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CRISIS NACIONAL

Coronavirus: docente en cuarentena también está enseñando

El sistema educativo argentino, que contiene 12,5 millones de niños, niñas y jóvenes, y 1,2 millones de docentes, pasó en 4 días literalmente de ser presencial a distancia, por la crisis del coronavirus. A la solidaridad que hay detrás de las clases virtuales se le suman las peleas por una mejor calidad en las viandas escolares y por las condiciones mínimas de higiene y seguridad.

Virginia Pescarmona

@virpes - Docente de la Corriente 9 de abril/Lista Bordó del SUTE

Viernes 20 de marzo | 02:44

Foto: Telam

El domingo pasado, el presidente Alberto Fernández, mediante una conferencia de prensa en relación al COVID-19 se dirigió a millones planteando que se suspendían las clases hasta el 31 de marzo. Entre los espectadores estábamos más de 1 200 000 docentes que trabajamos diariamente en establecimientos públicos y privados. Y muchísimas familias.

Cuatro días pasaron desde ese anuncio y se multiplicaron experiencias solidarias que muestran el importante rol que tenemos en la defensa de la educación pública. En 24 horas nos pusimos al hombro la producción de clases virtuales en todos los niveles. Pero también, como en el caso de CABA, son las y los docentes junto a legisladoras del Frente de Izquierda las que denuncian que a los pibes el Gobierno de Larreta les quiere dar sólo un sandwich diario. La alimentación es parte fundamental de la prevención de enfermedades, por eso la exigencia no sólo es que llegue sino que sea de calidad y en cantidad.

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En Mendoza, docentes y estudiantes de una escuela técnica de la localidad de Maipú, en los primeros días de clase y ante la emergencia del coronavirus, comenzaron a elaborar productos de higiene y limpieza para la escuela. Pero no son las únicas. En Capital, en Godoy Cruz y en el Valle de Uco también lo habían empezado hacer. Poniendo conocimientos y contenidos curriculares al servicio de lo que ni Gobiernos ni el Estado garantizan: educar en condiciones dignas.

Y estos ejemplos no fueron fruto de una orientación de algún Gobierno, ni nacional ni provincial. Ni fue la idea de algún ministro de Educación, mucho menos de sindicatos como CTERA. Tampoco dependió de la distribución de materiales, insumos, equipamiento, ni siquiera de la disponibilidad de Internet.

Hace años y años que las y los trabajadores de la educación sostenemos el sistema educativo y lo conocemos profundamente. Docentes, preceptores y administrativas trabajando con listados de alumnos para llegar a cada hogar. Celadores, ordenanzas y auxiliares, manteniendo las cocinas e higienizando escuelas sin insumos. A los déficit de siempre se suma una pandemia.

Educación en crisis

Sin haber consultado a los verdaderos protagonistas de la educación pública en la Argentina, sin medir las consecuencias de desarticular el sistema educativo suspendiendo las clases de un día para otro y a pesar de ellos: no se desmoronó todo.

Desde arriba se propuso una educación a distancia. Y si no fuera por el trabajo a contrarreloj en una jornada frente a computadoras, libros y celular mucho más extensa que la habitual, la creatividad y sobre todo el trabajo colectivo y la solidaridad, hubiera sido imposible.

En las escuelas la infraestructura no existe, la conectividad es mala, escasa, intermitente y no llega a todos. Mucho menos existen condiciones mínimas de higiene y seguridad en cada unidad educativa, de Ushuaia a La Quiaca. Ni en áreas urbanas, ni en rurales. Si al menos hubieran mandado libros o acelerado el plan de entrega de netbook. Pero nada. Hubo que recurrir a las bibliotecas personales y a un intercambio solidario entre docentes para pensar qué era lo mejor. ¡Cuántas veces la Gráfica recuperada Madygraf insistió en que podría fabricar cuadernos y libros a bajo costo para llegar a miles!

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Las viandas, copas de leche, desayunos nada tienen que ver con dietas sanas y saludables. Las comunidades wichís que están enfrentando muertes por desnutrición y no cuentan con un derecho elemental como el acceso al agua, así como miles de familias que viven en la indigencia en todo el país, lejísimos están de acceder a las tecnologías requeridas. Las familias necesitan que lleguen alimentos de calidad y en cantidad a sus casas. La realidad de precariedad e informalidad los expone a quedar desamparadas.

Mientras se preparan las clases y propuestas didácticas, las redes sociales explotan de intercambios porque sabemos que la vida de las familias trabajadoras que llevan sus niños, niñas y jóvenes a la escuela pública está en riesgo. El trabajo de centenares de miles de trabajadores de la educación en todo el país, está demostrando quiénes sostienen las escuelas, quienes conocen la realidad de cada barrio.

En defensa de la educación

Encima, a medida que Fernández hacía sus anuncios, un rumor crecía: la declaración de cuarentena obligatoria y la saturación con fuerzas represivas en las calles. Pero lo que no hay es conocimiento de la situación. No se sabe realmente cuántos contagiados hay, porque no hay test masivos. No hay información. Por eso, decimos que lo que realmente hace falta es un plan integral que parta de la distribución de elementos de higiene y desinfección hasta medidas más de fondo que no dejen en desamparo a las familias trabajadoras.

Desde estas páginas insistimos en que hay que prohibir los despidos y que se de respuesta a la situación de los precarios, en negro, eventuales y de la economía informal. La realidad de los barrios no está lista para una pandemia, las salitas y hospitales no dan abasto. El Malbrán es el único laboratorio autorizado del país para la utilización de los kits de detección del COVID-19.

Desde la Corriente Nacional Docente 9 de abril sostenemos que hay que invertir las prioridades. Exigimos la nacionalización del sistema privado de salud y que funcione unificado al público. Y un plan de obras públicas de emergencia para construir hospitales y para resolver las condiciones de vida elementales de cada pibe y piba que hoy tienen que hacer aislamiento en su casa sin siquiera agua potable y sin contar con conectividad para hacer las tareas. También, un plan integral a favor de las mayorías que es imposible de pensar si no se define el no pago de la deuda externa a los especuladores y buitres, y el cobro de impuestos progresivos a los que se la vienen llevando en pala hace años: empresarios, las mineras y patronales del campo.

Primero están nuestras vidas. La de las y los pibes y sus familias.

Podés ver el video: “Desde las escuelas podemos organizar el barrio, no necesitamos a la policía”







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