Géneros y Sexualidades

DENUNCIA

Comunicado público de Laura la Duquesa

Reproducimos un comunicado enviado por la cantante a la redacción de La Izquierda Diario. Nos solidarizamos plenamente con Laura.

Miércoles 17 de febrero de 2016 | Edición del día

Amigas, amigos, compañeras, compañeros, público. En primer lugar quiero expresarles mi intensa y eterna gratitud. Luego de esto, cómo empezar a describirles mi estado en esta situación; la sensación, lamentablemente, no es nueva. Digo que no lo es, porque después de años de lucha contra la violencia, la opresión, el abuso de poder, el maltrato, la piel es más gruesa aunque esté herida.

El pasado día once, tuve un altercado con quien hasta entonces fuera mi pareja. Una superficial discusión, como la de otras tantas parejas, culminó en una escena horrenda e inolvidable por su contenido violento. La situación se fue de control, favorecido esto por las circunstancias adversas de nuestras historias individuales; la inestabilidad habitacional propia de quienes somos inquilinos, el exceso de presiones que sufrimos cotidianamente quienes vivimos de nuestro propio trabajo: las dificultades para solventar el día a día, el cansancio, la imposibilidad de esparcimiento, nos jugaron una mala pasada y lamentablemente, él perdió el control y me golpeó, lo cual derivó en mi posterior denuncia y concurrencia a un centro de salud, dada la gravedad de la lesión y la incertidumbre sobre la probable posterior conducta de parte de mi ex.

Sé que el contexto no justifica la actitud; pero lo relato porque es parte de la innegable realidad de muchos y muchas: esa violencia con la que convivimos, y las presiones que nos hacen naturalizarla. Lo que padecí luego, fue la repetición sistemática de un accionar devastador que pesa sobre la clase baja y en particular sobre nosotras las mujeres, violencia que se instaló como un cáncer en nuestra sociedad, ejecutada por los dispositivos e instituciones estatales. El prejuicio contra la mujer que se atreve a denunciar, la desobediencia hacia la observación protocolar, la negativa a proveer la información y contención necesarias, la falta de preparación, la obstaculización de la fluidez tramiticia, tocaron una cuerda particular que en mi caso, venía cansada. Y se rompió.

Como relaté recientemente en otro medio, un segundo golpe a mi dignidad de mujer lo recibí en la comisaría. Llamé a la Policía y, cuando vinieron, se negaban a trasladarme, a pesar de lo golpeada que estaba. Me trataron pésimamente mal y me querían dejar ir sola, cuando debían instalar un precario (paso previo para una denuncia por violencia) para llevarme al hospital y luego retirarme. Lejos de eso, me insultaron y me llevaron de mala gana. Después se negaban a darme la constancia de que estaba ahí por una denuncia por violencia doméstica.

El trato inhumano no se detuvo allí. Y es que una enorme parte del personal que trabaja en las dependencias estatales –organismos que se supone están para cuidarnos, asistirnos, no abandonarnos a nuestra buena suerte-, se encuentra muchas veces en situaciones laborales desfavorables y precarias, no cuenta con la preparación o los recursos para las tareas que deben realizar. Todo parte de un mismo engranaje macabro. Es el Estado y sus responsables políticos, quienes juegan con nuestra integridad y nuestra vida.

En mi caso, años y años de pelear por causas propias y de todos, presenciando una y otra vez LA OPRESIÓN EXTREMA DE LA VÍCTIMA, no fueron gratuitos. Ni deben serlo. Nunca más.

En el pasado, vi como al padre de mi hija -violento físico y emocional según el informe de una gran Secretaría- se le reducía la cuota alimentaria de por sí irrisoria, se le ampliaban las visitas y se lo felicitaba en el juzgado 2 de Moreno, luego de que él la desescolarizara y privara de mi contacto por más de un mes, por quinta vez, siendo la tenencia dictaminada a mi favor y sin cargos en mi contra. Años antes, tuve que escuchar al distinguido Juez Güiraldes, que entendía en el mismo caso, Juz.56, decirme "que me aguante lo que me pasaba por haberlo elegido". La misma tarde, vi cómo mientras yo lloraba rogando que se me extienda una restricción de acercamiento, la asistente de dicho juez, psicóloga de su gabinete, me trataba como una molestia porque el padre de mi hija la había capturado con la oferta de presentarle al Lic. Rolón, ya que lo conocía en persona. Ambos se reían y hablaban de cosas triviales, “más agradables” que la situación de una madre que debía abandonar sus estudios, su pareja, sus ahorros, para recuperar a una niña más de CINCO VECES PRIVADA DE CONTACTO MATERNO. Y así podría seguir infinitamente, citando anécdotas infelices, como aquella (documentada) en la que estando mi hija retenida en la propiedad de su padre, los efectivos del 911 toman algo de manos del nombrado, y me envían a una comisaría inexistente para que el hombre tenga tiempo de escapar.

En fin; tengo escenas probadas, DE TODOS LOS COLORES, que representan el terrible grado de indiferencia, prejuicio, corrupción y ensañamiento hacia las víctimas ejercidos por Policías, Empleadores, Locadores, etc. LLevo años documentando este terrible flagelo; denunciándolo, moviéndome por la “vía correcta” mientras debo tolerar, al igual que muchos otros -¡y muchas más!, la opresión laboral ejercida por un rubro monopolizado, la opresión habitacional de parte de un sistema inmobiliario desalmado y desentendido de la realidad económica de las madres trabajadoras; la inequidad del brazo armado de la ley tendiente a complacer al poder, etc.

Esta vez, y conociendo yo misma desde adentro las fallas y fisuras de ciertos dispositivos estatales -ya que me he desempeñado como operadora social en el Ministerio de Desarrollo de GCBA, durante la gestión ejecutada por quien ahora es la actual gobernadora, Eugenia Vidal, quien se aparecía esporádicamente paraa ostentar sus ropas y mirar por encima a todos sus trabajadores precarizados y niños instiucionalizados eternamente en hogares por capricho de los responsables; gestión durante la cual muchos estuvimos diez meses sin cobrar, tratados como escoria revoltosa por reclamar un sueldo o solicitar un pase, bajo contratos ilegales, privados de días de estudio, de posibilidades de pase a planta, y en casos como el mío, amenazados por patotas sindicales a consecuencia de haber juntado firmas para cobrar lo adeudado-, en nombre de todos los oprimidos DIGO BASTA DE FUNCIONALIDAD AL PODER, DE AMIGUISMO, DE DISCRIMINACIÓN, DE PREJUICIO, DE INEFICIENCIA, DE INESTABILIDAD DE LA CLASE BAJA, DE OBSTACULIZACIÓN TRAMITICIA, DE MARGINACIÓN, DE INDIFERENCIA AL DOLOR.

BASTA DE OPRESIÓN hacia una clase trabajadora y pobre que se está ahogando bajo la bota de los sucesivos gobiernos, bajo la máscara de un asistencialismo manipulador que solo logra estancar aún más, como persona y como ciudadano, al supuesto beneficiario.

En el caso particular de la violencia de género, la carencia de toma de acciones por parte del Estado conlleva la sensación de impunidad del agresor. Al fallar la primera instancia (denuncia, contención a la víctima, citación), el camino se dirige en gran parte de los casos a la muerte de la víctima. En mi caso, el agresor ha registrado su culpa y se ha presentado por sus propios medios, comprendiendo la gravedad de sus actos gracias a la firmeza de los míos y al alcance mediático. ¿Y los casos sin prensa, sin información? ¿Qué posibilidades tiene la mayoría de ejercer sus derechos ante tanta desidia?

Gente; no existen las causas perdidas; existen los compañeros de lucha desorganizados. Pero esta vez, nos hemos encontrado. Nos hemos organizado. Y ya no creo que puedan detenernos. Los derechos son para todos; y con particular urgencia, para los oprimidos. No de un pequeño sector de élite, que conoce esta realidad pero en su comodidad de no padecerlo en carne propia, mientras acá afuera, somos siempre los mismos los que remamos y no llegamos a ninguna parte.

Les pido a todos los compañeros pertenecientes a medios de comunicación, que organicemos una conferencia de prensa y posterior festival en apoyo a todas las víctimas de la desidia y abandono de nuestros gobernantes: los despedidos, los sin techo, las mujeres que sufren la violencia de género y el accionar impune de las redes de trata, los miles de jóvenes perseguidos, torturados y violentados por la policía. Argentina somos nosotros, los y las trabajadoras que día a día la peleamos.







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