada más y nada menos que el boletín epidemiológico: desde el 2016 el gobierno ha condenado al país a no tener datos al respecto. Partiendo de esta duda razonable, aun en el caso que fueran ciertos, muestran que se está empleando el criterio restringido que no permite detectar realmente la expansión del contagio. De mínima, el primer universo de “testeables” son las casi 62 mil personas que en la encuesta arrojaron alguna sintomatología o padecimiento previo que los predisponga como vulnerables. Hasta ahora, solo a una población equivalente al 6% de ese primer grupo se le ha aplicado.

Otro grupo son las personas que ingresaron al país en las semanas previas al brote. Delcy Rodríguez señaló que serían unas 50 mil, que fueron contactadas por mensajes de texto para que se pongan en contacto para examinarlos. De esas, algunas puede que hayan llenado la encuesta de la Plataforma Patria, otras no, recordemos que no todos los venezolanos están allí, muchos rechazaron inscribirse por el contenido clientelar y de control social que presentaba: en tanto el país tiene una población mayor de 15 años estimada en 23,9 millones, en el “Carnet de la Patria” estarían inscritas 18,4 millones de personas (cifras declaradas en enero). El propio Gobierno no ha presentado ese número de viajeros como parte de los 62 mil que llenaron la encuesta, por lo que es de prever que el universo mínimo de “testeables” se amplía en varias decenas de miles.

Hay que agregar también otros grupos focales: aquellos que hayan estado en contacto con las personas que den positivo, y las trabajadoras y trabajadores del sector salud, a quienes incluso deben repetírsele las pruebas cada tanto tiempo. Todo lo cual amplía más aún el universo de testeables, y hace que el 6% señalado arriba, sea bastante menor.

¿Se dispone de lo necesario?

De acuerdo con los voceros del Gobierno, Venezuela ha recibido 4 mil kits de test venidos de China el 19/03, y 10 mil de Rusia el martes 24/03. Recientemente habría llegado un cargamento de China con 55 toneladas de insumos, en las que habría 10 mil pruebas PCR (Reacción en Cadena de la Polimersa). Eso sumaría 24 mil pruebas disponibles. Más aún, ayer (30/03) por la noche, Maduro declaró que llegaron “500 mil pruebas” de China y completó “tenemos en nuestras manos 1 millón”.

¿Cómo las 24 mil anunciadas los días previos más las 500 mil declaradas anoche suman “un millón”? ¿Había otras cientos de miles que no habían sido declaradas? Aquí nos tropezamos con dos problemas serios. Uno es la falta de credibilidad, claridad y transparencia del gobierno con las cifras, ¿quién certifica esos números, quién respalda esas declaraciones? El otro es: si realmente se tiene tal cantidad enorme de pruebas, ¿por qué no se están aplicando entonces los test masivos que son una necesidad urgente, una medida de primera importancia?

Corea del Sur, uno de los casos en que lograron mejor control de la pandemia, aunque imponiendo grandes sacrificios para sus trabajadores, había realizado hasta hace unas semanas más de 300 mil test, contando con una población de casi 51,5 millones, lo que arrojaba una razón aproximada de 1 test cada 170 habitantes. Jorge Rodríguez declaró que los test aplicados en Venezuela están muy por encima de los hechos en el resto del continente. La verdad es que, si son ciertas las cifras de aquí y las de otros países, Venezuela es similar a otros: en Colombia se han hecho 9.200 desde el 9 de marzo, en Argentina el número sería parecido al de aquí. Pera lo más claro es que hasta lo momentos, en todos los países del continente, incluido Venezuela, se está muy por detrás de lo necesario para el testeo masivo.

Los test masivos en medio de la crisis: su urgencia y cómo lograrlos

A pesar de que la curva de contagio se mantiene aplanada en el país –dato que puede ser real o no– la necesidad de remontar velozmente el importante déficit de test es urgente. Son los primeros casos de las primeras dos semanas, y ya se sabe que el crecimiento del contagio tiende a ser exponencial, siendo en las semanas siguientes donde se expande. El universo de posibles contagiados que “no se ven”, que no están detectados, es enorme, el caso del tercer fallecido en el país lo ilustra: llevaba un mes con síntomas sin ser diagnosticado, quince días antes de la cuarentena, ¿a cuántas personas pudo haber contagiado?

Con el estado ruinoso al que el gobierno llevó al sistema de salud, el terrible colapso de servicios elementales para esto como el agua, el transporte, la crisis severa de combustible, salarios miserables, grandes sectores en pobreza sin poder cubrir alimentos y medicinas, y las criminales sanciones de la principal potencia imperialista del planeta, si no se detectan y controlan a tiempo realmente las vías del contagio, y este se expande exponencialmente, podemos ir a un escenario terrible, peor que la catástrofe que ya traemos. Se le suma una cuarentena masiva sin garantías reales para millones que dependen del día a día, sin ninguna medida ante el alza de precios y con reforzamiento del autoritarismo y el control policial de población.

Peor aún, la pandemia se ha manejado con mano dura para los trabajadores de la salud, con hostigamiento, amenazas de despido y hasta prisión a quienes reclaman elementos básicos de bioseguridad, cuando por el contrario es el momento de incorporar a más personal en los hospitales y brindarles toda la protección adecuada.

El país necesita aplicar ya, de manera masiva, los test que dice tener el gobierno. No solo es que el número de pruebas declaradas es mínimo con relación al universo que debería abarcar, sino que es irrisorio con relación a las pruebas de las que dice disponer el gobierno. Ni siquiera a los trabajadores de la salud se les está aplicando masivamente. Por múltiples informaciones arrojadas por pacientes y personal de salud, se sabe también que no hay ninguna masividad de las pruebas, que solo se las está haciendo a quien tiene síntomas muy evidentes y fuertes. De manera que es clave ¡exigir #TestMasivosYaVenezuela!

Es imprescindible tener información detallada, real y confiable sobre todos los datos relacionados con esta emergencia. Comenzando por saber la verdad sobre la cantidad de pruebas disponibles y sobre los casos. ¿Puede haber casos en que, por no hacerles las pruebas, hayan sido declarados afectados o fallecidos por otra patología? Sí. Por todo eso es necesario que haya comités de trabajadores de la salud y especialistas que sean quienes auditen y controlen esas informaciones.

Se necesita contar con los recursos para adquirir los test que hagan falta. Si no fuere real la cifra enorme que dio Maduro, o si el contagio se expande con gran magnitud y se requieren muchas más pruebas, el país necesita contar con los recursos y libertad para importarlas.

En este escenario, es elemental exigir la devolución de los bienes de la nación confiscados, cese de la retención de recursos del país, del bloqueo parcial y de todas las sanciones impuestas a Venezuela por los EE.UU. Si bien el gobierno las usa como pretexto para ocultar su responsabilidad en el desastre nacional, es un hecho que si antes de esta emergencia ya eran repudiables y criminales, lo es más que en semejante crisis pandémica mundial y con un país golpeado por una de las peores crisis de su historia, el gobierno de Trump mantenga estas sanciones imperiales, incluso renovando su intervencionismo para lograr imponer un cambio de gobierno a su favor, que es el objetivo político de las sanciones. La derecha aúpa esa intervención, habla de atender la emergencia y dotar los hospitales, pero no exige el cese de las sanciones, lo que los hace abiertamente cómplices del imperialismo y de la falta de recursos en el país.

El gobierno nacional por su parte, ¡aun en esta emergencia!, exonera de impuestos a las trasnacionales petroleras y a grandes capitales nacionales, mientras mantiene el IVA que pagan todos los trabajadores venezolanos, en el exterior hay cientos de miles de millones de dólares fugados de la renta petrolera, ¡¿cuántos test y otros insumos para la salud se podrían comprar dejando esa alcahuetería y cobrándole fuertes impuestos a las ganancias y el gran capital, así como tomando medidas para forzar la repatriación de capitales?! Lo mismo aplica para la deuda externa, debe ser repudiada, en estas condiciones no puede ir ni un dólar a esa usura, ¿cuántas vidas de podrían salvar con esos recursos?

Junto a esto, es imprescindible que todos los recursos relacionados con la salud, incluidos los privados, sean centralizados en el sector público y que su uso sea controlado por comités de los propios trabajadores de la salud y especialistas. Instalaciones, insumos y equipos de las clínicas, hoteles, laboratorios, empresas que fabriquen o puedan reconvertirse para fabricar tapabocas, guantes, alcohol, jabón, sanitarios, camas, etc., las farmacias y sus insumos, todo eso debe estar disponible como recursos públicos para la emergencia. La vida y la salud antes que las ganancias.

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