Política Estado Español

VUELTA AL FRANQUISMO

Con aulas vacías y por decreto: así aprueba el PP la reválida educativa

Aprovechando las vacaciones escolares y frente al rechazo de sectores de toda la comunidad educativa, el PP reinstaura un sistema de reválidas inspirado en el modelo franquista.

Jorge Remacha

Sindicato de Estudiantes de Izquierdas, Zaragoza

Martes 9 de agosto | 18:02

El pasado 29 de julio el Consejo de Ministros aprobó el decreto por el que entrarán en vigor las revalidas educativas al final de la ESO y Bachillerato. Una nueva medida que constituye uno de los puntos centrales de la LOMCE. Así, unidos a la prueba realizada en Primaria, los cambios aprobados el 29 suponen otra vuelta de tuerca a la hora de dejar fuera de las escuelas y universidades a miles de estudiantes.

Estas pruebas, ideadas por el anterior Ministro de Educación José Ignacio Wert y aprobadas por el actual, Íñigo Méndez de Vigo, tienen muchos aspectos en común con las revalidas implantadas durante el periodo franquista y conforman una criba que multiplica el obstáculo que supone la actual selectividad a la hora de continuar los estudios.

Pero, ¿qué cambios introduce la revalida?

- Una primera reválida al final de la ESO (7 exámenes: 4 de asignaturas troncales, 2 opcionales y 1 específica) con contenidos del segundo ciclo de ESO que, de no ser superada, impedirá el acceso al Bachillerato y negará al estudiante el propio título de la ESO, aunque tenga aprobadas todas las asignaturas de la ESO.

Esta prueba cuenta con dos convocatorias, y de no ser superadas el estudiante no podría reintentar la prueba hasta haber cursado otra vez toda la ESO, desde 1º hasta 4º en una escuela para adultos. Como vemos, una puerta cerrada para la juventud obrera.

- Una segunda reválida al finalizar el Bachillerato (8 exámenes 5 de asignaturas troncales, 2 opcionales y 1 específica) que tiene los mismos efectos que la anterior, negando el título de Bachillerato y el acceso a la universidad. Contando también con dos convocatorias que tampoco pueden reintentarse sin volver a cursar los dos años de Bachillerato.

- Además se deja abierto uno de los aspectos más controvertidos de la LOMCE, la posibilidad de una tercera prueba de acceso distinta en cada universidad en la que queramos estudiar.

Esto supone una segregación clasista directa, ya que pese a las decenas de miles de expulsiones por no poder pagar las altísimas tasas de la universidad “pública” y pese, también, al cierre de grados, másteres y facultades, es mucho mayor el número de estudiantes que quieren entrar en la pública, lo que implicaría una traba académica mayor que en la privada.

Todo esto, ha hecho que el Gobierno en funciones, no sólo haya aprobado las revalidas fuera del curso lectivo con las aulas vacías, sino también en un contexto de reflujo de la protesta social y del movimiento estudiantil, tal y como se han venido aplicando otros grandes ataques hacia la educación a los que estas revalidas preceden.

Estas revalidas son una parte fundamental de la LOMCE recientemente aprobada pese a haberse intentado imponer en 2013, cuando fue frenada por la movilización de la juventud y la comunidad educativa en huelgas y manifestaciones, con importantes luchas como las huelgas de Baleares y la Primavera Valenciana.

Es por eso que se revela necesario retomar la movilización y la organización de la juventud con la entrada de este nuevo curso frente al bucle de negociaciones en el que las propuestas electorales se sacrifican en aras de la aritmética parlamentaria, incluyendo demandas básicas por el derecho a una educación verdaderamente pública.

De esta forma, ninguno de los grandes partidos defiende la creación de una única red educativa pública, gratuita y laica. Ni mucho menos defienden la idea de expropiar a la privada y la concertada, un enorme negocio con cientos de centros educativos, muchos en manos de la Iglesia Católica, así como de poner los propios centros educativos bajo el control de sus trabajadores y estudiantes.

Frente a los ataques de este gobierno al servicio de los capitalistas, es preciso pelear por construir un movimiento estudiantil independiente del estado y sus instituciones, que, haciendo uso de nuestras mayores armas, luche codo con codo con la clase obrera y los sectores oprimidos, como ha hecho durante todo el curso pasado la juventud en Francia, cuestionando las reglas del juego de este sistema que nos trata como carne de cañón para la maquinaria del capital.




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