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Coronavirus y Universidad Nacional de Mar del Plata: ¿qué rol puede jugar en la crisis sanitaria?

Las universidades y los centros de investigación científica del país tienen un potencial enorme para afrontar la crisis sanitaria. Su rol podría ser fundamental, si se ponen sus instalaciones, laboratorios, equipos de investigación, docentes y estudiantes a disposición en la tarea de afrontar la pandemia.

Jueves 26 de marzo | 18:29

En medio de una crisis sanitaria agravada por años de políticas de ajustes neoliberales sostenidas por los distintos gobiernos, aparecen problemáticas diversas. Desde el desabastecimiento de alcohol en gel, barbijos y otros productos sumamente necesarios debido al afán de lucro de las empresas, hasta la insuficiencia de insumos en los hospitales. Esta situación se agudiza, dado que el gobierno no está dispuesto a tocar las ganancias de los grandes empresarios y grupos de inversionistas del sector de la salud, así como tampoco desconocer la deuda ilegítima que drena gran parte de los recursos del Estado. Ante este panorama, surgen distintos ejemplos de cómo la solidaridad de los de abajo puede dar respuestas importantes a la hora de enfrentar la pandemia.

En las universidades de Mendoza y de Rosario, ya hay docentes que están abocándose a la producción de alcohol en gel, e incluso en la última desarrollarán respiradores a un costo 80% más bajo. Otro de los casos se da entre los y las obreras del Astillero Río Santiago, que trabajarán en conjunto con la Universidad de La Plata, en pos de reconducir su producción hacia las necesidades del sistema sanitario. Además, las trabajadoras de la textil “Traful Newen”, fábrica recuperada de Neuquén, comenzaron recientemente a confeccionar barbijos. Por otra parte, en la ciudad de Mar del Plata, se lanzó una convocatoria a través de las redes por parte de un grupo llamado imprimesalud, para quienes tuvieran impresoras 3D, con el objetivo de colaborar en la generación de insumos gratis para el Hospital Interzonal.

A estas iniciativas, a lo largo de los últimos días se sumaron ejemplos desde la Universidad Nacional de Mar del Plata: estudiantes y docentes de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales comenzaron a elaborar alcohol en gel; docentes y graduados de Psicología pusieron en marcha un servicio de atención y contención a las personas que así lo necesiten durante el aislamiento; y la Facultad de Ingeniería se puso a disposición para la reparación de respiradores y la fabricación de elementos de protección para el personal sanitario mediante impresoras 3D. En la Facultad de Ciencias de la Salud y Trabajo Social lanzaron acciones para dar asistencia a los adultos mayores y políticas de contención on-line. La Escuela Superior de Medicina, por su parte, integrará el Comité de seguimiento de la situación regional que monitorea el Coronavirus, y se prepara para lanzar una campaña de voluntariado entre sus estudiantes en los próximos días. Además de algunas propuestas más e iniciativas de otras facultades.

Estos ejemplos muestran cómo las universidades pueden estar al servicio de resolver los grandes problemas de las mayorías. Sobre todo en las circunstancias actuales se hace imperioso que lo estén. Más aún, teniendo en cuenta los múltiples reclamos de distintos trabajadores y trabajadoras, que se desempeñan en sectores considerados esenciales, por medidas higiénicas indispensables. Así como también la necesidad urgente de que el personal sanitario cuente con insumos de protección y materiales para asistir a los pacientes. Ante la completa insuficiencia de las políticas del gobierno para cubrir estas demandas, surgen ejemplos de iniciativa, solidaridad, creatividad y labor cooperativa, que demuestran una vez más cómo la clase trabajadora -en la que se encuentran incluidos profesionales y científicos- se puede empezar a organizar ante la crisis.

¿Qué otros aportes podría realizar la Universidad de Mar del Plata ante esta situación?

En relación a lo anterior, imaginemos con cuántos recursos más cuenta la Universidad de la ciudad de Mar del Plata. Sólo podemos imaginar, porque llamativamente los datos no son de público conocimiento. Es muy difícil acceder a información sobre cantidad de profesores, investigadores, laboratorios, impresoras 3D, insumos, áreas de investigación. Es indispensable la democratización de estos datos, generando una mayor vinculación entre la comunidad y las facultades.

Considerando esto, si un grupo, un barrio, una escuela, una cooperativa o una empresa recuperada, tiene alguna necesidad o demanda, acaso, no sería importante que supieran qué capacidad tiene la Universidad de elaborar respuestas para sus problemáticas. En relación a esto y ante la grave situación que estamos atravesando, se hace crucial el conocerlos para poder tomar medidas de urgencia.

En este punto surge una pregunta, cuánto más se podría estar haciendo desde la Universidad, sin dudas las iniciativas que van surgiendo son sumamente importantes. Pero, una vez más imaginemos: la FAUD poniendo en juego sus conocimientos podría relevar y acondicionar hoteles y viviendas ociosas para las familias que más padecen la crisis. Además, los estudiantes avanzados de medicina y de enfermería podrían ser convocados y capacitados para trabajar (con salarios y condiciones laborales acordes) en las distintas áreas del sistema de salud.

Por otro lado, se podría seguir, el ejemplo planteado anteriormente de la Universidad de Rosario que, a través de su Facultad de Ingeniería realizará respiradores 80% más económicos que los actuales. Sigamos imaginando: Geografía, Sociología, Trabajo Social, etc., podrían hacer un relevamiento de la cantidad de personas en situación de calle, hacinamiento, sin servicios esenciales, en estado de vulnerabilidad, violencia, ya que la pandemia profundiza las desigualdades. Continuando con este ejercicio especulativo: Económicas podría reorientar sus investigaciones hacia planificar cómo debe ser la articulación entre las medidas necesarias a implementar y los presupuestos vigentes. Sin duda, nuestra imaginación es limitada y a los lectores y lectoras se les ocurrirán un sin fin de posibilidades. Sin embargo, ante la falta de datos concretos es difícil saber fehacientemente todo lo que podría aportar la universidad para superar esta crisis.

Por otra parte, una de las cuestiones que más preocupa a la sociedad es la capacidad de los centros de investigación y de salud para realizar los tests necesarios en función de contener la pandemia. Se ha empezado a descentralizar el testeo y se sabe que el Hospital Interzonal y el Instituto Nacional de Epidemiología, con sede en la ciudad, comenzarán a realizarlos. Sería de gran ayuda para esas instituciones el aporte que pudiera realizar la universidad. En consecuencia, surge otra pregunta: ¿se podrían adecuar los laboratorios con que cuentan algunas de las facultades para la realización de los tests?

En todo caso al menos, es muy probable que se pudiera aportar personal o insumos y asistir en la readecuación de los espacios de las otras instituciones. Esta no es una cuestión menor, ya que muchos expertos, e incluso la OMS ha aconsejado que se utilicen los testeos como “columna vertebral” de la lucha contra el SARS-CoV2, más conocido como covid-19 o coronavirus. La experiencia de Corea del Sur, donde rápidamente se contuvo la propagación del virus gracias a la realización de 6.150 testeos por millón de habitantes, contrasta con la de Italia donde se realizó la mitad por millón de habitantes. Por lo tanto en este tema central tendrían que ser depositados buena parte de los recursos.

Retomando el rol de las universidades en esta situación crítica, no hace falta especular sobre el compromiso social de los profesores, del estudiantado, investigadores; su dedicación constante y las iniciativas que hemos mencionado dan cuenta del mismo. Eso sí es de público conocimiento. La dedicación de los miembros de la comunidad universitaria se da a pesar de los escasos recursos económicos; producto de partidas presupuestarias insuficientes o al menos no ideales para el sostenimiento óptimo de las universidades. Es por esto que, ante la crisis, no sólo se debe garantizar el derecho a la información sobre los recursos de las facultades; es urgente, también, el otorgamiento de una partida presupuestaria de emergencia para el sistema educativo superior, basadas en el no pago de la deuda e impuestos progresivos a las grandes fortunas. De esta manera, se podría convocar a más profesores y estudiantes de la UNMDP y mediante capacitaciones podrían colaborar- con salarios, condiciones laborales dignas y todos los insumos necesarios - en afrontar esta pandemia.

En función de todo lo que venimos planteando, es evidente, la necesidad y actualmente la urgencia de que el conocimiento y las herramientas con las que cuenta la Universidad estén puestas al servicio de las mayorías populares y la clase trabajadora. Es necesario hacer de las universidades lugares de estudio orientados a romper con la lógica de la investigación y el conocimiento al servicio de los intereses capitalistas. Un ejemplo de esta lógica, es el caso de Francia en el que un grupo de infectólogos estaban trabajando en la búsqueda de la vacuna para el virus, pero esa posibilidad se vio truncada al cortarse el financiamiento de la misma porque no era “rentable”. De esta manera, se vislumbra hasta qué punto el capitalismo condiciona brutalmente el desarrollo de la tecnología y la ciencia - con consecuencias nefastas para el planeta y la humanidad - dado que las pone al servicio del lucro.

A pesar de esto, aún permanecen en pie conquistas históricas, como nuestra Universidad Pública, elemento clave para poner a disposición de la contención de la pandemia, la ciencia, la economía y la tecnología, que debe ser reorganizada entre los y las estudiantes, docentes y trabajadores para darle una verdadera salida a la terrible situación que estamos atravesando. Hay que hacer todo lo necesario para salir de esta crisis de manera racional, científica, y para que no la paguemos otra vez las y los trabajadores, la juventud y las mayorías populares.







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