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Costa-Gavras: celuloide y compromiso

Costa-Gavras ha obtenido, por derecho propio, el premio Donosti en el presente festival de cine de San Sebastián.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Martes 15 de octubre | 20:17

Un realizador honesto, coherente, irregular en sus formas, pero honesto siempre en un mensaje en el que el capitalismo y el fascismo vienen a ser las dos caras de una misma moneda, observada desde diferentes ángulos. El ángulo de la violencia del capital, de las dictaduras, de las falsas democracias, del paro y la desestructuración social mezclando humanismo y tensión, humor negro y sátira social.

En su país natal, Grecia, realizó películas contra el totalitarismo y la violencia de Estado que han pasado a la historia como en el caso de “Z” o “Estado de sitio”. Fue adoptado por el cine francés donde ha realizado en diversas coproducciones sus últimos filmes -coherentes con su línea ideológica- sin descartar ocasionales incursiones en el Hollywood independiente. Así sucede en “La caja de música”, sobre una abogada (encarnada por Jessica Lange) que lucha contra su pasado familiar marcado por el nazismo, o “Mad city” donde satiriza el poder de los massmedia al tiempo que vuelve a romper una lanza en favor de los desheredados y los desempleados.

Su primera película en EEUU sigue siendo, no obstante, la más famosa de su carrera: “Missing” (Desaparecido), sobre la represión bestial de la dictadura chilena protagonizada por Jack Lemmon y Sissy Spaseck que luchan por recuperar a uno de los muchos desaparecidos al comienzo del golpe de estado de Augusto Pinochet.

Suspense y compromiso político que se repiten en filmes menores como “El sendero de la traición”, un thriller sobre el poder de la extrema derecha en EEUU. Su regreso a Europa ha sido de la mano del cine francófono con títulos tan dispares como “Amen”, despiadada con el lado oscuro de las altas instituciones eclesiásticas y su colaboración con los fascismos, “Arcadia”, una comedia negra y tenebrosa sobre como el miedo al fracaso puede provocar la violencia o “El capital”, con Gabriel Byrne, uno de sus filmes más vitriólicos acerca de una familia que trata de salvar su empresa anteponiendo los fines a los medios sin tener límite alguno. Un realizador humanista, de hechuras ajustadas, sabedor del cine de tesis y gran director de intérpretes.

En un terreno más ligero se mueven títulos como “Edén al oeste”, sobre la odisea de un joven inmigrante griego a la búsqueda de la paz y la estabilidad económica en una Francia insolidaria y racista. El cine de Costa-Gavras equivale al compromiso sin descuidar la forma y el realizador sin ser un maestro del séptimo arte se ha ganado a pulso un puesto único e indispensable en el cine europeo y mundial contra el capitalismo salvaje y sus efectos en la vida de seres humanos de diferente extracción social y ubicación geopolítica.

Su último filme, que se estrena en el festival de San Sebastián, es “Comportémonos como adultos”, una adaptación de las memorias de Yanis Varoufakis, el breve ministro de finanzas griego que abandonó su cargo poco antes de que Syriza se transformara en el mejor aplicador de los planes de la Troika.
Costa-Gavras no se despide, sino que vuelve con uno de sus filmes más ácidos y polémicos que esperamos con verdadera impaciencia.







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