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Concursos de belleza: las reinas de nada

El sábado se realizó en la ciudad de Rawson el Bikini Open Night organizado por la radio de Puerto Madryn FM Total, del empresario Marcelo Pérez Medel

Sábado 14 de febrero de 2015 | Edición del día

Se trató de la octava edición de un concurso realizado, hasta el año pasado, en la ciudad de Madryn, donde se había coronado como última ganadora a una adolescente de 15 años. ¿El criterio?: la mejor cola. Luego de duros cuestionamientos por parte de distintas organizaciones y del INADI, Medel decidió mudar este año el concurso a la capital de la provincia donde, comentó, “la intendenta Rossana Artero nos abrió las puertas para que podamos llevarlo a cabo en conjunto con la municipalidad en Playa Unión”.

“El opresor no sería tan fuerte si no tuviera cómplices entre los propios oprimidos”, dijo alguna vez Simone de Beauvoir. Y con razón, pues Rossana Artero es la primera mujer electa en democracia para administrar la ciudad de Rawson y flaco favor hace a todas las habitantes de su distrito al recibir con los brazos abiertos un evento tan misógino y retrógrada como un Bikini Open. La funcionaria participó del concurso junto a la vedette Andrea Rincón, donde se decidiría cuál de todas las mujeres participantes, muchas de ellas menores de edad, cumplía mejor con los cánones de calidad para tener “la mejor cola de todas”.

Artero es intendenta por el Frente para la Victoria y anunció recientemente que será pre-candidata a gobernadora de la provincia, entre tanto auspicia la realización de un espectáculo donde se exhibe a las jóvenes sin ropa, para que los hombres gocen y las mujeres las imiten, para que sean calificadas por un jurado. Desde la oficina del Comité de América latina para la Defensa de los Derechos de la Mujer de la provincia (Cladem-Chubut), su titular, Alejandra Tolosa, cuestionó el apoyo oficial a este tipo de concursos que “denigra a las mujeres utilizando el cuerpo femenino fragmentado y semidesnudo como objeto sexual a disponibilidad de los varones y legitima de este modo el rol subordinado de las mujeres en la sociedad”.

Camille Couvry, quien realiza en la universidad de Rouen (Francia) una tesis de doctorado en Sociología sobre los concursos de belleza, dijo en una entrevista para el medio digital Libération que “A principios del siglo XX aparecen las “Miss”, en un momento donde se trata de definir y cuantificar los estándares ideales de belleza. La evaluación consistía en separar las partes del cuerpo y prestar una particular atención en el rostro, la estatura, del cuello a las piernas, los dientes, en tanto que partes independientes unas de otras. La llegada de los concursos coincide también con un período donde el cuerpo se desnuda en la escena pública”.

El consumo masivo y compulsivo, la competencia feroz, la producción en serie. Todo fácilmente relacionable a los principios embrionarios del capitalismo. Y, por supuesto, no se dejará por fuera de este marco a una de las más valiosas mercancías del sistema. Aquella que se consume a lo largo y a lo ancho del mundo explotándola hasta límites inimaginables para maximizar su rendimiento. Esa que se ve sometida a los niveles más crudos de competencia de mercado donde el oligopolio que las concentra pasa a descartarlas cuando se termina su vida útil. Esa que, como buena mercancía, es cada vez menos “artesanal” y cada vez más modificada para generar una producción en serie y agregarle “valor” en base al molde más rentable del momento. Se trata, por supuesto, de aquella mercancía que el capitalismo le alquiló bajo sus reglas al antiguo patriarcado: el cuerpo de la mujer.







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