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CONTRARREFORMA LABORAL

Contra la reforma laboral, el moyanismo debe pasar del discurso a las medidas de lucha

La CGT lejos de las bases y cerca de los tribunales. El moyanismo y los contornos de un nuevo MTA. El sindicalismo combativo ya está en las calles contra la reforma y exige paro nacional.

Sábado 18 de noviembre | Edición del día

“Estoy firmando mi sentencia de muerte”, señaló José Ignacio Rucci al rubricar lo que pasó a la historia como Pacto Social. Un pensamiento de ese tipo podría cruzado la mente de los triunviros de la actual CGT, cuando vieron el primer borrador de la contrarreforma laboral. La muerte también puede ser política.

Como ya ese escribió, con semejante “propuesta”, los caciques de la CGT se acercaban bastante al riesgo de que sus rostros pasaran a la historia como parte de los más conocidos traidores al movimiento obrero.

Desde ese lugar la cúpula de la CGT negoció y consiguió una serie de cambios parciales en el proyecto de contrarreforma laboral. Cambios que no quitan lo esencial. Se trata de un verdadero ataque que busca modificar reaccionariamente la situación de la clase trabajadora, imponiendo mayores condiciones de explotación.

La nueva versión ya ingresó al Senado como proyecto. Allí, el gobierno –luego de acordar con los gobernadores por el Pacto Fiscal- buscará acelerar las cosas.

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Lejos de las bases, cerca de Tribunales

La discusión abierta por la contrarreforma laboral volvió a evidenciar el carácter de casta de la burocracia sindical. Los millonarios dirigentes de los gremios alcanzan un promedio histórico que supera las tres décadas al frente de sus gremios. Allí, con un funcionamiento completamente verticalista que se mantiene a base de fraude y patotas, los dirigentes liquidan cualquier forma de democracia sindical.

Ese carácter los acerca, casi de manera inevitable, al Estado y al poder político de turno. Su tendencia oficialista bajo el kirchnerismo como en la actual gestión lo ilustra. El modelo “nac&pop” decía combatir “contra las corporaciones”. El macrismo reivindica la lucha “contra las mafias”. Si hay una “corporación mafiosa” en la Argentina de las últimas décadas, esa es la burocracia sindical peronista. Allí ambos gobiernos hallaron aliados.

En la negociación de la reforma laboral, el macrismo pudo aprovechar a su favor la excesiva cercanía de los dirigentes gremiales a todo tipo de negociados oscuros. Una cercanía que podría terminar, fácilmente, en Tribunales. La imagen del “Caballo” Suárez preso parece funcionar como un fuerte mecanismo de coacción. En las últimas semanas se conocieron casos de la dirigencia sindical ofreciendo entregar los salarios de sus afiliados para evitar escaramuzas judiciales.

Moyanismo recargado

"Sería un orgullo caer en cana con un gobierno gorila como éste”. La frase de Pablo Moyano intenta instalar mística allí donde no la hay. Terminar preso no parece estar atado, en este momento, a resistir seriamente el avance de la contrarreforma laboral.

En el mismo sentido de lo antes señalado, el fantasma de los problemas financieros de OCA se balancea sobre las autoridades del gremio de Camioneros. El gobierno juega esa carta a su favor en las amenazas que corren por detrás de las declaraciones públicas.

Este jueves, desde la sede de la CGT, el secretario adjunto de Camioneros planteó su oposición a la contrarreforma laboral. Criticó que se haya hablado de “acuerdo” por parte del Ministerio de Trabajo. Lo irónico es que fueron sus pares del Consejo Directivo de la central sindical los que dijeron lo mismo. El lenguaje tiene el aire del quiebre de la central sindical.

Junto a Moyano se sentaron monseñor Marcelo Sánchez Sorondo -director de la Academia de Ciencias Pontificia del Vaticano- y Gustavo Vera, legislador porteño conocido por su cercanía al poder religioso en Roma. La bendición papal caía sobre la sala Felipe Vallese.

“El día que se trate vamos a movilizar para que no ocurra otra Banelco”, desafió Moyano. La mística se retrotrae, en este caso, a las movilizaciones de inicios de siglo, contra el gobierno de De la Rúa.

¿El objetivo en enfrentar la reforma en las calles? Por ahora no parece. Pocas horas antes, en una entrevista radial, el mismo Moyano afirmaba “estamos comprometiendo a los gobernadores que van a hacer sus legisladores el día que esta ley caiga al Congreso”. La estrategia es la misma de la que despliegan los que acordaron con el gobierno: esperar los votos negativos de diputados y senadores peronistas. Esos legisladores son los mismos que votaron las leyes que el macrismo les pidió para ajustar en los últimos dos años. Confiar en su oposición es casi confiar en nada.

El discurso desplegado por Pablo Moyano parece apuntar en dirección de poner de pie un espacio como lo fue el viejo MTA. Se trató del ala del sindicalismo argentino que fines de los años 90 e inicios del siglo actual protagonizó cierto enfrentamiento en las calles a los gobiernos de Menem y de De la Rúa. Se trató, también del espacio que se negó a llamar a un paro nacional en las jornadas revolucionarias de diciembre de 2001, cuando los muertos por la represión policial se contaban por decenas. Un dato no menor es que el MTA estuvo conformado en esos años por la poderosa UTA, hoy uno de los gremios más cercanos al poder político nacional.

Pero para enfrentar verdaderamente la reforma laboral no alcanza solo con una movilización como la que ha anunciado Pablo Moyano. Por el contrario, es necesario un plan de lucha que incluya medidas de lucha y la paralización de tareas. Para enfrentar este ataque es necesario además que haya asambleas en cada lugar de trabajo para discutir entre todos los trabajadores y trabajadoras los pasos a seguir.

Esto debería ser parte de lo que Moyano –y los gremios nucleados en la Corriente Federal Sindical- llamen a hacer si quieren enfrentar seriamente la reforma antiobrera de Macri, pactada con la cúpula de la CGT.

El sindicalismo combativo llama a movilizarse nuevamente

Este jueves por la mañana los trabajadores de PepsiCo y sectores del sindicalismo combativo cortaron durante varias horas las calles frente al Obelisco. Lo hicieron para rechazar la contrarreforma laboral y exigir a las conducciones sindicales el llamado a medidas de lucha.

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Ese mismo día, por la tarde, una nutrida reunión con participación de más sectores, definió convocar a una nueva medida de lucha. En la declaración difundida luego del encuentro se lee “hemos resuelto convocar una movilización al Congreso Nacional para el jueves 23 de noviembre a partir de las 17 horas, cuando el Senado estaría tratando la media sanción de la Ley antiobrera. En caso de suspenderse su tratamiento el 23, estaremos en la calle, frente al Congreso, el día que se trate, convocando a la más amplia unidad de acción obrera a todas las organizaciones que se han pronunciado contra esta reforma”.

Allí también se señala “llamamos a todos los sindicatos de la CGT, a la Corriente Federal y las CTA, que dicen oponerse a esta reforma antiobrera, a convocar de forma urgente a un plan de lucha que comience con un paro nacional y movilización para enfrentar en las calles la Reforma Laboral”.

Si se quiere enfrentar y derrotar al ataque del gobierno, avalado por los grandes empresarios, ese es el camino que hay que seguir. Las declaraciones de oposición tienen que transformarse en acciones en las calles y medidas de lucha.








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