Cultura

CULTURA // PRECARIZACIÓN LABORAL

Contra la precarización laboral en el arte y la cultura

Con frecuencia se denuncia el ajuste en las áreas artísticas y culturales, pero se omite el alto grado de precarización laboral que afecta al sector. Recogemos en este comunicado la voz de los trabajadores del arte y la cultura que han visto deteriorar su situación durante los últimos gobiernos. La única salida es por izquierda, junto a la clase trabajadora y con independencia de las variantes patronales.

Lunes 9 de octubre | Edición del día

Para hablar de la situación del sector, hay que poner el foco en la situación laboral de los artistas y técnicos. Los que componen, escriben, dibujan, interpretan, diseñan, pintan... en definitiva, los que elaboran las obras. A simple vista esto puede parecer una obviedad, pero en los discursos que circulan frecuentemente se omite o se oculta. En general se menciona el desfinanciamento de programas, las complicaciones que deben afrontar las empresas (editoriales, productoras, locales privados, etc.), la caída de las ventas o la pérdida de "derechos culturales". Lo que nunca se denuncia es la precarización, que afecta tanto a los trabajadores del sector privado como público.

Para contextualizar y comprender la gravedad de esta problemática, hay que evitar las explicaciones simplistas y caracterizar correctamente esta situación: la precarización laboral en las actividades culturales no empezó con el gobierno de Cambiemos. Es un proceso que lleva décadas y que se profundizó durante los gobiernos kirchneristas, bajo distintas formas de flexibilización laboral como tercerizaciones, contratos a término (en el Estado), trabajo en negro y, fundamentalmente, mediante el Monotributo, que se consolidó como la vía legal para precarizar al trabajador, privándolo de derechos laborales y transfiriéndole las cargas patronales.

Tal es así que la mayoría de trabajadores culturales del sector privado es "freelance" y, para el Estado, no son más que contribuyentes con obligaciones impositivas. Deben pagar los impuestos aunque no tengan ingresos. Carecen de paritarias, por lo tanto deben negociar sus honorarios o salarios individualmente con las empresas, lo que ha provocado una notable pérdida del ingreso en comparación con los asalariados registrados.

Ante cualquier demora en los pagos o incumplimiento de un acuerdo, no tienen derecho a reclamo en el fuero laboral, ya que su relación contractual no está considerada "trabajo": es un simple intercambio de bienes y servicios entre dos partes aparentemente iguales.

Es decir que, mientras el Estado intervenía destinando millones a compras institucionales, invertía en espectáculos de gran magnitud y subsidiaba al sector empresario de la cultura, los trabajadores de estas áreas (sobre todo los independientes) veían deteriorarse sus condiciones y sus ingresos, sin derecho a reclamo. El Estado no sólo toleró pasivamente estas prácticas en el ámbito privado, sino que las impulsó en el sector público, contratando trabajadores como proveedores monotributistas. Así se mantuvieron muchas áreas, programas culturales y socioeducativos (y esto permitió despedir y rescindir contrataciones con tanta facilidad). Desde la asunción del gobierno macrista, el cuadro general se agravó debido a la desinversión estatal, a los tarifazos y a las medidas económicas que impactaron negativamente en la actividad cultural, pero la precarización se mantuvo intacta.

En un contexto de ajuste brutal y ofensiva del capital sobre la clase trabajadora, la problemática que describimos cobra mayor relevancia, porque esa modalidad de flexibilización laboral es la que el gobierno de Cambiemos pretende imponer a los trabajadores de todas las ramas que aún conservan sus derechos. Esto debe unirnos en una misma lucha, pero no de la mano de empresarios ni bajo la conducción política de quienes fomentaron la precarización laboral.

Por eso hacemos desde las páginas de La Izquierda Diario un llamamiento a los artistas, docentes, gestores culturales, técnicos y profesionales y a todos los trabajadores del arte y la cultura para unir nuestras fuerzas a las de la clase trabajadora en su conjunto y denunciar la situación de precariedad e inestabilidad laboral en el sector, exigir la aplicación de derechos laborales hoy conculcados, demandar la aplicación de políticas activas de fomento a la cultura, reclamar el cese de la persecución y hostigamiento económico e ideológico a centros y espacios culturales no oficiales y proclamar que solo con la fuerza de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud que hoy se canalizan a través del Frente de Izquierda y los Trabajadores podemos iniciar el camino de la transformación que necesitamos y merecemos.








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