Sociedad

CAMBIO CLIMÁTICO

Consecuencias del cambio climático en Argentina

El cambio climático está en el aire. A la percepción popular de que “algo está pasando” se unen esta semana las escenas de cinismo explícito de los líderes mundiales reunidos en París. Pero el consenso científico indica que el cambio es un proceso en marcha, con consecuencias en la actualidad y proyecciones devastadoras en un futuro próximo.

Santiago Benítez

Dr. en Biología. Trabajador del CONICET - Miembro de la Agrupación Docentes e Investigadores de Izquierda.

Jueves 3 de diciembre de 2015 | Edición del día

Para comprender los efectos inmediatos del cambio del clima en Argentina recurrimos al informe del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) del 2014, el cual es utilizado en las negociaciones que se llevan a cabo actualmente en París. El cambio climático se asocia habitualmente con un incremento de la temperatura media global, que este año alcanzaría 1° C comparado al período preindustrial. Muchas veces es difícil percibir cómo este cambio tan pequeño afectaría la vida de la población, pero en comparación, hace 21 mil años la temperatura era entre 3 a 5° C menos que en la actualidad y los glaciares cubrían la mayor parte de Eurasia, América del Norte y el extremo sur de la Patagonia. Y sólo 1 a 3° C nos separan del clima cálido de mediados del Plioceno (hace aproximadamente 3 millones de años), cuando el nivel del mar era 25 m mayor al actual debido al derretimiento de los hielos de Groenlandia y Antártida.

Simular cómo sería el clima en el futuro es complejo, pero lo más habitual es detectar una tendencia en los registros históricos y extrapolarla al futuro bajo el supuesto de que las condiciones continuarán. Es decir, que se continuará con una economía dependiente de los combustibles fósiles, con una gran desigualdad entre pobres y ricos y con continuo crecimiento económico. “Business as usual” es la reveladora frase en inglés para representar esta tendencia. Los efectos del cambio climático en Argentina para los próximos años, y que ya se experimentan en parte, varían según la zona.

En la región pampeana se espera un incremento de un 25% en las precipitaciones, pero con una mayor frecuencia de eventos extremos e inundaciones (como las de Santa Fe, La Plata o más recientemente en las Sierras Chicas de Córdoba). El incremento en el nivel del mar también favorecerá mayores inundaciones, particularmente en el área del Río de la Plata. Además de los efectos sobre la población en pérdida de vidas humanas e infraestructura, estos cambios afectarán la economía del país a través de su efecto sobre los cultivos. Se esperan mayores rendimientos en las cosechas de soja y maíz, pero la producción podría ser afectada por períodos de sequía y mayor frecuencia de enfermedades y plagas. El trigo, en cambio, mostraría menores rindes por el incremento en la temperatura.

En el sur y el oeste del país, en cambio, se espera una disminución en las lluvias, por lo que estas provincias se volverían más dependientes de las fuentes de agua provenientes de glaciares. Lamentablemente, los glaciares tenderán a desaparecer, lo que hará que el aprovisionamiento de agua de las provincias cuyanas en particular sea extremadamente estacional, reduciendo los flujos en la temporada seca y aumentándolos en las escasas y breves temporadas húmedas. Esto afectará gravemente los cultivos bajo riego de esa zona, el funcionamiento de las centrales hidroeléctricas y el abastecimiento de agua potable a la población.

La deforestación en la región chaqueña continuará a buen ritmo. Actualmente, Argentina contribuye con el 4.3% de la deforestación mundial y perdió, en promedio, 2400 km2 al año entre 2005 y 2010. Esta deforestación se acelera debido al remplazo de áreas naturales por cultivos de soja, caña de azúcar y campos para ganado, llevando a la extinción de varias especies animales y vegetales y exacerbando el efecto de fenómenos climáticos extremos. La pérdida de bosques es además responsable del 22% de los gases de efecto invernadero que emite Argentina, es decir más que la producción de energía y las industrias manufactureras combinadas. La producción de biocombustibles, presentada muchas veces como alternativa sustentable a los combustibles fósiles, podría incrementarse en el norte del país debido a los mayores rindes de la soja y la caña de azúcar (fuentes de biodiesel y bioetanol). Pero en realidad tienen un efecto negativo indirecto al promover la deforestación, que sobrepasa sus efectos positivos. Compiten, además, en uso de la tierra y del agua con la producción de alimentos.

La salud de toda la población será afectada y se espera un incremento en la mortalidad y la incidencia de discapacidades. Habrá enfermedades en zonas anteriormente no endémicas y otras incrementarán su incidencia (como dengue, malaria, fiebre amarilla, leishmaniasis, cólera y enfermedades diarreicas). También se esperan incrementos, por efectos indirectos, en la incidencia de enfermedades hepáticas, respiratorias y cardíacas crónicas, problemas durante el embarazo, diabetes y efectos psicológicos en la población. El informe del IPCC señala además que la pobreza permanece alta en toda Sudamérica, a pesar del crecimiento económico durante la última década. La desigualdad económica se traduce en desigualdad en el acceso al agua potable, servicios sanitarios y vivienda, todos factores que involucran una menor capacidad de adaptarse al cambio climático.

Este tipo de escenarios y la forma de responder a ellos es lo que se encuentra en discusión en la cumbre de París. Incluso el informe del IPCC es considerado moderado por algunos científicos y un colapso civilizatorio es, terriblemente, una posibilidad en juego. Sin embargo, el origen de esta crisis ambiental puede encontrarse en una sola causa sistémica: el orden económico y social en el que vivimos. Y no puede esperarse que una reforma del sistema capitalista pueda resolverlo. En palabras de David Harvey “si el capitalismo fuera forzado a internalizar” todos los costos ambientales y sociales que genera, “se iría a la quiebra”.







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