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SISMO EN MEXICO

Construcciones inseguras: responsabilidad de empresarios y funcionarios

Luego del terremoto de 7.1 que sacudió ayer a la Ciudad de México, además de Morelos, Puebla y otros estados, millones de mexicanos recordaron aquel trágico terremoto de 8.1 que destruyó la ciudad el 19 de septiembre de 1985.

Leah Muñoz

@DanmunozDan

Miércoles 20 de septiembre | 22:36

Si bien hacer una comparación exacta de estos dos terremotos resulta difícil, sabemos que entre ambos no sólo existió una diferencia de magnitud de un grado (lo cual quiere decir que el de 1985 fue diez veces mayor que el de 2017) sino que también la distancia de la ciudad con respecto al epicentro fue de 400 km en 1985 y ahora de 120 km.

Lo anterior explica que una magnitud menor tuviera un efecto muy fuerte- aunque no igual al del 85- en la Ciudad de México dada la corta distancia. Lo que es presentado como la justificación de que las alarmas no sonasen, por la rapidez de las ondas.

Pero si bien eso explica en parte “cómo se sintió”, no da respuesta del porqué de los daños. Si bien fue un terremoto menor al de 1985, muchos edificios al colapsarse generaron escenas muy similares al ’ 85. Y cabe hacernos la pregunta, ¿por qué un terremoto menor provocó la caída de tantos edificios en la ciudad? ¿por qué no aguantaron los edificios, si se supone que ahora se construyen bajo el recuerdo del 85? ¿por qué instalaciones que aguantaron el ´85 no se reforzaron?

Las escenas más impactantes del terremoto de ayer son las de la escuela que aplastó a varios niños, una fábrica textil que se vino abajo acabando con la vida de muchas obreras, y varios edificios completos, con oficinas o departamentos, que colapsaron.

El desastre de 1985 no bastó para deshacer la complicidad entre funcionarios del gobierno y empresarios, que siguieron dando permisos para hacer construcciones que no tenían los estándares necesarios para una zona sísmica como es la Ciudad de México.

De hecho, luego de los cientos de edificios caídos en 1985, los empresarios y funcionarios responsables de esas construcciones, no fueron castigados.

Hoy todos ellos, responsables de estas caídas están en sus casas. O muchos yendo a recuperar sus cosas a las zonas caídas, sin preocuparse por las vidas sesgadas, como pasó con la llegada de los dueños de la fábrica de textiles en Bolívar y Chimalpopoca, mientras las obreras continuaban atrapadas bajo los escombros y miles de brigadistas ayudan en las tareas de rescate.

El gobierno tiene gran responsabilidad en otorgar permisos para que empresas constructoras hagan obras con bajos estándares de resistencia, en promover la gentrificación de la Ciudad de México, y en que la gente habite zonas y construcciones de alto riesgo. Ahora intenta limpiar su cara sacando al ejército, la marina y a la policía a las zonas que sufrieron daños, obstaculizando los rescates. Las mismas Fuerzas Armadas responsables de Ayotzinapa y la masacre del 68, de las cuales se cumplen próximamente un nuevo aniversario.

Una militarización que han denunciado muchos brigadistas y rescatistas por estropear la organización espontánea de trabajadores, jóvenes y sectores populares, que llegaron mucho tiempo antes que los militares a las zonas de desastre.

Las denuncias contra el gobierno no paran. Hace 13 días un sismo de 8.2 movió con fuerza la ciudad y el gobierno solamente mandó a personal no especializado a revisar las instalaciones. El día de ayer muchas de esas instalaciones tronaron, se cuartearon y se vinieron abajo. ¿Dónde está el personal especializado para revisar viviendas, escuelas, fábricas y centros de trabajo? Las vidas de los que menos tienen no les importan.

Ahora en las calles miles de personas -obreros, jóvenes, mujeres, estudiantes- que no tienen formación especializada en rescate y levantamiento de construcciones están ayudando, levantando escombros y rescatando personas, superando al gobierno en su capacidad de organización y respuesta.

Mientras tanto, las autoridades no tienen mucho qué decir, más que echarle la culpa de forma abstracta a un “desastre natural”; cuyo impacto hubiera sido muy distinto si las construcciones fueran seguras y si el gobierno y los empresarios no lucrasen con la edificación de viviendas con productos de baja calidad. Nadie de los afectados sabe recuperarán sus casas o pérdidas materiales. Empresarios y partidos políticos llaman a la solidaridad al pueblo trabajador y pobre para que pongan la mano de obra, el dinero y los materiales, mientras ellos guardan sus miles de millones de pesos y sus costosas dietas.

No es nuevo que la Ciudad de México está construida sobre un antiguo lago y zona de alta actividad sísmica. Las construcciones deben ser de alta calidad y cumpliendo los estándares de seguridad. Pero para el gobierno y los capitalistas nuestras vidas no importan, sólo sus ganancias.

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