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Coutinho: Cine de conversación o el cine como medium

Jueves 6 de noviembre de 2014 | Edición del día

En el marco de las actividades de la 8va muesta DOCA que finalizó ayer, y que convocó a cerca de 2000 espectadores, se realizó en el Centro Cultural Argentina-Brasil la presentación del libro “Coutinho: cine de conversación y antropología salvaje” compilado por el grupo “Revbelando imágenes”.

En una colmada sala de conferencias, Sebastián Russo y Juan Ciucci expusieron algunas aristas de la obra del recientemente fallecido documentalista brasilero homenajeado por DOCA.

En principio, se ubicó a Coutinho en la tradición de realizadores como Santiago Alvarez y Jorge Sanjinés, quienes desde una radicalidad estética reflexionaron sobre las vicisitudes del pueblo americano. Se destacó la búsqueda autoral del brasilero de construir una “comunidad de narradores”, “en las que ni el entrevistado ni el entrevistador acaparen por sí solos el acto (político) de la enunciación y (ambos) se transformen en esa experiencia conversatoria.” Esta característica de su cine, puede verse claramente en tres de sus films más paradigmáticos “Edificio Master”, “Juego de escena” y “Las canciones” (proyectada en la muestra DOCA). Allí, Coutinho establece un vínculo con sus personajes donde las relaciones “entrevistador-entrevistado” se difuminan y las palabras del otro fluyen en la película como si Coutinho fuera un médium. En ese sentido, el cine de Coutinho es radicalmente popular, porque la voz de los pobladores del populoso Edifico carioca, de las barriadas de San Pablo o de los recolectores de basura (“Boca de Lixo”) emerge visceralmente sin que el director hegemonice el sentido. Los testimonios en las películas de Coutinho son disparadores en donde a diferencia del discurso televisivo, la Verdad se construye democráticamente. Como dice el documentalista “Yo no afirmo que el Edificio Master es un infierno o un paraíso, prefiero no decir nada para que las personas puedan elegir (…) no quisiera decirles piensen esto o aquello como hace la televisión. Y es por esta razón que en mis películas no utilizo música, la música tiene un poder muy fuerte de sugerencia. Yo no tengo que sugerir nada. El personaje sugiere.”

Para lograr los diálogos Coutinho recurre a un método particular, que él describe como “salvaje”, en una entrevista exclusiva para el libro dice: “A mi no me gusta ver a la persona con quien voy a charlar antes de hacerlo, y es por eso que es “salvaje”. Porque la hora que voy a estar allí con ella vamos a tener un encuentro agónico, es decir, durante ese tiempo la persona se convertirá o no en un buen personaje y eso dependerá de ella misma y de mí, a la vez que dependerá de nuestro diálogo.”
Está claro que esta metodología deja muchas cuestiones libradas al azar, lejos de renegar de esto, Coutinho lo reivindica ya que saca del trabajo cualquier idea de pureza o perfección “que están relacionados con la muerte, mientras que yo (dice Coutinho) quiero estar ligado a la vida”.

La presentación del libro, terminó con un cerrado aplauso de los presentes y la certeza de que el cine político debe buscar sus fuentes y reinventarse permanentemente lejos de los discursos estéticos hegemónicos. El legado de Coutinho no es su forma, cada cual deberá encontrar la propia en su contexto histórico, el legado es la aventura de la búsqueda, en donde la incertidumbre no sea nuestro fantasma sino nuestra necesaria aliada.

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