Cultura

Conceptos para entender la Historia Parte IV

Esta saga corresponde al Ciclo “Historia del movimiento obrero uruguayo”. Aquí, apartado con conceptos teóricos claves para entender la historia, Parte IV.

Karina Rojas

Montevideo

Lunes 22 de mayo | Edición del día

Aquí recopilamos algunos aportes teóricos, definiciones y características generales sobre los sindicatos, sus orígenes y posibles perspectivas a modo de complemento de la nota Ciclo Historia del movimiento obrero parte IV

Revolución Cubana: el faro de América

La Revolución Cubana abrió las expectativas de los explotados y oprimidos de nuestro continente a partir de la certeza de que se puede derrotar al imperialismo norteamericano.

Fue protagonizada por la clase trabajadora pero la dirección del movimiento estuvo a cargo del M26 de Julio, una dirección de composición social de clase media con un programa oscilante y que no planteaba la perspectiva de la revolución social sino un cambio de régimen para derribar a la dictadura de Batista.

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El M26 fue empujado por la actividad revolucionaria de las masas hacia la toma del poder. Esto, combinado con una serie de triunfos militares del accionar guerrillero frente a las fuerzas represivas del orden burgués – con el Che Guevara a la cabeza – fue lo que permitió dar un golpe mortal al régimen de facto. Pero el imperialismo norteamericano no se las haría muy fácil y a partir de la toma del poder comenzó a minar sus bases de sustento, lo que llevó al gobierno revolucionario a “actuar de contragolpe” y avanzar en la expropiación de los grandes medios de producción y el latifundio, atacando directamente los intereses norteamericanos, hasta que después Fidel Castro termina alineándose al eje soviético y declarándose marxista y socialista.


FOTO: Fidel Castro y el Che Guevara

La Revolución Cubana fue posible porque el proletariado lanzó una huelga general, aunque careció de organismos de auto-organización de las masas – como los soviets rusos – lo que fue un problema a la hora de construir un estado obrero sin participación de la base obrera y popular. Es así que el poder desde el principio estuvo centralizado en el aparato guerrillero-militar que dirigió la revolución y que se manejó más o menos burocráticamente decidiendo los destinos de la isla, más allá por supuesto de consultas populares y otras medidas para conocer la voz del pueblo.

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Los trotskistas y la Revolución Cubana

Los trotskistas decimos que esta revolución nació deformada y burocratizada porque no existieron organismos de democracia directa de las masas que sostuvieran el nuevo estado, a la vez que se dio la “excepción” que planteaba Trotsky de una dirección no revolucionaria que dirigiera un proceso revolucionario empujado por la acción de las masas y la presión imperialista, y que terminara expropiando a la burguesía e instaurando un estado obrero.

La postura de los trotskistas es de defensa incondicional de Cuba y de las conquistas de la revolución, contra el bloqueo criminal de los Estados Unidos. La defensa de Cuba frente a los intentos de restaurar el capitalismo en la isla es una bandera de toda la izquierda latinoamericana y mundial. Sin embargo, así como defendemos hasta el último derecho adquirido, somos críticos de su dirección, de la política de partido único, de sus profundas diferencias sociales al interior del régimen cubano y de la negativa a plantear la perspectiva de revolución internacional, única manera de que la revolución cubana triunfe completamente.

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Frente a los intentos de restauración del capitalismo, decimos que hay que mantener las conquistas de la revolución sacando a la burocracia castrista del poder estatal a partir de una revolución política que genere organismos de participación directa de las masas, que permita la legalidad de organización de partidos que defiendan la revolución y que se proponga colaborar con los pueblos de Latinoamérica en su lucha contra las burguesías locales y el imperialismo.

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La guerrilla latinoamericana, populismo armado


FOTO: Manifestación tupamara. Fuente: Diario La República

El sustento teórico de las guerrillas que se desarrollaron en América Latina a partir de la influencia y el empuje de la Revolución Cubana era que es necesario organizar a los elementos más decididos de la clase trabajadora y de los sectores oprimidos, a su vanguardia, para poder demostrar militarmente que es posible derrocar el poder burgués y esta demostración permitiría una intervención generalizada del conjunto de los explotados.

Esta intervención de los explotados, a contramano de lo que plantea la visión marxista revolucionaria, se daría sin la centralidad de la clase trabajadora como “caudillo de la nación”.

Estratégicamente, estas corrientes proponen de forma difusa un cambio de régimen atentando contra la propiedad de los grandes capitalistas y planteando la lucha por una “patria liberada” o de “liberación nacional” pero sin una perspectiva socialista ni una delimitación de clase lo suficientemente claras.

En Uruguay, organizaciones como el MLN se organizaron en la modalidad de “partido ejército” pero no prepararon políticamente a la clase obrera para enfrentarse al régimen burgués, para conquistar la hegemonía entre el conjunto de los explotados y nunca se delimitaron de un proyecto de liberación nacional que incluyera también a sectores de la burguesía mediana y pequeña que, por su posición en la cadena de producción, vea chocar sus propios intereses con los del imperialismo.

Muchas veces, estas guerrillas encaraman a la categoría “pueblo” como el sujeto de la revolución, pero no distinguen quiénes están incluidos y quiénes no, o bien lo hacen incorporando a la misma a sectores de productores rurales medianos y pequeños y la burguesía no monopolista. Esto es un error ya que estos sectores burgueses, si bien pueden llegar a confrontar con el imperislismo, tienen intereses propios y no son los mismos que los de los trabajadores y los explotados, y muchas veces se terminan imponiendo en las instancias de “frente popular”.

Contrariamente a esta política, los marxistas revolucionarios planteamos la total independencia política respecto de todas las variantes burguesas y la construcción de un partido revolucionario que pelee en todos los planos – políticos, culturales y también militares – por un programa de salida obrera a los padecimientos que nos impone el capitalismo como sistema social.

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